DESDE MI ATALAYA

 Guzmán El Malo

   Desde mi atalaya tengo el privilegio de ver cosas que los demás no ven.

   Y, lo primero que veo, es que los conileños están ciegos y no ven nada de nada. Esta ceguera proviene de cuando, hace un par de años, en plena campaña contra las compañías eólicas, todos se pusieron a mirar fijamente a la superficie del mar en busca de las aspas de los molinos que tanto daño nos iban a causar; y tanto y tan fijamente miraron que ahora solo ven molinos y no son capaces de ver  nada más.
   No ven que al lado del faro de Roche han instalado una antena de comunicaciones (¡una más!) que casi duplica la altura del propio faro; y que el faro no es un faro normal, que es una torre vigía de 1575 y que forma parte del patrimonio histórico de Conil, cosa que a los conileños, por lo que veo, les importa un pimiento.    Y, además, si los famosos molinos situados a 20 km. de la costa iban a espantar a los turistas, ésta antena, que solo está a unos metros del faro y que se ve perfectamente desde la playa, debería tener el mismo efecto espantaturistas y deberíamos haber visto manadas de sevillanos, madrileños, vizcaínos y alemanes recoger las sombrillas y huir despavoridos de la Fontanilla. ¡Ah, no! que a los turistas solo les molestan los molinos a veinte kilómetros de la costa y no lo que hay sobre la misma costa…; no les molestan, por ejemplo, las construcciones al borde de los acantilados, ni las edificaciones ilegales que invaden terreno público, ni los continuos atentados al paisaje costero, … ¡solo los molinos!
   Y es que, claro, los conileños siguen ciegos… y solo ven molinos.

  Y la culpa hay que repartirla entre los conileños de a pie por creerse todo lo que les cuentan y los políticos, los politiquillos y los politicastros, que de todo tenemos en este pueblo, y que, como sabemos, son expertos en todo, demagogia incluida.
   Recuerden sino el edicto del señor alcalde, eminente experto en radiaciones electromagnéticas, con el que nos ha salvado de padecer cáncer; y prepárense para la campaña que se avecina a propósito de los molinos de energía eólica en el mar que, en esto, todos los conileños (no solo el alcalde) somos expertos y sabemos que su instalación haría disminuir, no solo la afluencia de turistas, sino las capturas de atunes; de hecho, los atunes, que son muy listos y han oído hablar de los molinos, se han anticipado y llevan ya unos años alejándose de estas aguas.
   Pero no adelantemos acontecimientos que este tema se presenta apasionante y, sin duda, dará mucho de que hablar en los próximos meses.
   Decía, cuando los políticos desviaron mi atención, que los conileños solo miran al horizonte marino como si en tierra no tuvieran nada y, claro, es que dentro de su casco urbano, Conil no tiene mucho que ofrecer; no tiene bonitas calles típicas (la calle Cádiz resulta invisible en verano, entre tenderetes, terrazas y demás zarandajas), tampoco  puede  presumir  de  un  conjunto urbano muy armonioso (no basta con pintar todos los edificios del mismo color para dar armonía al conjunto); su deteriorado patrimonio arquitectónico además de ser escaso, resulta invisible.
torre

EL PATRIMONIO INVISIBLE

   Todos los conileños nos referimos a La Chanca con veneración, como si fuera el summum,  pero ¿alguien la ha visto?; no, no señor, usted tampoco la ha visto, por la sencilla razón de que La Chanca ¡no existe!; no se le puede dar ese nombre a lo que queda, un pálido reflejo, tras siglos de incuria y abandono, de lo que fue el más importante edificio civil e industrial de Conil, paradigma de una industria única en el mundo. El Ayuntamiento puso unos preciosos indicadores señalando su ubicación pero, afortunadamente, los turistas vienen a Conil a tomar el sol y no a ver monumentos porque si alguno llegara a entrar en el recinto podría sufrir un shock.
   Todavía nos queda algún patio típico pero ¿sabe usted dónde están? ¿alguien podría mostrárselos a los turistas?; aunque bien mirado ¿para qué?, si quieren ver patios que vayan a Córdoba en el mes de mayo, que lo nuestro es el sol.
   Nos queda, al menos parcialmente, algún edificio histórico pero ¿quién sabe dónde?.
   Los turistas que conocen la Tertulia hablan de ella como un bonito lugar para tomar una copa en las largas noches veraniegas, pero muy pocos saben que se trataba de una de las más interesantes y arquetípicas casas de Conil… hasta su transformación en pub.
   La Torre de Guzmán, a la que la publicidad institucional intenta presentar como el símbolo más reconocible de Conil, parcialmente invisible bajo la capa de enfoscado ocre que la recubre, no pasa de ser un lugar para quedar con los amigos.
   Miren la foto de abajo; ¿qué ven en ella?. No, no me refiero a la señal de tráfico; pues ahí está la “Cruz de Moreno”, cuya construcción se remonta al siglo XVIII ¿Cómo que no la ven? Miren con más atención, cojan una lupa si es menester; pues les juro que está ahí y si ustedes no la pueden ver es porque no han ido al oftalmólogo a pasar su revisión anual de la vista; ¡ya está bien de echarle la culpa a la Concejalía de Cultura!. Dice usted que podrían haberla colocado en el centro de la rotonda en lugar de alguno de los pedruscos, ¡claro que podrían haberlo hecho!, pero aquí todos somos muy comunistas y no podemos poner una cruz a la entrada del pueblo, ¡vaya imagen que daríamos a los turistas!.

cruz

  También tenemos, to-da-ví-a, varios lienzos de la muralla. Uno de ellos estuvo a punto de pasar a formar parte del salón de la casa aneja y, si La Laja no hubiera denunciado el expolio, ahora estaría pintado de algún color hortera y tendría colgado un póster de los atunes en la almadraba, que eso sí que es típico de Conil y no esas piedras viejas que no valen pa ná.
   Las personas ilustres relacionadas con Conil por nacimiento o por querencia también forman parte de nuestro patrimonio y el poeta José Velarde es, sin duda, el más reconocido. Por eso lo recordamos con una placa en la fachada de su casa natal. ¡Ah! ¡que no hay placa!, bueno, no se preocupen, que la Concejalía de Cultura la pondrá cualquier siglo de estos.
  En fin, que nos queda poco patrimonio, muy poco y cada vez menos.
   Ahora quiero referirme a otro tipo de patrimonio que posee Conil y que debemos conservar como sea.

EL PATRIMONIO VISUAL

   Conil posee unos elementos visuales que conforman la imagen mental que los turistas tienen de nuestro pueblo y que se activa cuando, tras regresar a su lugar de procedencia, piensan en Conil o recuerdan sus vacaciones. Estos elementos visuales son, principalmente, dos:
   Uno es el espacio abierto de campo y playa que tenemos el privilegio de poder contemplar al mirar desde Conil hacia El Palmar. ¿Cuánto tiempo podremos disfrutar de ese maravilloso paisaje? ¿Cuánto resistirá nuestro gobierno municipal las presiones de los politiquillos y politicastros que le acosan? ¿Cuándo se desprenderá la Consejera de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía de los asesores que tan mal la asesoran? ¿Cuándo seremos los conileños capaces de ver que, tras el futuro idílico que nos presentan, no hay más que un desorbitado deseo de enriquecimiento? No puedo entender la incapacidad de ver el desastre que se produciría en cuanto comenzaran a construir al otro lado del río Salado.
   El otro elemento visual de importancia es la silueta urbana del pueblo, la perspectiva que Conil ofrece desde la playa de Castilnovo: el blanco caserío deslizándose suavemente hacia el mar (¡coño, que cursi me ha salido esta frase!); perspectiva que está gravemente amenazada en varios frentes por las nuevas construcciones que alargan antiestéticamente su silueta, por las nuevas alturas permitidas en el interior del pueblo que rompen la armonía del conjunto, por la estupidez de algunos propietarios de viviendas pintándolas con colores disonantes y, por supuesto, por la estulticia de nuestras autoridades al mirar para otro lado. ¿No comprenden que Conil es bonito solo visto desde fuera? Porque si nos ponemos a callejear nos entra una mala leche…; por cierto, ¿han visto la manía que les ha entrado a algunos con poner zócalos a las casas?, unos pintados de colorines (lila, verde fosforito,…), otros cubiertos con los azulejos que les sobraron de alicatar el baño; y el ayuntamiento con tortícolis de tanto mirar para otro lado. Insisto, nadie recuerda a Conil por sus calles, ni por sus edificaciones ni por sus monumentos, sino por el conjunto visto desde fuera.
   No podemos permitir que estos dos elementos visuales (Conil visto desde Castilnovo y Castilnovo visto desde Conil) se pierdan, porque si eso ocurre habremos desvirtuado los elementos diferenciadores de nuestra ciudad y Conil dejará de ser un lugar de atracción por sí mismo para convertirse en un vulgar lugar de playa como hay cientos en España.