ARQUITECTURA MILITAR DE CONIL

 Antonio Santos García

Historiador y profesor de secundaria

Muralla

Por su historia, en primera línea de frontera durante muchos años, Conil posee una interesante arquitectura militar, que forma además parte de su identidad como pueblo. Aunque Conil no tuvo nunca escudo oficial, desde tiempo inmemorial, el ayuntamiento usaba como escudo la imagen de una torre, la de Guzmán el Bueno. En el actual escudo heráldico, diseñado en 1969 por D. José Antonio Delgado Orellana, y aprobado en 1974 por el ayuntamiento, tras informe favorable de la Real Academia de la Historia, vuelve a aparecer la torre, acompañada ahora por el atún, dos imágenes que intentan sintetizar la historia de la localidad.
  Pero la arquitectura militar de Conil no se reduce a la Torre. Está integrada por el Castillo, al que pertenece la Torre de Guzmán, la muralla y sus puertas, y las torres vigías conservadas de Castilnovo, Roche y el Puerco.

   Todas estas edificaciones datan de la Edad Media o de inicios de la Edad Moderna. A esta arquitectura podemos añadir los búnkeres costeros, mucho más recientes. De las  torres vigías ya hemos hablado con anterioridad (Boletín La Laja nº 4, 2004), por lo que aquí solo trataremos de los restantes elementos conservados. La descripción que hacemos está tomada del Catálogo-inventario del Patrimonio Cultural de Conil, actualmente en prensa. A ella añadimos, para finalizar, unos comentarios o sugerencias que solo pretenden contribuir a la conservación y puesta en valor de dicho patrimonio.

CASTILLO-TORRE DE GUZMÁN

   El Castillo de Conil fue edificado en la baja Edad Media (siglos XIV-XV) y es de estilo gótico. Está ubicado en la parte baja del pueblo, en la plaza de Santa Catalina.

El cronista ducal Pedro de Medina atribuye su construcción a don Alonso Pérez de Guzmán, el Bueno, defensor de Tarifa y primer señor de Sanlúcar y de Conil que, tras recibir como señorío la almadraba de Huedi Coní (1299), “hizo aquí un castillo con sus muros y torres, y en medio una torre fuerte y grande muy bien labrada, que se llama la Torre de Guzmán”.  El castillo fue el núcleo en torno al cual fue surgiendo la villa de Conil de la Frontera. El lugar elegido para su emplazamiento no responde a necesidades de control del territorio, sino de defensa costera y de la población pescadora de las almadrabas. La obra del castillo fue mejorada notablemente en la segunda mitad del s. XV, con el auge de las pesquerías, por orden de D. Enrique de Guzmán, segundo duque de Medina Sidonia.

muralla Los duques utilizaban el castillo como alojamiento durante la temporada de la pesca del atún, que gustaban supervisar personalmente y en donde llegaron a hospedar a personajes ilustres como el rey Enrique IV de Castilla. Don Luis Bravo de Laguna, que por orden de Felipe II realizó una  inspección de las fortalezas de nuestras costas, consideró fuerte y  buena  la Torre de Guzmán y el baluarte del castillo, que defendía a la población por la parte de la mar con cuatro piezas de artillería de bronce. El sistema defensivo se completaba con las vigías costeras, la Torre de Castilnovo y la Torre de Roche, con las que mantenía comunicación mediante almenaras y ahumadas. Durante el s. XVIII se realizaron importantes obras de reparación en el Castillo.

   La pérdida de su función defensiva y la desaparición del régimen señorial en el s.  XIX propiciaron su deterioro. Durante el Trienio Constitucional se pidió su demolición “como signo que es de vasallaje”, iniciándose la misma durante la primera mitad de la centuria. Sus piedras fueron utilizadas para el calamento de las almadrabas de buche, acelerando el deterioro del conjunto. Desde fines del s. XIX se le fueron añadiendo nuevas construcciones que lo transformaron en bodega y en el s. XX fue convertido en almacén de vinos, en uso hasta los años sesenta.
   Se trata de un castillo de dimensiones modestas, de unos 2.000 metros cuadrados de superficie y planta poligonal, del que sólo queda en la actualidad una parte. Lo más destacado es la Torre de Guzmán, que fue la primera edificación de Conil y dio nombre a la población hasta el s. XVI. Según un Plano del Archivo Ducal (siglo XVIII, s/f) el Castillo poseía también tres torreones o baluartes, uno de ellos amplio y fuerte, la torre de la Vela, para hacer la guardia y disponer las piezas de artillería. Adosadas al muro y dispuestas en torno a un patio de armas con pozo, había diversas edificaciones: caballerizas, guadarnés (para sillas y demás aderezos, armas, munición...) y otras dependencias de habitación ducal en las plantas baja y alta, con arquería por la parte de la mar.
   La Torre de Guzmán es la torre del homenaje del Castillo de Conil y está situada en medio del patio de armas. Es una torre esbelta de unos 18 m. de altura, de planta cuadrada de unos 7,5 m. de lado, con pequeños vanos y saeteras,  con acceso por uno de sus lados y, primitivamente, también por su segunda planta desde el Castillo. Su fábrica es de piedra ostionera y argamasa, presentando al exterior sus paramentos lisos, con sillares de piedra en los cuatro ángulos. Interiormente está compuesta por dos pisos cubiertos con bóvedas baídas de ladrillo, con una superficie útil por planta de unos 30 m2. La comunicación entre ambos y con el terrado se realiza por empinada escalera de piedra cubierta por bóveda de cañón. El terrado tiene solería de ladrillos macizos y se accede a él por un pequeño castillete. El remate de la torre es almenado, con torretas hexagonales sobre matacanes en las cuatro esquinas, y un quinto matacán sobre la puerta. Hay decoraciones geométricas a la almagra del s. XVIII en matacanes y almenas.
   Lo que se mantiene en pie, aparte de la Torre, es el lienzo norte de la muralla, con una torre circular en uno de sus extremos y la Torre de la Vela en el otro, sobresaliendo esta última de la línea de la fortificación, frente a la mar, muy robusta y en talud, todo ello muy reconstruido y alterado. De ambas torres arrancan los restos de otros muros de la cerca, reconstruidos y transformados hoy en equipamiento cultural. La muralla del castillo, de diverso espesor, es de mampostería mixta de sillarejos de roca ostionera y argamasa de piedra y ladrillo. De la fortificación partía la cerca o muralla que protegía el núcleo de la antigua población.
   El castillo fue intervenido en 1982, con escaso conocimiento. Se procedió a demoler las edificaciones que tenía adosadas y, con ellas, algunas partes de la muralla de la zona sur y de poniente. En la “renovación” del edificio se enfoscó la torre de la Vela, trazándose falsos sillares sobre el cemento fresco y también fueron enfoscados y pintados de amarillo los muros interiores, simulando fábrica de sillarejos. Esta “reconstrucción” se hizo sin ningún respeto por el monumento y sus valores, con la idea de ganar equipamientos culturales. En la posterior restauración de la Torre de Guzmán (proyecto de 1987 y actuación de 1991), la Consejería de Cultura se centró en la Torre, sin visión de conjunto. Las actuaciones, culminadas en 1992, tenían como  noble objetivo la  consolidación  de la Torre y su rehabilitación para albergar usos compatibles que asegurasen su mantenimiento así como su iluminación interior y exterior. Se procedió, con acierto, a sustituir la solería de hormigón de su planta baja por otra de ladrillos macizos, cerrando su puerta de acceso para abrir la antigua; también se abrió la comunicación con la planta primera, por la escalera, que se encontraba cegada, y se consolidaron las zonas deterioradas (muros, pinturas, matacanes). Pero los  acabados se hicieron mal: los muros exteriores e interiores fueron enfoscados sobre malla y pintados de amarillo, dándole a la torre un aspecto moderno. Además de inadecuados, dichos revestimientos fueron de mala calidad y hoy la malla es visible en numerosas partes del edificio, en el interior y al exterior. 

MURALLA Y PUERTAS

Puerta de la Villa La muralla de Conil fue edificada a comienzos del s. XVI. Hubo una primera cerca en 1502, encargada por el duque Don Juan Alonso de Guzmán a su mayordomo Hernando de los Olivos, pero no debió ser buena la obra y estaba caída por muchas partes al poco tiempo. Tras el asalto berberisco de 1515 el duque la mandó reconstruir de buena obra. Su función era proteger a Conil de las incursiones de la piratería musulmana.  La  cerca  poseía  cuatro  puertas: El Arco de la Villa,  la Puerta de Cádiz, el  Portillo y el Postigo,  ésta última frente a la mar y hoy desaparecida, entre el Castillo y la Chanca.
   Perdida su función defensiva, la muralla comenzó a deteriorarse, a perderse o a taparse por construcciones arrimadas al muro desde fines del s. XVIII, aunque todavía rodeaba buena parte del viejo Conil a comienzos del s. XX.   Su fábrica es de mampostería de piedra y mortero de cal, reforzada en sus ángulos por sillares de piedra ostionera. Su trazado irregular y adaptado al terreno en cuesta es el siguiente: partiendo del Arco de la Villa, sube por la calle Prieta para girar por la calle Extramuros (en ambas calles las casas están hoy adosadas al muro), y gira de nuevo en el Baluarte hasta la Puerta de Cádiz; desde allí, la muralla seguía una línea recta en dirección sur hasta el Castillo y la Chanca –que desde su construcción a mediados del XVI hacía también de muralla frente a la mar; desde su extremo sur, giraba hacia el norte en suave curva hasta llegar de nuevo al Arco de la Villa, dejando dentro la calle Herrería y la plaza de Andalucía.

El recinto amurallado tenía en sus ángulos o esquinas unos contrafuertes o cubos utilizados para disponer puntos de vigilancia y defensa con piezas de artillería, uno de los cuales ha dado nombre a la calle Baluarte.
   El Arco de la Villa, en buen estado de conservación, ha sido históricamente la principal puerta de acceso a la población. En ella confluían los caminos de Chiclana, Vejer y Medina Sidonia y, a partir de ella, comenzó la expansión urbana extramuros en la segunda mitad del siglo XVI. En 1767 se remodeló totalmente esta puerta, enajenando el Ayuntamiento su propiedad y decorándose el edificio resultante con almenas de grandes orejones, recordatorio de las anteriores, y pintura a la almagra en sus esquinas, cornisas y almenas. El arco, de medio punto, está construido en cantería revestida de cal. Se compone de planta baja y alta y era el punto de partida de los pasillos de vigilancia que recorrían el recinto amurallado. Entrando por el Arco, a la derecha, se encuentra el cuarto de guardia y, a la izquierda, tenía hasta las obras de 1767 un cuarto-escalera que conducía a la parte superior cuyo dintel aún puede apreciarse tapado con pinturas y enfoscados modernos. El interior del arco se cubre con forjados de madera y bovedilla.
   Quedan también restos de la antigua Puerta de Cádiz y el Arco del Portillo, antigua Puerta del Moscón, que comunica con la calle Extramuros. En el número 26 de esta calle se conserva El Baluarte, uno de los ángulos o esquinas de la muralla, en la actualidad restaurado. Entre él y la Puerta de Cádiz se conserva también un trozo del lienzo de muralla, que en otras partes se ha ido perdiendo con el tiempo, por arrimos de casas o derribo.

BÚNKERES

bunker

   Fueron construidos hacia 1940. Al poco de finalizar la Guerra Civil española se inicia la Segunda Guerra Mundial. La posición geoestratégica de España, entre África y Europa, y el apoyo encubierto del régimen franquista a las potencias del Eje, colocaban el sur peninsular en el punto de mira  de  los  Aliados.  Por  estas  razones, desde 1939 el Gobierno español decide iniciar un despliegue militar en su línea costera sur, entre Málaga y Portugal, ante un eventual desembarco anfibio de los aliados. La zona es dividida en sectores y fortificada: el sector de Vejer abarcaba la zona comprendida entre Conil y el Retín, dependiente del Campo de Gibraltar.    Se trata de búnkeres construidos en hormigón armado que jalonan la costa de Conil y de los municipios vecinos. Se conserva un plano de ubicación de los mismos, realizado por el teniente de artillería Alfonso Sotelo Lizasoaín, que estuvo al mando de la Tercera Batería del Regimiento de Artillería ligera nº 14, encargado de realizar los trabajos topográficos para situar dichas fortificaciones.

La mayoría son puestos de observación y vigilancia a pie de playa, algunos de ellos retranqueados, con algunas casamatas de mayores dimensiones para cañones de infantería y ametralladoras. En Conil se conservan varios a poniente y a levante de la población, encontrándose unos en buen estado, otros muy deteriorados -por agentes naturales o humanos- y otros desaparecidos.

SUGERENCIAS PARA SU PUESTA EN VALOR

   Castillo, torres, muralla y puertas están declarados Monumentos, con la categoría de Bienes de Interés Cultural, desde 1949. Pero su estado de conservación es hoy, en general, muy deficiente. En unos casos, por mala restauración; en otros, por abandono e incluso recientemente, por actuaciones agresivas de particulares sobre bienes patrimoniales que son de todos..
   Creemos que el castillo, edificación de propiedad municipal, merece una nueva y verdadera “restauración”, que parta de una visión de conjunto del edificio, al objeto de restituirle, en la medida de lo posible, su primitivo aspecto. Esta actuación podría enmarcarse dentro del Proyecto de La Chanca, que pretende actuar sobre toda la zona monumental del viejo Conil: la fábrica de salazones, la primitiva parroquia y el castillo. Las obras de restauración y rehabilitación de la vieja parroquia  de  Santa  Catalina están  ya  en avanzado estado de ejecución; las de La Chanca están próximas a iniciarse. Lo que pedimos es que no se olvide el Castillo, que podría ser incluido –como ya propusimos en nuestras sugerencias al PEPRICH- en una tercera fase de actuaciones tendentes a la recuperación de este centro emblemático y monumental de Conil.
 
  Sus usos futuros podrían ser los mismos que se le adjudican en el Proyecto de la Chanca y que tiene en la actualidad, un espacio al aire libre para manifestaciones culturales diversas, pero sobre un “decorado” más digno y acorde con lo que es la edificación más antigua de la población. En cuanto a la Torre, debería quedar habilitada como espacio de visita abierto al público y dotar sus dos plantas de diversos materiales con contenidos específicos relativos a su función defensiva de la ciudad histórica y su conexión con el sistema de vigilancia costera en general.
   La muralla de Conil está hoy casi perdida, pero todavía se conserva un importante trozo de lienzo entre el Baluarte y la Puerta de Cádiz.
   En las sugerencias al PEPRICH de Conil, La Laja pidió también su recuperación, al objeto de dar mayor legibilidad y calidad ambiental al centro histórico, sacrificando las casas adosadas a la misma. Eso no era ninguna barbaridad, y como ejemplo ponemos  la  recuperación  de  la  muralla  de Vejer en los años 80. En esta zona, la única  casa  de valor  era la  situada  en la misma Puerta de Cádiz, una casa del siglo XVIII, que hoy ya no existe, pues está siendo profundamente modificada en la actualidad, interior y exteriormente. Pero lo peor es que se está modificando también la muralla sobre la que apoya, que no le pertenece.
   Hemos denunciado en reiteradas ocasiones que se han puesto ladrillos sobre la muralla, recreciéndola y desfigurándola, pero los ladrillos siguen ahí y las obras continúan. Lo que pedimos es que se quiten cuanto antes los añadidos y se reconsidere esta obra, que nada va a aportar a la castigada Puerta de Cádiz. Una muralla recuperada y, junto a ella, una pequeña plaza darían a esta zona identidad, descongestión y calidad ambiental.  
   Finalmente, decir que los búnkeres costeros no están protegidos, pero que deberían estarlo, al menos algunos de ellos. Recientemente, fue eliminado uno, caído y ruinoso, en El Roqueo, lo que despertó la indignación de un sector de los vecinos.

ladrillos sobre la muralla