LOS INICIOS DEL TURISMO EN CONIL, 1960-1975

 Antonio Santos García

Historiador y profesor de secundaria

Balneario de los Bateles

Balneario de los Bateles hacia 1961 (colección particular de Ana María Trujillo) - Conil en la Memoria II

   En 1960, Conil es un pueblo subdesarrollado, que no ha salido todavía de la difícil y larga posguerra. Casi la mitad de la población del término, unos 10.000 habitantes, vive todavía en el campo. La agricultura es la base de la economía local y la pesca ocupa a numerosos trabajadores, pero el minifundio y la falta de tierras, la inexistencia de puerto de refugio y de almadraba obliga a muchos a emigrar fuera del término, durante temporadas más o menos largas, para emplearse como jornaleros, albañiles o pescadores.  La industria es casi inexistente en la localidad y el comercio tiene un escaso desarrollo, debido a la débil demanda de productos de una población mayoritariamente al borde de la subsistencia.
   Pero desde comienzos de los años 60, las cosas comienzan a cambiar y se percibe un nuevo  dinamismo económico  y  social.  En 1963, se crea la Cooperativa Agrícola Nuestra Señora de las Virtudes, que  irá  agrupando y organizando poco a poco a los pequeños agricultores. Paralelamente, la agricultura cerealista tradicional entra en crisis y se produce la expansión de la huerta; las pequeñas explotaciones se van capitalizando y mecanizando. La ganadería vacuna, de cerda y avícola, orientada al mercado o al consumo doméstico, complementan los ingresos y mejoran la alimentación. Las jábegas entran en decadencia, pero los barquillos de pesca, lanchas y botes, comienzan a introducir pequeños motores, que les proporcionan mayor autonomía y unas capturas más variadas y cotizadas en el mercado. El comercio y el transporte se desarrollan y se van modernizando, al compás del crecimiento urbano y la creciente demanda de productos. Esta etapa de crecimiento económico se corresponde con las alcaldías de Gabriel de la Riva (1964-68), Ramón Fuentes (1969-71) y Marino Rodríguez (1971-76).
   Desde 1965, la población de Conil crece más que en cualquier otra época anterior, alcanzando los 12.000 habitantes en 1975. La vivienda se convierte en el principal problema del municipio. El crecimiento demográfico se canaliza ahora hacia el pueblo, donde se instalan muchos jóvenes nacidos en el campo, en busca de mejores oportunidades. Los barrios históricos del Espíritu Santo, Molino de Viento o la Carretería se densifican y expanden con nuevas construcciones. Se edifica la Huerta de los Frailes y aumenta la población en La Chanquilla. Pero la verdadera expansión urbana de estos años, el “ensanche”, se centra en los nuevos barrios de La Laguna y El Pozuelo, donde se rotulan más de 50 nuevas calles entre 1969 y 1975. Este rápido crecimiento desborda a las autoridades municipales, que se ven incapaces de dotar a estos barrios de los servicios mínimos imprescindibles de pavimentación y acerado, alumbrado público y alcantarillado.
   El otro gran problema es –junto a la vivienda- la falta de agua potable y saneamientos, que la burocracia provincial es incapaz de poner en marcha. En medio de estas dificultades, el ayuntamiento empieza a redactar un Plan General de Ordenación en 1970, que no pasará de la fase de Avance. En 1975, el alcalde Marino Rodríguez explicaba así a al Director General de Urbanismo el problema: “El trazado urbano de esta villa... ha venido creciendo de forma totalmente anárquica sin responder a ninguna normativa urbana, fruto todo ello (sic) de la existencia de multitud de calles carentes de servicios y que constituyen un obstáculo insalvable para una adecuada prolongación urbana”.  En este contexto de crecimiento económico, mejora del nivel de vida y expansión urbana se inicia el desarrollo turístico de Conil

EL “MILAGRO” DEL TURISMO

   Durante la década de los 50, el turismo de playa va cobrando auge, impulsando al comercio local durante el verano. Se va tomando conciencia de su potencial fuente de riqueza, dadas las  magníficas condiciones climáticas de Conil, con “una de las mejores playas del Atlántico y sus excelentes pinares”. Para potenciarlo, el ayuntamiento solicitaba anualmente permiso a la autoridad de Marina, para la señalización de una zona de baños, y concedía autorización para la instalación temporal de casetas de madera y chozos de enea en régimen de Balneario, así como licencias a bar, puesto de churros y chozo para la venta de bebidas y refrescos. La mejora económica general de fines de los 50 y el aumento de vehículos en circulación posibilitó un incremento del tradicional turismo sevillano y gaditano. “El creciente número de veraneantes, visitantes y excursionistas”, del que hablan las Actas Capitulares y las Memorias, fue también consecuencia del inicio de las vacaciones pagadas en Europa, lo que propició la llegada de los primeros visitantes extranjeros, una parte de los cuales empezará a repetir viaje y terminará instalándose en la zona.
   A comienzos de los 60 se produce en España el “boom” turístico, como resultado de la nueva “filosofía desarrollista” del régimen, a partir del Plan de Estabilización de 1959, la apertura exterior de la economía española y el Primer Plan de Desarrollo de 1964. En Andalucía, la precursora y el modelo fue la Costa del Sol. En la costa gaditana, se van a ir concretando una serie de proyectos de desarrollo turístico litoral, impulsados por promotores nacionales y extranjeros. Como ejemplo, podemos citar el  proyecto “Los Ángeles de la Barrosa” (Loma del Puerco, Chiclana), promovido por el rumano Jordan Cristofovich, conocido como “Cristovichi”. En este contexto, el Gobernador Civil de la Provincia, dicta las Ordenanzas para fomento del Turismo (1963), que pretendían marcar directrices para impulsar esta nueva fuente de riqueza, en base a cinco supuestos esenciales: a) planes de ordenación provinciales y municipales; b) embellecimiento de las localidades turísticas; c) potenciación de valores (monumentos, manifestaciones folklóricas y recreativas); d) buena imagen (limpieza, mejora de servicios, vigilancia y seguridad); y e) ayudas oficiales (créditos, información turística).

Playa de los Bateles

Playa de los Bateles hacia 1970 (colección particular deSebastiana Marín) - Conil en la Memoria II

   La Memoria de enero de 1964, dirigida por el ayuntamiento de Conil a la Primera Asamblea Provincial de Turismo, da cuenta de los primeros balbuceos del turismo conileño. En él se hace una valoración de las playas de la localidad, la bondad de sus arenas, su disparidad y su virginidad, pues aún “no han sido desvirtuadas con obras o edificaciones, que realizadas de una manera caprichosa, pudieran segar futuras y fecundas realidades”.  Más adelante leemos que uno de los muchos atractivos de la playa de los Bateles es el meandro  que  el  río  Salado  hace  por delante de la población, donde “sus aguas corren mansamente formando una especie de piscina natural, en la que los niños pueden sin peligro alguno bañarse”.  Esto contradice el proyecto de Paseo Marítimo, existente desde 1962,  de  dos  kilómetros frente  al casco urbano, entre cuyos supuestos beneficios estaría el encauzamiento del río y la posibilidad de desarrollar en él deportes náuticos. Del Paseo se habló mucho en los años siguientes, sin que llegara a realizarse, pero la idea de encauzar el río cobró fuerza a partir de la aparición del problema de la Charca  de  aguas estancadas, en 1966, que se convertirá en un problema sanitario.
   En todo caso, el frente litoral de la población  estaba  por  definir,  pues  en 1964 sólo había construidos 10 chalés de la Urbanizadora Conilense, en primera línea, “por la que podrá extenderse la ampliación urbana”, y donde se veía idóneo construir un hotel.
   El turismo era visto entonces como la panacea de todos los males, valorándose las ventajas económicas, culturales y sociales que podrían derivarse de su desarrollo. En un informe de 1967 dirigido a la Primera Asamblea Nacional de Municipios Turísticos se volvía a hacer apología del turismo,  del que se esperaba el “milagro” del desarrollo. En este informe se deja ver una crítica, poco habitual por estas fechas, al señalar las deficientes infraestructuras locales: malas comunicaciones,   falta   de  saneamientos y   deficiente   salubridad,   que   eran competencia de la Diputación Provincial, la exasperante lentitud de la burocracia y la ausencia de ayudas estatales para la zona entre Chiclana a Tarifa, “llena de encantos naturales y, sin embargo, no es encauzado el turismo hacia estos lugares”. 
   A pesar de estas dificultades, entre los años 1962 y 1968, se suceden en Conil una serie de iniciativas, provenientes del exterior, que pondrán las bases del desarrollo turístico de la localidad. Los proyectos se concretarán al norte de la población, en Fuente del Gallo y La Fontanilla, donde “la iniciativa privada ha emprendido la compra de muchos terrenos colindantes con las playas para dedicarlos al turismo”. Pero, sin ninguna duda, el gran proyecto turístico del municipio fue el de Roche, sobre la parte litoral de la Dehesa de Propios.

EL PROYECTO DE URBANIZACIÓN DE ROCHE

   La urbanización de Roche fue el “proyecto estrella” de desarrollo turístico de Conil, del que lo único que se hizo hasta 1975 fue la carretera de acceso. En 1962, el ayuntamiento aceptó la propuesta de Antonio López-Villalta (Montesur S.A.) y de Enrique Paza (Treona S.A.), una empresa de capital sueco afincada en Torremolinos (Málaga), tendente a la ordenación y urbanización con fines turísticos de la zona costera del Monte. Cada una de las dos empresas promotoras recibiría como pago 95 Ha., con un mínimo de 500 m. lineales de costa  y 2 Ha. lindantes con la CN-340. Ese mismo año, el alcalde Luis Mora-Figueroa propuso la creación de ROSAM (Roche Sociedad Anónima Municipal), que tenía redactados sus estatutos a fines de año y nombró, a comienzos de 1963, su primer consejo presidido por el alcalde, e integrado por los tenientes de alcalde Carlos Romero Abreu y Román Ruiz, además de Saturnino Pérez y un representante del Patronato de Reactivación Provincial.
   En 1964, una vez concluido el Plan Especial de Ordenación de la Dehesa de Roche, el contrato de transmisión de propiedad fue firmado ante notario, pero no podía hacerse efectivo hasta que las 691 Ha. afectadas por el Plan fueran descatalogadas, e inscritos los terrenos a nombre de ROSAM. Lo primero ocurrió en 1967 y lo segundo al año siguiente. Entretanto, el ayuntamiento aprobó en 1966 el Reglamento para el Servicio Municipal de Gestión y Explotación Turística de Roche y las empresas promotoras ultimaron el Proyecto de Ejecución del Plan Especial (1967).
   El Proyecto, que aspiraba a convertir Roche en “el complejo turístico más amplio de esta provincia”, era una auténtica barbaridad, producto de la mentalidad “desarrollista” de la época. Se trataba de urbanizar todo el litoral entre las torres de El Puerco y Roche, con 4 Km. de costa y 1 Km. de fondo, lo que equivalía nada más y nada menos que a un tercio de la superficie de la Dehesa. En primera línea de costa se preveían grandes parcelas, con poca edificabilidad; en la segunda, parcelas y edificabilidad media; y en la tercera, una zona residencial de apartamentos, con alta intensidad de edificación, tipo ciudad-jardín. Además, habría cuatro zonas hoteleras en la franja costera. La urbanización contaría también con numerosos servicios (centro cívico, cultural, comercial, deportivo) y zonas verdes. Estaba previsto desarrollar este megaproyecto en tres etapas y su filosofía era crear un sitio de descanso y recreo “distinto” a las promociones al uso y “aislado” del entorno.
   Pero la municipalización de la gestión de 1966 obligó a modificar los estatutos de ROSAM y a una revisión o adición a los contratos firmados en 1964, lo que ralentizó el proceso, pues hasta 1972 no se firmó el nuevo contrato entre ayuntamiento y las promotoras. La transmisión de propiedad se hizo efectiva en 1974, una vez concluidos y aprobados los planos y proyectos de infraestructura (agua potable, luz y saneamientos). El Proyecto de Ejecución no fue aprobado por la Comisión Provincial de Urbanismo hasta 1977.

FUENTE DEL GALLO Y LA FONTANILLA

   Distinto fue el caso de Fuente del Gallo y La Fontanilla, donde desde 1963-64 proliferaron chalets, apartamentos y otras construcciones, carentes de servicios básicos, en base a planes muy deficientes, aprovechando la falta de normativa municipal. Fuente del Gallo S.A. fue promovido por Manuel Romero. En La Fontanilla, se plantean dos iniciativas, una de Treona S.A., la misma empresa de Roche, y la otra del barón Kindler von Knobloch, un alemán muy bien relacionado con la Falange.

La Fontanilla

   En 1967, se alertaba del peligro de “urbanizaciones anárquicas” que no encajaban en el Plan provincial. Pero las edificaciones continuaron.
   Entre 1967 y 1970, el barón Knobloch construyó el complejo residencial “Cortijo de la Fontanilla”, con bungalows y apartamentos. En 1968, la empresa Guical S.A., de capital sueco, comenzó a construir en La Palmera el “Club Conil”, en la Cañada Rosal, con bloques de apartamentos.
   Todas estas promociones poseían servicios internos (supermercados, bares-restaurantes, clubes o piscinas) pero carecían de red de alcantarillado o suministro de agua potable. Las construcciones terminaron usurpando caminos y servidumbres públicas. Finalmente, entre 1970-71, Explotaciones Turísticas Gaditanas S.A. obtuvo licencia municipal para la construcción del Hotel Flamenco, en Fuente del Gallo, con 180 plazas, sobre suelo rústico, proyecto que el ayuntamiento aprobó argumentando que “no existe Ordenanza de construcción que imponga requisitos especiales”, acordando a continuación la elevación de la edificabilidad de toda la zona. Por estas fechas, Conil alcanzó una capacidad hotelera de 500 plazas y era visitado por 4.000 ó 5.000 veraneantes anuales, entre ellos muchos extranjeros. El Balneario de La Fontanilla, donde varaban las embarcaciones de la flota conileña, se estaba convirtiendo en un lugar de moda desde 1966, a resguardo de los vientos de levante, y se llenaba de vehículos cada verano.

PRIMEROS INTENTOS DE ORDENACIÓN

   Desde 1970, las autoridades locales y provinciales comenzaron a poner orden en el asunto de las urbanizaciones ilegales. El alcalde Ramón Fuentes paralizó las obras de Guical, por carecer de licencia, promovió un Plan municipal para toda la zona y abrió expediente contra Knobloch por usurpación del Camino de Cádiz a su paso por La Fontanilla, lo que quizás está en el origen su cese, dadas las excelentes amistades falangistas del barón. Pero el nuevo alcalde, Marino Rodríguez, siguió adelante en el pleito por la restitución de la Vereda, acusando al barón de usurpador y especulador. La Audiencia Territorial de Sevilla dará la razón al Ayuntamiento.
   A comienzos de 1971, se aprobó inicialmente el Plan Especial de La Fontanilla, con inclusión de los desarrollos de Fuente del Gallo, y se obligó a los promotores a presentar planes de ordenación y regularización que respetasen la normativa.
   El plan presentado por Fuente del Gallo S.A. fue rechazado, prohibiéndose nuevas parcelaciones o construcciones, por no estar hechas las cesiones públicas obligatorias, ni señalados los caminos públicos (Cañada Rosal y Vereda de Cádiz), cuyo trazado había sido desviado, impidiendo el tránsito. Durante su tramitación, en 1973, el técnico municipal argumentaba que el plan partía de una“realidad de hecho, al encontrarse construidas un gran número de parcelas y existir viario aceptable”, pero era preciso corregirlo, pues “es inadmisible que la zona verde que existe en primera línea, a la izquierda de la carretera, entre ésta y la playa, con excelentes vistas al mar, se transforme en zona residencial y comercial, con grave perjuicio para el paisaje y destrucción de la única zona abierta de acceso común”.  Para preservar las “bellezas naturales” de la zona y en beneficio al fomento del turismo, era preciso mantener libre la zona costera y demás zonas verdes aún sin construir y reducir la densidad media de edificación, dejando el “paso libre del antiguo camino hasta Roche”. Se daban plazos para subsanar estas y otras cuestiones (proyectos de agua y alcantarillado y eliminación de fosas sépticas, por cuenta de la promotora o de los 47 propietarios). Entretanto, no se concederían nuevas licencias.
   También estaban sin legalizar aún el Cortijo de la Fontanilla de Knobloch y el proyecto de Guical S.A.- Club Conil, cuyo vicepresidente era Bergt Lindbergd, donde se habían realizado construcciones sin presentar los proyectos técnicos.
   En 1974, aprovechando las obras de instalación de la red de agua y alcantarillado en Conil, se dotó de estas infraestructuras a la zona de urbanizaciones, y a comienzos de 1975, para controlar mejor las construcciones,  se  modificó  el  artículo 8 de
las Ordenanzas, exigiendo a partir de entonces la obtención de licencia del alcalde “antes” de iniciar la construcción, con planos, memoria, presupuestos y concurso de arquitecto  para las obras de más de 100.000 pesetas, amenazando en caso contrario con sanciones y paralización de obras. El concejal Manuel Calderón –que será alcalde desde 1976- pidió explicaciones sobre la cuestión, a lo que Marino Rodríguez respondió que solo cumplía con la ley y las directrices de la Delegación Provincial de Vivienda.
   Conviene reseñar aquí que el desorden constructivo no afectaba solo al litoral próximo a la población. Desde fines de los 60 e inicios de los 70, se produce también un espectacular incremento de la edificación ilegal en suelo rústico y en el Monte Público de Roche, donde había numerosos “enclavados”, como refleja el censo agrario de 1972. La explicación de este proceso hay que buscarla en la necesidad de primera vivienda, pero también en la edificación de segundas residencias, cada vez más demandadas por la burguesía de las ciudades de la Bahía (Cádiz, San Fernando), orientadas al descanso los fines de semana o al turismo.

BREVE EPÍLOGO

   En noviembre de 1975 se produce la muerte de Franco. Conil es, por entonces, un pueblo en expansión y con muchos problemas sin resolver. El logro más destacable del año fue la conclusión de la primera fase de las obras de saneamiento y traída de agua potable. Pero el problema de la vivienda continuaba, con un déficit estimado de 600. La anarquía constructiva era la norma, en Conil y en el Campo, pero se comenzaba a encauzar el proceso en La Fontanilla y Fuente del Gallo. 
   La nueva alcaldía de Manuel Calderón (1976-79) desechó el Plan General, demasiado complejo, y redactó en 1976 unas Normas Subsidiarias, que fueron aprobadas inicialmente, para que hubiese una “regulación transitoria y prevención”. Pero Conil continuó todavía muchos años sin normativa urbanística, pues hasta 1984 no entraron en vigor unas Normas Subsidiarias de planeamiento, y hubo que esperar todavía veinte años más para tener un PGOU, todavía hoy pendiente de sentencias judiciales firmes.
   En los más de 30 años transcurridos desde la muerte del Dictador, las cosas han cambiado mucho, unas para bien y otras para mal. El nivel de vida de la población ha mejorado notablemente, pero lo que no ha cambiado es una cierta manera de ser y actuar  que tiene sus orígenes en la época estudiada.

Hoy se sigue justificando la construcción ilegal,  en suelo rústico o en el Monte Público, con los mismos argumentos de antaño, pero las circunstancias son muy otras. El verdadero motivo del desorden urbanístico actual no es otro que el afán desmesurado de lucro, insensible al interés general, y la dejación de funciones de los ayuntamientos democráticos. Poner, de una vez, orden y cordura en los desarrollos es hoy una responsabilidad de todos.