LA ENSEÑANZA EN CONIL DURANTE EL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XX

   Carlos Algora Alba

   Maestro, Licenciado en Historia 

  

Alumnas de la escuela de Dña. Adela hacia 1933, detalle. Extraída de: Conil en la Memoria.

 

   La villa de Conil se derrama por la pendiente frente al mar que la vio nacer. Sus casas blancas se aprietan, apenas contenidas por las murallas, junto a la Torre de Guzmán. Su historia se nutre de arenas de almadrabas y jabegueros. Campo y mar alimentan una población humilde que alcanza los 5579 habitantes, según el censo de 1900, y aumenta en un millar más a lo largo de veinte años.

   Realizar una crónica de la enseñanza durante el primer tercio del siglo XX en esta bella localidad es hacerlo de la Primaria, al ser la única existente en este período.

   Es un relato sencillo, como no podía ser otro, de educación y escuelas, Junta Local de enseñanza y maestros, personajes anónimos,  cotidianos de nuestra sociedad, que jugaron en su momento una influencia importante en la vida social y cultural, con una mayor resonancia en las zonas rurales.

   Aun dentro de la singularidad que cada población puede tener, este estudio es un exponente más de una situación generalizada de abandono y desamparo en la que se encontraba la educación Primaria en nuestro país durante el reinado de Alfonso XIII, que es lo mismo que decir la enseñanza popular, la única a la que tenían acceso las clases más humildes. Otros niveles de educación constituían un coto restringido reservado sólo a los pudientes.

   Era una sociedad, en las zonas rurales, dominada por el caciquismo que controlaba el poder político local interesado en mantener la situación de ignorancia y analfabetismo. Pese a voces inconformistas con esta realidad, buena

voluntad de inspectores, maestros, miembros de la Junta Local de enseñanza..., muy poco se puede hacer si no se libran los recursos básicos, si las necesidades mínimas de alimentación y vivienda no están cubiertas entre las clases más humildes que sufren un paro estacional. No es, en definitiva, un problema coyuntural de una localidad, sino una manifestación de una realidad mucho más amplia, de una sociedad con graves carencias y desigualdades.  

      

1. ESCUELAS DE PENITA PENA 

   En 1843, la Corporación de Conil recibe una Real orden concediéndole el exconvento de Mínimos para ayuda de la parroquia (la iglesia), Ayuntamiento y escuela gratuita de párvulos. Desde mediados del siglo XIX funcionan ya en el pueblo dos escuelas, de niños y niñas, sin que éstas, en los primeros años del siglo XX, alcanzaran modificaciones significativas.

   La Junta Local de enseñanza, en 1901, estaba formada en Conil, al igual que en otros pueblos, por el alcalde, un concejal, el cura párroco, tres padres de familia y un secretario. Tenía una misión importante de control y responsabilidad sobre la enseñanza Primaria en la localidad.

   La Junta Local de enseñanza realizó en 1909 una medición de la superficie de los dos locales destinados a escuelas, una para niños y otra para niñas, cuyo resultado mostraba que la primera disponía de 76 metros cuadrados para una asistencia media de 80 alumnos, mientras la segunda disponía sólo de 62`80 metros para una matrícula media de 130 niñas, éstas últimas, pues, con menos de medio metro cuadrado cada una. Escuelita unitaria y sobresaturada llevada con heroísmo, diríamos hoy en día, y resignación por el buen hacer de la maestra María Paz Ortega y de su auxiliar.

   Escuelas que no disponían de patios de recreo y con unos servicios en muy mal estado. La necesidad de arreglo había sido denunciada ante la Junta por el Inspector de Primera Enseñanza un año antes de la medición de las escuelas, a lo que había respondido un miembro de la misma: que estaba en el ánimo el realizar dichas obras; sin embargo no se ejecutaron por "el estado de penuria en que se encuentra el Ayuntamiento".

   ¿Falta de liquidez del Ayuntamiento?, ¿falta de interés?, ¿abandono de la enseñanza por parte del Estado? Nos inclinamos afirmativamente por todas estas interrogantes. En la visita realizada en 1909, la Junta estima la necesidad, ya aludida, de arreglos de urinario y retrete en la escuela de niños y la continuidad en este local al no encontrarse otro más apropiado, e igualmente sucede en el de niñas "en razón a no disponer de otro local que reúna mejores condiciones". Se plantea como solución alternativa el desdoblamiento de la escuela de niñas, las mayores darían clase por la mañana y las más pequeñas por la tarde. Posibilidad que no se lleva en la práctica a efecto.

   A finales de este mismo año de 1909, el Inspector vuelve a plantear ante la Junta Local que "las condiciones higiénicas de los locales dada la elevada matrícula son impropias para el objeto que se destinan".  Existió un proyecto municipal posterior que planteaba una alternativa al problema de escolarización y que hubiera paliado la falta de locales. Pretendía sustituir la escuela de niñas por la que se pagaba un alquiler de 900 pesetas anuales, y ampliación de locales en la de niños que se encontraba en el mismo edificio del Ayuntamiento. Pese al acuerdo de ejecución inmediata a comienzos de 1912 por la Corporación, con la aprobación del gobernador civil, no llegó a realizarse.

   Desconocemos las causas de no llevarse a efecto, pues no se registran en las actas, pero sí los resultados. Influyeron, quizás, los fuertes temporales que se producen en febrero de ese año y que ocasionan una serie de gastos extras, o más bien, que el Ayuntamiento fuese insolvente para una obra de esta magnitud sin un apoyo económico claro del Estado. El proyecto de escolarización no se lleva a cabo en el pueblo hasta veinte años después con la proclamación de la Segunda República.  Lo cierto es que en una nueva visita realizada por el Inspector en mayo de 1912, éste plantea: "se interese al Ayuntamiento la realización de las obras necesarias antes que pueda declararse la calamidad y sea preciso el desdoblamiento".

   En enero de 1917 se habilitará un nuevo local, igualmente alquilado, para la escuela de niñas, aunque con el pavimento mal nivelado y con una serie de arcos sobre gruesas columnas que dificultan la visión. No obstante, está en buen estado.

Escuela de niños en el edificio del antiguo convento (Ayuntamiento). 

El maestro D. Miguel Álvarez  y sus alumnos en tiempos de la Segunda República. Extraída de: Conil en la Memoria.

 

  Sin embargo, en la escuela de niños se duda de la solidez del edificio. El reconocimiento realizado por el Inspector, expresa que se "ejerciera una extremada vigilancia sobre las condiciones de seguridad e higiene del local de dicha escuela, que se reconociera por personas peritas o técnicas, haciendo las obras de reparación que estime necesarios para que pueda tenerse absoluta seguridad de la solidez del edificio, en evitación de posibles desgracias siempre lamentables".

   La Corporación municipal, ante la necesidad indispensable de dos escuelas más, una para niños y otra para niñas, expresa un elocuente lamento sobre la situación educativa del pueblo "... a fin de remediar cuanto sea posible con la mayor eficacia y rapidez la incultura de sus administrados que repercute de manera vergonzosa en todos los aspectos de la vida local" y en la consideración de que el pueblo posee sólo dos escuelas para una población escolar de 900 niños, según acreditaba el Certificado del Padrón de vecinos, con una matrícula que no bajaba de 350 alumnos, quedando en la calle 500 alumnos que no podían escolarizarse, al no haber tampoco colegios particulares. Es por ello que solicitaba a la Dirección General de Primera Enseñanza la creación de dos escuelas "a fin de remediar en parte y por el momento el analfabetismo e incultura de esta villa que clama por centros de enseñanza donde instruir su numerosa población escolar".

   Digamos tan sólo, para concluir, que las tan necesarias escuelas no se solventaron hasta la llegada de la Segunda República, sin que haya mejora significativa a finales del primer cuarto de siglo, a excepción de una escuela municipal de párvulos que comienza a funcionar en la primavera de 1925 en un local cedido por la Iglesia.

   Sobre las escuelas privadas o particulares, no tienen regular existencia en este período, y no son elitistas, al realizarse en la mayoría de los casos con pocos medios y sin personal titulado. Funcionan algunos años las "migas", que son casas particulares en donde se enseñan primeras letras, a los que incluso el alumno se lleva la silla y la pizarrita con el pizarrín, situación muy generalizada en España hasta la década de los cincuenta. En noviembre de 1909 el Inspector cierra las dos existentes: "Carecen en absoluto de condiciones de salubridad para consentir que continúen abiertas, pues realmente no son más que las llamadas migas centros intolerables".

   Hay algunas iniciativas discontinuas del párroco de la localidad que no llegan a cuajar. En 1911 solicita al alcalde "coopere con alguna cantidad o prenda de vestir a la caritativa obra de enseñar a los niños pobres, siquiera lo más necesario de las letras y religión para así socorrer su doble necesidad física y moral”. A lo que éste responde que ya el Ayuntamiento se ocupa de ello "y que no puede contribuir a sus laudables propósitos por carecer de consignación presupuestaria". En 1920 comienza igualmente a funcionar una escuela privada dirigida por el sacerdote, de escasa continuidad, ya que en 1923 no actúa ningún colegio particular en la localidad.

   En resumen, las escuelas en Conil no dejarán de estar saturadas y en situación de abandono en todo este período. Extrapolando una vieja canción a esta realidad educativa, justificaría los calificativos de penita pena, valga la redundancia, para describir una situación escolar lamentable y reiterativa de la que no se llega e emerger. Esta situación es sólo un espejo del grado de dejadez de la enseñanza Primaria en toda España, que se acentúa aún más en Andalucía. Situación escolar que no había mejorado desde mediados del siglo XIX, incluso podemos pensar que empeoran en el primer cuarto del XX, al mantenerse los mismos recursos para una población en incremento.

   Como botón de muestra de esta realidad más amplia señalamos algunos ejemplos recogidos por el periodista Luis Bello, quien pretendió denunciar las precarias condiciones y la falta de escuelas en España, con el fin de crear una conciencia colectiva que exigiese mejorar esta situación. Incansable “viajante de escuelas”, así lo presentan en su primera visita a un pueblo andaluz. Su periplo por tierras andaluzas, durante el período de la Dictadura de Primo de Rivera, nos ilustra además sobre las condiciones de vida de nuestros pueblos, la infancia, y de muchos esforzados maestros, o de los “enseñaores”, a falta de los primeros, que trasegaban por cortijos y aldeas.

   El cronista de escuelas trató de soslayar la censura de la Dictadura e inició sus andanzas por la provincia gaditana: “Todo brilla, refulge y es alegre en Cádiz, menos las escuelas, ¿Qué han hecho las pobres escuelas para no merecer el cuidado que estas gentes dedican a sus casas?” Observaciones que se repetían en otros lugares de Andalucía, al ocupar éstas locales pequeños, con escasa iluminación y ventilación, muchas veces alquilados, y, por tanto, no creados para la finalidad que se utilizan. La colección de lugares utilizados como colegios en la geografía andaluza es variada y esperpéntica: pósitos, viejos conventos, almacenes municipales, locales ruinosos…“Estas escuelas son alacenas o calabozos, prisión de maestros, cepo de muchachos”.

   La urgente necesidad de crear escuelas era imperiosa en lugares como San Fernando. De tres mil quinientos niños en edad escolar, sólo estaban atendidos 700. En Algeciras, tres escuelas de niños, una de niñas y otra de párvulos “que no pasa de ser un zaguán amplio”. Entre todas podrían admitir quinientos y quedaban sin escuela pública mil seiscientos. Deficiencia que se suplía parcialmente con las llamadas “migas” y otros colegios particulares. “Algeciras es uno de los casos más graves, más agudos de abandono e indiferencia”. Ejemplos similares se podían extraer de otras provincias españolas, aunque el grado de abandono se acentúa más en el sur.

  

2. ABSENTISMO, SATURACIÓN Y ANALFABETISMO

           

   El nivel de absentismo escolar es considerable si tomamos para 1923 la población escolar de 900 niños-as, según se refleja en el padrón municipal de Conil; el porcentaje de alumnos matriculados es sólo de un 35%, asistiendo regularmente a clase un 30%.

   En la zona rural la tasa de escolarización es bastante menor que en la ciudad, lo cual es un fenómeno general. Este distanciamiento está motivado por ocuparse ya desde niños a faenas agrícolas o marineras que aliviasen la dura situación familiar y por la consideración de que la enseñanza era más para los pudientes y no para los pobres. La asistencia escolar en nuestra tierra en 1930 era inferior a la media nacional, Andalucía 40'4%; media nacional, 51'2 %.

   Sobre el problema del absentismo escolar intentaron los inspectores espolear la conciencia de los miembros de la Junta Local en busca de soluciones, incluso se llega a proponer en Conil crear un Comedor escolar gratuito que hubiese supuesto un aliciente para las clases más humildes: "... irregular y deficientísima asistencia de alumnos(...) Es indudable que la importante villa de Conil llegará bien pronto a la altura de las más cultas, civilizadas de moral y fé de las provincias gaditanas y como además del estudio de la localidad se ha llegado que el abandono considerable de muchos va unida a la carencia de recursos, se impone si es posible la Cantina escolar para que a la vez que se forma la cabeza al corazón de los niños indigentes y desvalidos se lleven glóbulos rojos".

Barrio del Molino de Viento en los años de la Dictadura de Primo de Rivera. Imagen elocuente 

que muestra las carencias del sector más humilde de la población conileña. Extraída de: Conil en la Memoria.

 

   Tan altisonantes palabras recogen la cruda realidad de una proporción amplia del pueblo, cuya preocupación esencial era la consecución de alimentos, siendo la educación, para esta población más pobre, algo muy secundario, por lo que la propuesta era bastante acertada. La Corporación, pese al guiño sobre la grandeza que podía obtener la localidad, por razones que podemos presuponer con todo lo expuesto, no lleva a cabo dicha iniciativa.

   En otras ocasiones la Inspección pide actuación contra las padres que no llevan sus hijos a la escuela: "Contribuyendo lamentablemente y fundamentalmente a destruir los efectos educativos, se procurará aplicar severo rigor contra los padres morosos en la instrucción de sus hijos". Como el absentismo escolar es mayor en la población masculina, intenta igualmente incidir la Inspección sobre este factor, aunque con tintes claramente machistas: "dando impulso a la enseñanza de los niños que es la base de la prosperidad de los pueblos".

   El problema del absentismo tiene difícil solución aisladamente al estar ligado a unas condiciones socioeconómicas ínfimas y a un caciquismo local poco interesado en mejorar las condiciones educativas, pero si a ello se suman las circunstancias de saturación por

falta de escuelas, da lugar a una situación paradójica, en la que resolver este problema con estos factores adversos es como pretender plantar con las raíces hacia arriba.

   Para resolver la saturación, la Inspección plantea, en varias ocasiones, la necesidad del desdoblamiento, sobre todo en la escuela de niñas, dada su mayor asistencia.

   Este problema se acentúa aún más en los años veinte debido al incremento de la población. El maestro de la localidad, Rafael Barbudo, expresa que los alumnos "carecen de asiento y material adecuado después de utilizar el ya desechado como inservible". Es decir, a las insuficiencias del local se unen las carencias del mobiliario escolar.

   Con el incremento de la población, la saturación desborda aún más en los últimos años de este primer cuarto de siglo, por lo que se crea una lista de espera, dada la falta de espacio, con el fin de cubrir las bajas forzosas producidas por el mal comportamiento de los alumnos o por cualquier otra causa. En 1925, la Junta Local acuerda la expulsión automática de alumnos una vez agotadas las faltas de asistencia y de puntualidad reglamentarias, dando cuenta a la alcaldía solamente de las vacantes producidas para que fuesen cubiertas por otras.

   Los datos del elevado grado de absentismo y al mismo tiempo saturación escolar, están íntimamente ligados al problema del analfabetismo, al existir una directa correlación entre tasas de escolarización y porcentajes de analfabetos.

   En 1917, a una concurrencia de exámenes en la escuela de niños, con el Inspector presente, asistieron sólo treinta niños. Ante este hecho éste manifiesta: "Es un desgraciado todo pueblo analfabeto, cáncer que nos aqueja y que debemos extirpar a toda costa". En 1900, un 86% de la población conileña era analfabeta, y en 1930 un 74%, que abarcaba prácticamente la totalidad de las clases más indigentes formadas por jornaleros agrícolas y pescadores pobres, estrato más humilde que se aproximaba a esta proporción.

   Para paliar el problema, funcionaron en Conil, al igual que en otros lugares, las escuelas de adultos, llevadas por los maestros de la localidad, aunque con escasa incidencia real. En 1903 comenzaron las clases para mayores, que registran un abandono progresivo. Las referencias sobre la enseñanza de adultos en la Junta Local son mínimas, en las sesiones de la Corporación municipal aparece puntualmente la consignación de gastos de alumbrado para estas clases, desarrolladas primero por la maestra y posteriormente por los maestros.

   Podemos deducir que se mantuvieron durante este período, con escasa atención por parte de las autoridades locales, y también escasa asistencia, aunque desconocemos el número exacto. Sí sabemos que se incrementaron en el período de la Segunda República con tres clases de adultos a una media de 30 alumnos.

            

3. EPIDEMIAS, PÓSITO PESCADOR DE CONIL Y CONCLUSIONES FINALES

           

   Como aspecto curioso de la vida escolar en estos años, pero importante en la época, es la incidencia de epidemias, aunque ya afortunadamente los avances médicos habían desterrado la temible peste bubónica, y remitía el cólera, tras el descubrimiento de su vacuna.

   A finales del curso de 1911 hubo que clausurar las escuelas por una epidemia de viruela, sin que se pudieran celebrar los exámenes ni fiestas escolares de fin de curso. En julio fueron aprobadas por el Ayuntamiento las medidas higiénicas y de desinfección propuestas por la Junta Municipal de Sanidad a fin de evitar el desarrollo de las enfermedades epidémicas y poder prevenir "contra el cólera morbo asiático que tan de cerca nos amenaza".

   Aún en septiembre se continúa con el brote de viruelas, por lo que se mantiene la clausura de los colegios "hasta tanto se domine la epidemia y pueda responderse del aislamiento de los enfermos" al ser las escuelas centros de propagación.

    Esta misma circunstancia ocurre en 1924, en la que se cierran las escuelas en septiembre durante un par de meses, transcurridos los cuales se abre un nuevo plazo de matriculación, procediendo el médico, Inspector municipal de sanidad, a un reconocimiento general de todos los niños, rechazando al que no estuviese vacunado, y acordándose, desde entonces, como era reglamentario, que no se admitiese ningún alumno sin la certificación de vacunación.

Grupo de niños en la Plaza de España hacia 1919. Extraída de: Conil en la Memoria.

 

  Como consecuencia de la deficiente situación educativa y del afán de instrucción y cultura que promueven en la época las asociaciones obreras, surge en Conil una iniciativa privada de gran interés vinculada a la Cofradía de Pescadores, la cual expongo brevemente a partir de las notas que amablemente me ha cedido el historiador Antonio Santos, extraídas de los Libros de Actas y de contabilidad. Según sus cálculos, el 42 % del total del presupuesto de la asociación de pescadores en el período de 1917-1935 se destinó para la enseñanza, gracias a subvenciones de organismos como la Caja Central de Crédito Marítimo y el Instituto Social de la Marina. Se constituyó primero una Sociedad Sindical de Obreros de Pescadores de Conil en 1917 que se transformaría dos años después en Pósito Pescador de Conil. Además, de su función como sociedad de socorro y protección mutua y de cooperativa de venta del pescado sin intermediarios, se preocupó de “la educación e instrucción de sus asociados”.

   Surge vinculadas al Pósito una enseñanza general para adultos que atiende, según el argot popular, a la leyenda, escribanía y las cuatro reglas; es decir, lectura, escritura y operaciones básicas. Se estructura en cuatro niveles: desde analfabetos totales hasta alumnos más adelantados. La graduación es indicativa de una avanzada organización para la época, y es impartida inicialmente por un maestro sin titulación, como era usual en las iniciativas privadas ante la escasez de docentes, pero con “cultura y conocimientos más que suficientes”.  Hay también una enseñanza profesional encaminada a los conocimientos prácticos necesarios para el oficio de pescador y la formación como patrón de pesca que imparte un patrón de cabotaje, practico en la navegación costera y el manejo de las artes de captura. 

   El aprendizaje básico trató de extenderse a partir de 1923, dadas las condiciones expuestas de saturación de la escuela de niños, a los hijos de “pescadores pobres”. Sin embargo, el funcionamiento de esta proyección infantil fue irregular debido a los problemas de absentismo escolar, acentuado por la posible emigración temporal de familias de pescadores a Barbate en busca de trabajo y por ser una educación con escasos recursos y dependiente de las subvenciones concedidas.

   Para terminar, estas breves consideraciones a modo de conclusiones finales:

   El déficit de escuelas —aunque más correcto sería decir locales, ya que generalmente son espacios habilitados para uso escolar y no colegios construidos con esta finalidad—, el grado de abandono, saturación, analfabetismo y absentismo escolar, no son referencias aisladas locales, sino que corresponden a la realidad andaluza, siendo Conil un ejemplo más, un espejo y referente de una situación generalizada mucho más amplia. La responsabilidad fundamental del abandono es del Estado, el cual, con el sistema 

político de la Restauración en crisis, no asume con recursos y eficacia la importante tarea de la Administración educativa. Hay también dejadez por parte de las Corporaciones locales; no obstante, tienen lugar algunas buenas iniciativas aisladas, que van a estar mediatizadas por la falta de presupuestos y por la dependencia al caciquismo, por lo que no afrontan ni exigen de forma continuada soluciones a instancias superiores.

   Pese a todas las deficiencias de locales, saturación y complejidad de las escuelas unitarias, destaca el buen hacer de algunos maestros, pero ello podría ser tema de otro artículo que nos acerque más a la figura de estos docentes y, en concreto, a los que trabajaron en Conil. Hemos de realzar también en este ambiente de abandono y falta de recursos iniciativas educativas tan interesantes como la protagonizada por el Pósito Pescador de esta localidad.


Fuentes y bibliografía

- Ayuntamiento de Conil (coord. Antonio Alba) (2004): Conil en la Memoria. Cádiz: Oficina de Prensa y Publicaciones del Ayuntamiento de Conil.

- ALGORA, Carlos (En imprenta): “La educación en Andalucía durante el primer tercio del siglo XX (1900-1931)” y “Reformas y efervescencia educativa en Andalucía durante la Segunda República (1931-1936)” en AA.VV.: Estudios de Historia de la Educación Andaluza. Sevilla: Universidad de Sevilla.

- Archivo Municipal de Conil de la Frontera (A.M.C.) Actas capitulares. Período consultado 1843, 1900-1931.

 - A.M.C. Actas de la Junta Local de Enseñanza. Período consultado 1900-1931.

- BELLO, Luis (1929): Viajes por las Escuelas de España. Más Andalucía IV. Madrid: Compañía Ibero-Americana de publicaciones.

 - Libros de Actas y contabilidad de la Cofradía de Pescadores, período de 1917-1935 (Notas extraídas por Antonio Santos).

- SANTOS, Antonio; VELÁZQUEZ-GAZTELU, Francisco (1988): Conil de la Frontera. Cádiz: Diputación

 

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