LAS ALMADRABAS GADITANAS, ENTRE EL SEÑORÍO Y EL LIBERALISMO (1800-1850) 

   Antonio Santos García

   Historiador  

  

                           Almadraba de Tiro de Conil (Sáñez Reguart: Diccionario histórico...)

 

  Desde fines del siglo XVIII hasta mediado el siglo XIX, el litoral suratlántico fue escenario de una larga serie de conflictos entre la pesca tradicional, representada por las comunidades locales, y la emergente pesca preindustrial, más intensiva y depredadora de los recursos, introducida por catalanes y valencianos. Los conflictos en torno a la pesca de  arrastre son el episodio más conocido, pero las almadrabas fueron también motivo de enfrentamientos y de pleitos. Para entender el conflicto pesquero de estos años es preciso situarlo en su contexto histórico: la transición del Antiguo Régimen señorial, comunitario y gremial, al nuevo régimen burgués, individualista y liberal, una época contradictoria, caracterizada por los vaivenes políticos y la crisis económica.

  

1. EL ANTIGUO RÉGIMEN

      Durante el Antiguo Régimen, las almadrabas andaluzas fueron un monopolio exclusivo de los duques de Medina Sidonia, que centraron el esfuerzo pesquero en las almadrabas gaditanas de Conil y Zahara.

    En el siglo XVIII, el monopolio fue confirmado y los duques extendieron la pesquería a otros puntos del litoral. La crisis de capturas y los elevados gastos de armamento movieron al duque Pedro, último vástago de la Casa de Guzmán, a introducir novedades en las técnicas pesqueras, calando desde 1741 la primera almadraba de buche en El Terrón o Tuta (Huelva). En la costa gaditana continuaron armándose las tradicionales almadrabas de tiro, también llamadas de vista, en Conil, Zahara y Tarifa. Aquí los intentos de introducir el buche resultaron fallidos debido a condicionamientos geográficos y a la oposición de los pescadores locales, que veían peligrar sus puestos de trabajo. Sañez Reguart describió con gran detalle las almadrabas de Conil y El Terrón, de tiro y de buche, las más importantes y mejor armadas de su clase a fines del s. XVIII.

   La creación de la Matrícula de Mar a mediados del s. XVIII reservaba la actividad pesquera a los matriculados a cambio de sus servicios en la Marina de guerra, pero la Inspección de matrículas de 1786 señalaba que en Conil “todos los artes de pesca cesan absolutamente desde el día en que se cala la Almadraba del duque de Medina Sidonia hasta que concluye la temporada y además exige el mismo duque el 8% en dinero efectivo, de cuantos peces cogen allí los matriculados en lo restante del año”. El monopolio de almadrabas, con las prohibiciones y abusos que generaba, fue causa de conflictos y pleitos entre los pescadores y el duque. Dichos pleitos fueron una constante en Conil durante el último tercio del s. XVIII, enturbiando la relación con los armadores de jábegas y palangres de la villa, que se negaban a pagar la alcabala al marqués de Villafranca o se saltaban las prohibiciones de pesca. 

   Los conflictos navales de fines del s. XVIII e inicios del s. XIX provocaron un descenso del número de matriculados y los viejos privilegios de pesca comenzaron a ser discutidos por la Monarquía, que adoptó una actitud más beligerante contra los privilegios y abusos nobiliarios. La Inspección de 1799 señalaba entre las causas de la decadencia de la matrícula “los derechos señoriales y concesiones exclusivas de almadraba”, acusando a los señores de emplear a personal no matriculado en la pesquera, de impedir la pesca a grandes distancias del arte y de requisarles las redes a los pescadores si cogían pescado. La nueva Ordenanza de la Matrícula de Mar (1802) llegaba a proponer la anulación de los privilegios inmemoriales “para que los matriculados gocen de la entera libertad de establecer por su cuenta Almadrabas” y poder pescar “de cualquier suerte que sea”, a la distancia conveniente. 

  Finalmente, la Monarquía tomó cartas en el asunto: en 1802, el rey Carlos IV prohibió en todo el reino el cobro de alcabalas a los pescadores y, en 1804, comisionó a Felipe de Orbegozo para que recorriera las almadrabas españolas y elaborase un informe técnico sobre su viabilidad, al objeto de decidir si merecía o no la pena mantener los trasnochados privilegios señoriales de pesca, contrarios al fomento de la Matrícula y al interés del Estado. Dicho informe quedó sin resolución, pero por él  sabemos que las almadrabas de tiro de Conil y Zahara empleaban cada temporada a 1.000 hombres, 800 en las tareas de la pesca y 200 en las chancas de salazón, lo que muestra el interés social de estas pesquerías. 

   La creciente dificultad de encontrar mano de obra y los crecidos gastos que ocasionaban las almadrabas de tiro decidieron al Marqués a introducir el buche en Conil, contratando para ello a sicilianos (1806) y a valencianos (1807). Durante estos años se calaron dos almadrabas, la tradicional de tiro y otra de buche, a sotavento de la primera. El primer año, el armamento aguantó bien a pesar de “los recios temporales, grandes mareas y rápidas corrientes del Estrecho”, pero en el segundo naufragaron parte de las artes y pertrechos, que hubo que reponer. Parece que en 1808 los resultados mejoraron y el experimento tuvo continuidad, lo que enconó el conflicto con los pescadores locales.

 

2. ABOLICIÓN DEL MONOPOLIO Y CONFLICTO ANTISEÑORIAL

    En esta coyuntura se produce la conquista napoleónica de España. Durante la ocupación francesa de la zona (1810-12), los bienes del Marqués fueron secuestrados y se causaron graves daños en los pertrechos e instalaciones de las almadrabas. Entre tanto, las Cortes de Cádiz suprimirán por decreto los señoríos (1811) y los privilegios de pesca. 

   Desaparecido el monopolio, los armadores y pescadores locales calaron por su cuenta almadraba en los puntos tradicionales y surgieron a poniente nuevas almadrabas de tiro en Conil (Torre del Puerco, 1813), Chiclana (La Barrosa, 1813) y San Fernando (Punta La Isla, 1816).

   En Conil, tras la retirada francesa y con la entrada en vigor de la legislación gaditana, estalla el hasta entonces larvado conflicto antiseñorial. Los pescadores, apoyados en el primer Ayuntamiento constitucional, se oponen a que marqués cale almadraba en sus aguas. Ese año, la Capitanía General del Departamento de Cádiz resolvió la disputa  salomónicamente, obligando a “la alternativa entre ambos armamentos... y de aquí sucedió que los Armadores entraron a los 19 días de pescar Su Excelencia, a continuarla por otro igual tiempo”. Es decir, ante la falta de acuerdo, los conileños y el marqués tuvieron que hacer turnos de pesca ese año, con malos resultados para ambos.

   Con la vuelta del rey Fernando VII en 1814 fue abolida la legislación gaditana pero no fueron sancionados los monopolios señoriales. Ello posibilitó a los armadores locales seguir pescando y les animó a elevar protestas al rey contra las almadrabas de buche. En 1817 se clarificó la situación: un Real Decreto de febrero declaró “abolidos todos los privilegios exclusivos relativos a la pesca” en la que podrán emplearse “todos mis vasallos, con la condición de alistarse en las matrículas de mar”, lo que debemos entender como continuación de la política ilustrada en relación con el fomento de la Matrícula.

   Una Real Orden de mayo del mismo año 1817 prohibía el buche en las costas gaditanas del Estrecho, levantando las protestas de los empresarios. Los arráeces de Benidorm José Ortuño y Gregorio Pérez, arrendatarios de las almadrabas de Conil y Zahara, elevaron al rey un expediente en el que puede leerse: ...malcontentos aun los de Conil y Vejer con el exclusivo aprovechamiento que hacían desde el año 1813 en la pesca de los atunes en las playas de sus respectivos distritos, en los sitios limpios con red de Arrastre (Tiro), procuraron desterrar los artes de Anclas (Buche)... privando la idea de suponer ser perjudicial dicho arte, declamando contra él y consiguiendo el que, como por una especie de contagio, pasase la opinión de ser perjudicial dicho arte hasta las personas más elevadas”. La prohibición del buche se extendió también a las costas de Huelva desde 1819.

   La pugna antiseñorial cobra nuevos bríos durante el Trienio Constitucional (1820-23), breve paréntesis liberal en el reinado de Fernando VII. Al iniciarse la temporada almadrabera de 1820, ante rumores de que el marqués intentaba calar almadraba como hasta 1808, el Ayuntamiento constitucional intervino, argumentando que tras la Ley de 1811 quedaron abolidos “cualesquiera de los privilegios llamados exclusivos, privativos y prohibitivos”, lo que no solo privaba al marqués de Villafranca de su derecho exclusivo de pesca, sino también de su derecho a pescar en Conil, pues no era vecino de la villa, advirtiendo que si los vecinos vieren pescando a hombres del Marqués “acaso se perturbaría la paz y la tranquilidad”. La negativa municipal argumentaba también en los decretos de 1817 y de 1819.

   El marqués no pudo pescar en 1820, pero desde comienzos de 1821 solicitó “se le inscribiera en la lista de los hombres de mar, como empresario en grande de la pesca de atunes”, a lo que volvió a oponerse el cabildo argumentando que el marqués “ni es empresario, ni propietario, ni vecino”. Ante esta oposición declarada, el antiguo señor tuvo que recurrir al Jefe Superior Político de la Provincia (JSPP), para hacer valer sus intereses.

   El 14 de mayo de 1821, el JSPP manda oficio al ayuntamiento de Conil, presidido por el alcalde constitucional D. Miguel Palomino, para que ejecutase la Ley de 27 octubre de 1820, que obliga a inscribir como hombre de mar en Conil al marqués de Villafranca, permitiéndole pescar libremente almadraba de tiro. El oficio fue leído el día 18 de mayo ante el pleno municipal, integrado por el alcalde, cinco regidores  (Alvaro González, Antonio Moreno, Joaquín Galindo, Francisco Ortega y Melchor de Maya), el síndico (Francisco Ramírez) y seis “Zeladores de mar... con vos y voto quando se tratan asuntos de pesca, u otros ramos correspondientes a la Marina” (los regidores 1º y 3º, Lucas Muñoz, Rodrigo Cifuentes, Antonio Muñoz y el escribano-secretario Alexandro Moro).

   El Expediente abierto para oir a las partes tiene gran interés para conocer la evolución del conflicto antiseñorial. Por él sabemos que se había formado en Conil una Compañía cooperativa de 50 armadores y más de 400 pescadores, que obtuvo licencia para calar almadraba de tiro en su tradicional paraje, donde el Marqués también aspiraba a seguir pescando. Ante la existencia de un solo sitio para calar por la “imposibilidad de colocar en estas playas dos grandes armamentos”, D. Vicente Antonio Benítez, apoderado del marqués de Villafranca y duque de Medina Sidonia, ofrecía a los armadores locales “pescar en compañía”, repartiendo gastos y beneficios y amenazaba con pedir la “alternativa” como en 1813, en caso de no aceptarse su propuesta.

   Antonio Moreno y Manuel Ramírez, en representación de los armadores locales, rechazaron la propuesta argumentando que ellos estaban en posesión de la única licencia concedida, que habían realizado importantes inversiones para la presente temporada y que el Marqués carecía en ese momento del armamento necesario, estando “sin barcos, ni patrones, ni proeles, ni remeros matriculados, ni Atalayas, ni Armadores, ni de ninguna clase de oficiales, que son indispensables para hacer fructífera esta industria”. Además, se negaban a admitir por compañero al Marqués, al que consideraban “un intruso, enemigo de la prosperidad” de los matriculados, a los que quería seguir esclavizando, pues los Señores “presentándose con piel de obeja son lobos rabiosos y carníboros que quieren tomar para sí, quanto la Divina providencia ha dexado para otros”.

   El Ayuntamiento y “zeladores de mar” dudaban de que el Marqués de Villafranca  tuviese derecho a alistarse en la matrícula de Conil y daban la razón a los pescadores, argumentando que el armamento del Marqués estaba inservible “de tantos años sin uso y almacenado en paraje húmedo”, pero intentaron buscar soluciones, pues el JSPP exigía que se dejase pescar al Marqués sin más dilaciones. Entre tanto, los armadores locales comenzaron a pescar, dado lo avanzado de la temporada.

   

Almadraba de "buche" del Terrón (Huelva)

  La comisión creada para la “conciliación” fue un fracaso.  Oídas de nuevo a las partes, el Ayuntamiento estimaba como lo más conveniente que el Marqués entrara en la Compañía ya creada, al nivel de los armadores de mayor capital, no siendo partidario de la Compañía por mitad entre armamentos, por injusta, ni de la alternativa de armamentos, por perjudicial al fomento de la pesca. El 4 de junio, argumentando el difícil cumplimiento de la ley y la imposibilidad de acuerdo, el Ayuntamiento se inhibía de responsabilidad y elevó el Expediente a la superioridad.

   En los meses siguientes, las Actas capitulares siguen insistiendo sobre la necesidad de establecer “reglas fijas”, es decir, aclaraciones sobre el usufructo de la pesca y reiterando la oposición de los conileños al buche, que debe seguir prohibido por ser perjudicial para el pueblo en donde viven de la pesca 400 ó 500 hombres, gracias a la almadraba de tiro existente, la cual desaparecería de permitirse el buche, que reducía personal, además de exterminar el atún y con él una de las principales riquezas de la villa. 

  Las Actas capitulares de 1822 a 1838 no se conservan. Según la Estadística pesquera, las almadrabas tuvieron durante los años 20 “una bajada cierta, por la escasa entrada de atunes y los recios temporales”. D. Rafael Tomaseti, director de la almadraba de buche de Punta La Isla, culpaba de ello, años más tarde, a la climatología adversa, con falta de aguas limpias y tranquilas que impedían a los torreros avistar la pesca, pero también al desorden pesquero existente, con proliferación de artes de arrastre o bous en las costas gaditanas e infinidad de redes volantas, que asustaban y dispersaban el atún.  Según Tomaseti, 1822 fue el “último año en que hicieron alguna pesca” los de Conil, porque “en los sucesivos el desaliento y abandono llegó hasta el punto de ni aun sacar las artes a la playa en las respectivas temporadas”.

   La situación explicaría las nuevas tentativas de los empresarios del buche. Desde 1825, el nuevo administrador de la Compañía del marqués para Conil y Zahara es Pedro de Ortuño, que se hizo dueño de la mitad de los pertrechos de ambas almadrabas y obtuvo permiso para calar el buche por un año en ambas localidades, que no sabemos si llegó a hacer efectivo. En todo caso, desde 1828 el buche fue de nuevo permitido, lo que reactivó el conflicto durante los años 30.

 

3. “TIRO” CONTRA “BUCHE”, RAZONES DE UN CONFLICTO

     Durante los años 30 y 40, el Marqués pasa a un segundo plano y la pugna tiene como protagonistas a los empresarios del buche, unidos en la Asociación General de Almadrabas de la Provincia de Cádiz, y a los gremios de matriculados locales de la costa gaditana, liderados por los de Conil.  

   Por Real Orden de 1828, la pesquería del atún fue reorganizada, concediéndose el usufructo de las almadrabas a los Gremios de Mar, es decir, los matriculados unidos en gremios, impulsados tras el Trienio liberal. Ese mismo año, el nuevo Reglamento de almadrabas regulaba los pormenores de la actividad: fechas de calamento, prohibición de pescar en dos millas a barlovento de la almadraba, restablecimiento del buche... Pero los pescadores locales tenían la sartén por el mango, pues eran ellos los que arrendaban la pesquería, reservándose también un tercio del precio del arriendo. La Inspección de Matrícula de 1832 reconocía, no obstante, que el fomento de esta industria pesquera se veía dificultado, entre otras razones, por “la necesidad que tienen los Gremios de hacerse con los enseres necesarios para el calamento de Almadrabas que se hace por particulares sacando las cuantiosas utilidades que no pueden adquirir aquellos por su pobreza”. En vista de ello se proponía ensayar fórmulas de socorro a los pescadores, que nunca se llevarían a cabo.  

   La nueva normativa posibilitó que los empresarios del buche arrendasen desde 1832 la almadraba de Punta La Isla (San Fernando), levantando las protestas de los  armadores locales. Éstos, liderados por el gremio de Conil, intentaron sin éxito la prohibición del buche en 1833 y comenzaron a pleitear y a argumentar contra dicha modalidad pesquera entre Cádiz y el Estrecho, que consideraban perjudicial:

1) para la pesca del atún en el Mediterráneo,  pues capturaba gran parte del atún de paso, impidiendo su reproducción;  

2) para la navegación de cabotaje, pues abandonaban grandes piedras en los fondos, que daban lugar a la formación de bajos;

3) perjudicaba también la recalada de los buques, por sus grandes armazones fijos;

4) finalmente, dificultaba la defensa de Cádiz en tiempos de guerra. Un guiño a la Marina, durante la guerra carlista.  

   En este contexto se suceden, durante los años 1835 y 1836, autorizaciones y prohibiciones, argumentaciones de unos y de otros, réplicas y contrarréplicas de las partes en conflicto.  

 

a) Los Empresarios del Buche  

   En informe de enero de 1837 dirigido a la Diputación Provincial en apoyo de su causa, D. Rafael Tomaseti se muestra indignado de que el Gobierno anteponga los intereses de las “deterioradas e inútiles” empresas de tiro de Conil y la Barrosa, a las empresas de buche, más modernas y productivas, generalizadas ya en toda Europa (Portugal, Francia, Italia y el Levante español). Tras rebatir los argumentos esgrimidos por los pescadores, expone las  ventajas de las almadrabas de buche, servidas por diestros valencianos. Las más pequeñas, dice, ocupan a 40 ó 50 hombres y las principales a más de 100, pudiendo calarse cada 3 millas. El principal inconveniente del buche es que es más costoso de armar, pero es más útil al erario público, pues pesca más y no sólo atún, sino también albacora, bonito, melva, corvina y otros pescados. Por el contrario, el tiro solo pesca atún en días de mucho paso y “deja pasar lo menos (cuando hay poco) y no puede con lo más (cuando hay mucho), y tiene el inconveniente de no verse muchas veces el pescado por descuido de los Torreros ó otras causas, ó verlo ya tarde sin poderlo calar...”, y mil inconvenientes más, es decir, pierden mucha pesca. Y ataca a los de Conil, “un solo Pueblo de la Monarquía... que carece de toda riqueza, que dependiente todo de  la Marina sufre los efectos de su considerable atraso...”..

   Considera que la concesión de las almadrabas a los Gremios de mar, al objeto de fomentar la matrícula, es un privilegio que está en contradicción con el incremento de la riqueza pública y el interés de la Hacienda, pues los gremios carecen de lo necesario para pescar, proponiendo que el Estado recupere la propiedad de la pesquería. Concluye pidiendo una la ley que regule definitivamente el asunto y que mientras tanto no se impida pescar con buche.

   Pero los de Conil, unidos a los de Chiclana, Vejer y San Fernando consiguieron que la Comisión de Pesca del Congreso dictaminase en su favor, tras lo cual se decretó en 1837 la prohibición del buche entre Cádiz y Tarifa (Decreto de Cortes de 14 de junio).

   La respuesta a la prohibición fue el Informe de Eduardo Autrán, de 22 de junio de 1837, dirigido a los señores de la Asociación General de Almadrabas de la Provincia de Cádiz, que reitera los argumentos de Tomaseti y realiza una  dura crítica a los pescadores de Conil, abanderados del Tiro. Así describe Autrán los pertrechos, embarcaciones y personal de las almadrabas de buche de Punta la Isla, Zahara y Conil:  “Necesitan cada una 30 anclas de fierro; 60 rezones de lo mismo; 8 cables de cáñamo, 14 piezas de red de sacada de lo mismo; 1.000 piezas de red de esparto; cables, betas, cuerdas, piolas y demás de cáñamo y esparto en considerable cantidad; 250 quintales de corcho; y además utensilios y enseres de muchas y distintas clases. También son menester un batel, una fragata y 12 ó 14 embarcaciones de distintas clases y tamaños... Son igualmente necesarios de 120 a 130 hombres escogidos de mar, con un 1º, 2º y 3º arraez, armador mayor, patrones, marineros, buzo, maestranza, cuchillas, y saladores, contador y otros empleados; y además todo el establecimiento de tierra, como chancas, pilas para salar, y alojamientos, almacenes, tinglados, etc.”.

Levada final en una almadraba de Buche (S. Reguart,)

   Alaba las ventajas de estas empresas “considerables, útiles y productivas” y destaca las desventajas del tiro, dando una vuelta de tuerca a la argumentación, para acusarlas de ser ellas y no el buche las “contrarias a la cría del pescado, pues siendo rastreras sus operaciones, arrasan y destruyen la maleza del fondo en donde se abrigan y conservan” los peces. Y continúa: “Los empresarios de Conil presentan el lisongero estado de sus pesqueras en antiguos y opulentos tiempos, y lo comparan con el triste y miserable que actualmente experimentan, y de cuya ruina culpan a las Almadrabas de Buche”. Tras negarlo, arremete contra los de Conil, cuyo único empeño es “destruir una empresa de capital, de inteligencia y de industria” pagando con ingratitud a la Casa Ducal de Medina Sidonia, “a quien debió su origen y mil beneficios”, perjudicándola con su oposición al buche, impidiendo que funcionen “los dos grandes edificios que posee (Chancas de Conil y Zahara), llenos de enseres y barcos para ello. Tales son los sentimientos que inspira la envidia más horrorosa”.

  El padre Miravent, cura de La Higuerita (Isla Cristina), en su Memoria sobre las pescas (1835) defiende las almadrabas de buche y propone, para restablecer esta pesquería a su antiguo esplendor, reducir las empresas de atún de derecho gaditanas a sólo Conil y Zahara y la creación de una sola Compañía general por acciones, a cuya cabeza estuviera el marqués de Villafranca, poniendo como ejemplo a Isla Cristina y su almadraba de buche de revés de Tuta, donde todos los empresarios estaban asociados al Marqués. 

    En su Adición (1839), terciaba en la polémica demostrando la falsedad de los perjuicios atribuidos al buche, en la misma línea argumental que los empresarios. 

   Miravent desdeña los argumentos dados por la Comisión de Pesca en 1837 para justificar la prohibición del buche pero busca una “conciliación”, en consideración a los “pobres pescadores” de Conil, Zahara o Chiclana. Su propuesta es restablecer las almadrabas de buche en Conil y Zahara “a sotavento de las que se calan hoy de Vista o Tiro” en dichas localidades, e invita a los pescadores a asociarse a los poderosos. Miravent defiende que haya libertad para aumentar el número de almadrabas de buche hasta 11, entre el Guadiana y Tarifa, apoyando el proyecto empresarial en beneficio del fomento de la pesca y el abaratamiento de los precios del atún. Y concluye pidiendo una veda durante la temporada de almadraba, de manera que “algunas millas a barlovento de ellas, se mande suspender todas las redes volantes... como el Bou (que debería proscribirse para siempre), las correderas o Boniteras, Cazonales, etc”, como estaba establecido en tiempos del Marqués, para no espantar al atún, permitiéndose sólo  aparejos de anzuelo y cordel, para sostén de los pescadores durante la veda.  

   Pero esta vuelta encubierta al monopolio y a las prohibiciones recordaba demasiado a la época señorial y no podía ser aceptada por los armadores locales.

 b) Los Armadores locales de Tiro

  En marzo y abril de 1842, los pescadores de Conil (ver Apéndice), ante los rumores acerca de una inminente legalización del buche, reiteraban sus argumentos legales (el buche ensuciaba de piedras los fondos, violando el Reglamento), económicos (perjudica a la navegación de cabotaje y a las jábegas) y ecológicos (no dejaban escapar ningún atún, grande o pequeño). Pero, sobre todo, argumentaban razones sociales, como recogen las Actas Capitulares de 1842. La Almadraba de Tiro “Torre Atalaya” de Conil era una sociedad cooperativa “con la cual se socorre a todo el pueblo: porque casi todo este mismo pueblo va a la parte, bien con sus intereses o con sus esfuerzos personales... por manera que el día que faltare este recurso se haría perecer en la miseria a multitud de familias, a un pueblo entero”. El razonamiento era extensible a toda la costa de Cádiz, pues de permitirse el buche, que contrataba sobre todo a catalanes y valencianos, se arruinarían todas las almadrabas de tiro y “una sola persona o media docena se aprovecharían de la única riqueza que ofrecen algunas leguas de costas y que es la felicidad y esperanza de más de 1.500 familias” que viven al amparo de las almadrabas de tiro en la Barrosa, Conil y Zahara, lo cual sería claramente “anti-constitucional”. 

   El Gremio de Mareantes, Artesanos y Jornaleros de todas las clases de Conil, con apoyo municipal, se dirigía al Congreso Nacional para explicar los beneficios que suponía la almadraba de tiro Torre Atalaya: “En toda la temporada de pesca que dura un mes, solamente se da trabajo (el buche) a 16 hombres denominados garroteros, 3 dichos cuchillas y 4 para la limpieza, todos con el jornal de 6 a 8 reales y 3 libras de pan. A estos se agregan 80 marineros también a jornal y llamados, como confiesa el mismo Sr. Ortuño, de las costas de Valencia y Cataluña. Es decir, que de este pueblo sólo se emplean 23 vecinos. Examinemos las de tiro; tenemos por tipo la de Conil, compuesta de accionistas y trabajadores: ascienden los primeros a 50, divididos en veinte y tres y cuartas de acciones, y los segundos llegaron en el año último a 307, siendo 357 las familias interesadas en esta industria pesquera. ¿Cuál de las dos almadrabas es de un interés más general?”.  

   En relación con la distribución del producto, los de Conil argumentan: “Supongamos que importan 12.000 duros. De esta cantidad los empresarios de la almadraba de buche sólo distribuyen en este vecindario, por razón de jornales, la pequeña suma de 7 a 8.000 reales de vellón, y deducidos los gastos de calamiento del arte, pago de marineros, etc., que todo no ascenderá a 70.000, el exorbitante resto íntegramente lo perciben. Pero en las de tiro, esos 12.000 pesos fuertes se reparten entre las 357 familias participantes”. Y concluyen preguntando: “¿Y puede sostenerse con justicia que las almadrabas de buche son de un interés tan general como las de tiro y que el calamiento de aquellas no destruye el bienestar de nuestros convecinos?”.

Arte de Tiro (J.C. Arbex)

   Como puede verse, la disputa Tiro-Buche encubría, en realidad, un conflicto social que enfrentaba a los empresarios capitalistas de las almadrabas de buche, de origen levantino, con los pequeños armadores y pescadores locales. Unos anteponían el interés económico y otros el interés social de la pesquería.  

   No tenemos ninguna descripción de la almadraba de tiro Torre Atalaya por estas fechas, pero sí la de la Barrosa en 1847, que debía ser muy similar a la de Conil. Según el Ayudante de Marina de Chiclana: “Estos armamentos constan de 18 Barcas Jávegas de costa con 7 sedales para encerrarlos, 6 cintillos para matarlos después de estar encerrados y hecharlos en tierra, 3 cintas para acudir a los mayores golpes del pescado, con sus calones que ordinariamente son 3. El número de hombres que se ocupan en las embarcaciones y Calones es de 184 aproximadamente, y además un Director de playas, un contador y su segundo, un Armador mayor y 3 segundos, un Atalaya mayor y 7 segundos, 3 Arraeces destinado uno para el gremio de fileros (sic), otro para el de caladores y el último para los aventureros; y además 3 Cuchillas, Guarda de barcas y Chancas”.  

   Desde 1844, coincidiendo con el inicio del reinado de Isabel II, se impone en España el liberalismo conservador o “doctrinario”, revisándose la legislación progresista. Ese mismo año, un Real Decreto de 14 de febrero restablecía las almadrabas de buche de Zahara, Conil y Punta la Isla al estado anterior a su extinción de 1837.  

 

4. UN BALANCE ECONÓMICO DECEPCIONANTE  

   Durante los años 40, los resultados de la pesca de almadraba empeoraron. José Lasso de la Vega, en su introducción a un rico Informe sobre Pesca de 1847,  dice que “el producto anual es comparativamente tan escaso que apenas se concibe”. No niega una disminución en el paso de atunes, pero señala otras razones: la proliferación de almadrabas (muchas de ellas carentes de medios), el fraude (de productores y compradores) y, sobre todo, el altísimo precio de la sal que causa la ruina de la industria pesquera en beneficio de las importaciones y el  contrabando.  

   El quinquenio 1842-1846 ofreció malos resultados para las almadrabas gaditanas y se saldó con pérdidas. Durante estos años se calaron 2 almadrabas en Sanlúcar (Doñana y La Almadraba), que se abandonaron en 1844; una en Rota (Arroyo Hondo), que sólo se caló en 1843, todas ellas con grandes pérdidas. En San Fernando (Punta La Isla), el buche tuvo pérdidas en 1836 (-54.604 rv.), según Tomaseti, y lo mismo ocurrió según el Ayudante de Marina en el  quinquenio 1842-1846, más cuantiosas con el buche (-350.000 rv. en 1844), salvo el año 1846 (130.000 rv. de beneficio). 

   La información más completa sobre estos años nos lo proporciona el Ayudante de Marina del distrito de Chiclana, José Mª Patero, que ofrece un completo Estado de la almadraba de Tiro de La Barrosa desde 1837. Patero se lamentaba de los malos años 1843-1845, con escasez de atunes, pero defendía las pequeñas pesquerías, para las que reclamaba mayor protección del Estado: drástica reducción del precio sal, restricción de importaciones y fortificar las torres vigías para evitar contrabando.

   

ALMADRABA DE “LA BARROSA”, 1837-1846

Año

Arrobas de atún

Valor Rv

Coste Rv.

Utilidad Rv

Sal fanegas

Hombres

1837

5.084

112.500

64.000

48.445

635

200

1838

8.444

108.600

63.000

45.600

763

260

1839

1.744

22.202

39.816

-17.614

123

220

1840

20.000

427.000

24.000

403.400

210

200

1841

20.800

352.000

87.600

264.000

1.275

415

1842

1.200

38.000

88.000

-50.000

225

335

1843

13

202

20.000

-19.798

 

210

1844

80

1.120

30.000

-28.880

8

80

1845

 

 

45.000

-45.000

 

200

1846

5.012

153.000

30.000

123.000

731

181

  Fuente: Museo Naval de Madrid, Ms. 2203.

  El Ayudante del distrito de Vejer y Conil, Manuel María Prieto, no aporta datos, pero señala que el quinquenio 1842-1846 se saldó con pérdidas. En Conil se calaron por estos años hasta tres almadrabas, dos de tiro (Torre Atalaya y Torre del Puerco) y una de buche, a sotavento de la primera desde 1844, además de la almadraba de tiro de Zahara de los Atunes (Vejer), exportándose casi todo el pescado salado y embarrilado en las diferentes chancas a Valencia y Cataluña, como en épocas pasadas. Sobre el modo de fomentar esta pesquería en el distrito señala que “siguiendo la prohibición del Buche, y impidiendo que las parejas o barcas de bou lo extravíen de su ruta pescando a barlovento de las almadrabas interim estas duran, no quede duda que estas almadrabas volverán a ser productivas y famosas como lo fueron en los siglos pasados”.  

   En Tarifa no había almadraba por entonces, pues aunque se caló una de tiro en Los Lances años antes, que pescaba atún, albácora, caballa y toda clase de pescados, quedó suspendida por haberse concedido una almadraba de buche en el mismo sitio, ya desaparecida. El Ayudante del distrito pedía el restablecimiento de la antigua pesquera, aunque consideraba difícil que la armasen los naturales por ser muy costosa.

  5. CONCLUSIONES

     Hacia 1850, el conflicto de las almadrabas no estaba aún resuelto. En 1847 volvió a prohibirse el buche en Punta La Isla. Pero debemos parar aquí la narración y sacar algunas conclusiones sobre el conflicto pesquero y sus protagonistas: el Estado, los empresarios del buche y los pescadores de tiro, movido cada uno de ellos por intereses distintos.   El papel jugado por el Estado fue, sin duda, contradictorio. Según Burgos Madroñero, a fines del s. XVIII su interés está puesto en la Marina de guerra y lo que le interesaba era el matriculado como soldado para la Armada; pero desde los años 20 del s. XIX, finalizadas las guerras exteriores, el Estado pone su interés en “el pescador y su producto, y la reorganización de los gremios como acicate para el fomento de la industria pesquera”.

   Pero nada hizo por ayudar a los Gremios que, carentes de fondos y en circunstancias adversas, se verán progresivamente postergados hasta su lenta extinción. La legislación cambiante de estos años y el elevado precio de la sal son dos ejemplos más de esta política contradictoria que, más que fomentar, dificultó el desarrollo pesquero. 

   Los empresarios del buche son la fuerza social ascendente. Inician su andadura en el litoral gaditano como arrendatarios o socios de la nobleza monopolista, pero al iniciarse la revolución liberal propugnan la libertad de pesca. Son los abanderados de los nuevos tiempos y su discurso es el destinado a imponerse: innovación técnica, “interés general”, rentabilidad económica.... La decadencia pesquera de los años 20, 30 y 40 y la progresiva consolidación del Estado liberal,  desde los años 50, terminarán por darles la razón.

   Los armadores y pescadores locales, con destacado protagonismo del gremio de Conil, son el tercer actor de esta historia.  Su lucha se inicia en el s. XVIII contra el monopolio y en favor de la libertad de pesca, pero terminan aferrándose a privilegios gremiales ante la imposibilidad de competir con los grandes empresarios. Ciertamente mantienen formas antiguas, en modos de trabajo o en su concepto localista de la riqueza marítima,

 pero defienden valores conservacionistas (recursos pesqueros) y, sobre todo, comunitarios o sociales (mejor reparto frente a mayor producción). Mientras gozaron del apoyo legal (legislación pro-gremial) y municipal (ayuntamientos electos y gobiernos progresistas) tuvieron su oportunidad, pero al perderlo quedaron condenados al fracaso.  

   Durante la segunda mitad del s. XIX el capitalismo se abre paso en España. Resultado de este proceso será la quiebra de las sociedades cooperativas locales (el tiro se cala por última vez en Conil el año 1872). Hitos en este camino serán la supresión de los Gremios (1864), el nuevo reglamento de almadrabas (1866), el desestanco de la sal (1869), la desaparición de la matrícula de mar (1873) y la proliferación de almadrabas de buche en la provincia de Cádiz durante el último tercio del siglo XIX.  

APÉNDICE: Lista Nominal de toda la Matrícula del Distrito de Conil, de todas sus clases y folios hasta el 31 de Diciembre de 1848 (Fuente: Archivo Borrego, Conil)    

Patrones

Jaime PÉREZ, de otro y de Vicenta Lloret (Benidorm)

Lucas CIFUENTES, de Rodrigo y de Juana Leal

Antonio Román TELLO, de Albaro y de Mª Isabel Fdez

Cristóbal OLIVA, de Juan y de Jacinta Mª Fernández

Juan CAMACHO, de otro y de Isabel Mª Parra

Blas DOMÍNGUEZ, de Fernando y de Victoria Galindo

Antonio MUÑOZ, de Manuel y de Juana Camelo

Antonio ZÁJARA, de otro y de Francisca Borrego

Diego ROMÁN, de Alonso y de Melchora Román

Diego LEAL, de Melchor y de María Benito

Marinería Hábil

Alonso PAREJA, de Baltasar y de Catalina Oliva

Diego MUÑOZ, de Martín y de Juana Ábila

Diego RAMÍREZ, de Miguel y de Francisca Leal

Diego RAMOS, de Jacinto y de Inés Ramírez

Francisco RAMOS, de Diego y de Catalina Quintero

Francisco BENÍTEZ, de Sebastián y de Ana de Benito

Juan MUÑOZ, de Antonio y de María Jiménez

Juan RAMÍREZ, de Miguel y de Francisca Leal

Juan QUINTERO, de Alonso y de Nicolasa Zájara

José GUTIÉRREZ, de Juan y de Sebastiana Aragón

Juan MORENO, de Manuel y de Jacinta Ramos

Manuel MUÑOZ, de otro y de Juana García

Melchor MUÑOZ, de Juan y de María Leal

Miguel OLIVA, de Agustín y de Juana Utrera

Pedro QUINTERO, de otro y de Antonia García

Pedro OLIVA, de Agustín y de Juana Utrera

Pedro MUÑOZ, de Manuel y de Francisca Utrera

Francisco MUÑOZ, de Antonio y de Fca. Esquivel (Vejer)

Alonso OLIVA, de otro y de Francisca Pérez

Francisco MUÑOZ, de Manuel y de Francisca Utrera

Francisco RAMOS, de Juan y de Inés Marques

Cristóbal MUÑOZ, de Antonio y de Ana Solís

Diego LEAL, de otro y de Inés Mª Sánchez

Antonio PASTRANA, de Juan y de Ramona Glez (Vejer)

Cristóbal ZAHARA, de Manuel y de Catalina Ligero

Juan Manuel CIFUENTES, de Lucas y de Juana F. Muñoz

Antonio QUINTERO, de Alonso y de Nicolasa de Zara

Alonso ROMÁN, de Diego y de Albina Ramos

Juan Bautista RAMOS, de Francisco y de Sebastiana Pareja

Diego OLIVA, de Agustín y de Juana Utrera

Juan BENINO, de José y de María González

Sebastián LEAL, de Diego y de Inés Mª Sánchez

Juan de MEDINA, de Pedro y de Francisca Cifuentes

Domingo José BENÍTEZ, de Sebastián

Francisco CIFUENTES, de Pedro y de Juana Romero

José OLIVA, de Juan Ramón y de María Jiménez

Cristóbal de OLIVA, de Juan Ramón y de María Jiménez

Antonio ROMÁN, de Diego y de Elvira Ramos

Antonio CAMACHO, de Juan y de Catalina Utrera

Francisco CIFUENTES, de Lucas y de Juana Muñoz

Diego PEÑA, de José y de Juana Cifuentes

Juan Ramón MUÑOZ, de Manuel y de Francisca Utrera

Juan MUÑOZ, de Ambrosio y de Juana Mª Boronal

Francisco TRUJILLO, de Miguel y de Ana Mª Mendoza

Francisco MUÑOZ, de Juan y de María Lucas Leal

Diego RAMOS, de otro y de Catalina Quintero

José MUÑOZ, de Ambrosio y de María Boronal

Antonio RAMOS, de Francisco Martín y de María García

Francisco MUÑOZ, de Juan Santos y de Ana de Alba

Juan Manuel GARCÍA, de José ... y de Micaela Ramos

Rodrigo CIFUENTES, de Lucas y de Juana Muñoz

Francisco MEDINA, de Pedro y de Francisca Cifuentes

Cristóbal MUÑOZ, de Juan y de Nicolaza Leal

Antonio MUÑOZ, de Manuel y de Catalina Leal

Francisco RAMOS, de José María y de Juana Leal

Ambrosio OLIVA, de Cristóbal y de Manuela García

Francisco PAREJA, de Baltasar y de Catalina Oliva

Antonio DOMÍNGUEZ, de Alonso y de Catalina Alba

José MEDINA, de Pedro y de Francisca Cifuentes

José MUÑOZ, de Antonio y de Cristobalina García

Francisco MUÑOZ, de Antonio ... y de Ana Solís

Melchor de los REYES, de otro y de Manuela Ramírez

Sebastián de los REYES, de Diego y de Antonia Rendón

Esteban MONTANO, de Manuel y de Francisca Ramos

José Joaquín RAMOS, de Francisco y de Juana Díaz

José MUÑOZ, de Manuel y de Catalina Leal

Carlos José MANÍ, de D. Manuel (Cádiz)

Juan de Dios ABALO, de Manuel y de María de Alba

Miguel ZAPATA, de José y de Isabel del ... (Córdoba)

Antonio ROMÁN, de Melchor y de Catalina ...

José CARRASCO, de Miguel y de C. Cifuentes (Cádiz)

Lorenzo ROMÁN, de Antonio y de Juana Pérez

Francisco de ALBA, de Diego y de Mª Joaquina Sánchez

José RAMOS, de Juan y de Mª Dolores Sánchez

Juan M. RAMOS, de Tomás y de Felisa Armazo (Chiclana)

Marinería Inábil

Juan de los Santos MUÑOZ, de Cristóbal y de A. Trujillo

Francisco CAMACHO, de Melchor y Mª Antonia Ubreba

Andrés CARISIMO, de Tomás y de Ignacia Leal

Alonso MUÑOZ, de Antonio y de Manuela Albendaño

Lorenzo RAMOS, de Diego y de Juana de Mesa

Jacinto RAMOS, de Diego y de Juana de Mesa

Miguel TRUJILLO, de Pedro y de Francisca Ariza

Manuel CIFUENTES, de Rodrigo y de Juana Leal

Rodrigo CIFUENTES, de Francisco y de Antonia Salinas

Juan Ramón CIFUENTES, de Manuel y de Melchora ...

Calafates Hábiles

Antonio BASALLOTE, de Juan y de Mariana Reyes

Antonio RAMOS, de Melchor y de Isabel Martínez

Andrés PACHECO, de Alonso y de Sebastiana Carisimo

Diego UBREBA, de Manuel y de Manuela Basallote

Francisco RAMOS, de Juan y de María Tirado

Francisco MUÑOZ, de Manuel y de Juana Camelo

Juan José GARCÍA, de Cristóbal y de Bárbara Domínguez

José CARISIMO, de Tomás y de Ignacia Leal

Lázaro José de los REYES, de Juan y de Isabel Oliva

Manuel CARISIMO, de Tomás y de Ignacia Leal

Melchor de los REYES, de otro y de Juana García

Manuel SANCHEZ, de Antonio y de Dolores Sánchez

Pedro CIFUENTES, de Francisco y de Ambrosia García

Pedro ZARA, de Manuel y de Catalina Ligero

Ramón GOMEZ, de Diego y de Sebastiana García

Carpintería Hábil

Diego GUERRERO, de Melchor y de Francisca Pérez

Juan DOMÍNGUEZ, de otro y de Isabel Moreno

                Vejer, 1º de Enero de 1849

Fdo: Manuel María Prieto (Ayudante de Marina del Distrito)


Documentación y bibliografía  

 

-ARCHIVO MUNICIPAL DE CONIL: Caja nº 246: Expediente instruido sobre el modo y forma de calar Almadraba en estas playas, y mandado formar por el Ayuntamiento, año 1821; Caja 21: Actas Capitulares de 1820 y 1821; y Caja 23: Actas Capitulares de 1842.

-ARCHIVO DUCAL DE MEDINA SIDONIA: Legajo 97: Correspondencia sobre introducción de la almadraba siciliana (buche), años 1805, 1806 y 1807; Legajo 905: Pedro Ortuño se hace dueño de mitad pertrechos de las almadrabas de Conil y Zahara, año 1825; Legajo 951: Informe de Eduardo Autrán a los Señores de la Asociación General de Almadrabas de la provincia de Cádiz, año 1837

-ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE CÁDIZ: Gobierno Civil, Caja 213: Expediente de los empresarios de buche de Punta La Isla (San Fernando), año 1837. Fdo: D. Rafael Tomaseti.

-MUSEO NAVAL DE MADRID: Manuscrito 2.203: Exposición sobre la necesidad de restaurar y fomentar la pesca en España... con las contestaciones al interrogatorio del Departamento de Cádiz, Año 1846. Fdo: D. José Lasso de la Vega.

-ARCHIVO BORREGO, CONIL: Lista Nominal de toda la Matrícula del Distrito de Conil, de todas sus clases y folios hasta el 31 de Diciembre de 1848. Fdo: D. Manuel María Prieto. (Por amabilidad de Francisco González Ureba).

-SÁÑEZ REGUART, A. (1791-95): Diccionario Histórico de los Artes de la Pesca Nacional. Reeditado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 1988

-MIRAVENT Y SOLER (1850): Memoria sobre las pescas que se cultivan en las costas meridionales de España, desde el cabo San Vicente hasta el Estrecho de Gibraltar. Imprenta de D. José Reyes Moreno, Huelva.

-LLORCA BAUS (1988): Almadrabas, salazón y cocina. Edición propia, Alicante.

-SANTOS GARCÍA A. y VELÁZQUEZ-GAZTELU, F. (1988): Conil de la Frontera. Diputación de Cádiz.

-SANTOS GARCÍA, A.  (2005-2006): “Conil en vísperas de la batalla de Trafalgar”, I y II. Boletín La Laja, nº 5 y 6.

(2002): “La pesca en la provincia de Cádiz a mediados del siglo XIX: el Distrito de Vejer y Conil”. Boletín de la Sociedad Vejeriega de Amigos del País, nº 8.

-BURGOS MADROÑERO, M. (2003): Hombres de mar, pesca y embarcaciones en Andalucía. La Matrícula de Mar en los siglos XVIII y XIX (1700-1850). Consejería de Agricultura y Pesca, Junta de Andalucía.

-RUIZ ACEVEDO J.M. y LÓPEZ GONZÁLEZ J.A. (2002): La Almadraba de Nueva Umbría (El Rompido). Ayuntamiento de Cartaya y Caja de Ahorros de Granada.

-MILLÁN CHIVITE, J.L. (1981): “Los inicios de la crisis del antiguo régimen en el estado de Medina Sidonia (1808-1819)”. Gades nº 7.

-CLAVER CORTÉS, M.C. (1987): “Evolución histórica de los Gremios de Mar”. Jornadas sobre economía y sociología de las comunidades pesqueras. Universidad de Santiago de Compostela e Instituto Universitario de Estudios y Desenvolvimiento de Galicia. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

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