CONIL DE LA FRONTERA DURANTE LA GUERRA DE SUCESIÓN 1700-1711 

   Francisco Javier Hernández Navarro

   Francisco Javier Gutiérrez Núñez

   Licenciados en Historia 

  

Vista de Conil y su costa en 1727 (Archivo Ducal de Medina Sidonia)

   

   El siglo XVIII se inicia en España con la Guerra de Sucesión, que enfrentó a las principales dinastías europeas, Austrias y Borbones, por la herencia de Carlos II, muerto sin descendencia el año 1700. Esta guerra fue un largo conflicto por la hegemonía entre las potencias europeas y también, desde 1705, una guerra civil entre los españoles partidarios de Felipe de Borbón o de Carlos de Austria. 

   En Andalucía, que se mantuvo leal al aspirante francés, las hostilidades se iniciaron en 1702, con el fallido intento angloholandés de ocupar Cádiz y el saqueo de algunas localidades de la Bahía. Pero sin duda el hecho más destacado y trascendente fue la ocupación de Gibraltar (1704) y el posterior sitio hispanofrancés a la estratégica plaza (1704-1705), que resultó infructuoso. A partir de entonces, las hostilidades se desplazaron al Mediterráneo, lo que no dio mayor seguridad a nuestras costas. Prueba de ello es el asalto angloholandés a Conil (1707). 

   En este contexto bélico se produjo una gravísima crisis alimentaria (1708-1709) que tuvo una especial incidencia en Andalucía y en la provincia de Cádiz. Desde 1712, cesan las acciones militares, ratificándose el final del conflicto con la paz de Utrecht (1713) y la aceptación de Felipe V como rey de España. 

   En vísperas del conflicto, Conil era una villa fortificada, con castillo, muralla y torres vigías, dedicada a actividades primarias, agropecuarias y pesqueras. Las almadrabas, que le dieron fama durante los siglos XVI y XVII, estaban en decadencia y la población de la villa permanecía estancada, en torno a los 3.000 habitantes (600 vecinos en 1688, según Fray Gerónimo de la Concepción, ó 653 vecinos, según el Censo de 1693).

GOBIERNO MUNICIPAL Y ORGANIZACIÓN MILITAR

    Conil estaba subordinado al corregimiento de Chiclana de la Frontera desde 1626 pero, aunque compartía corregidor, tenía regimiento propio, ratificado cada año por el duque de Medina Sidonia, señor de la villa. El poder municipal de Conil al iniciarse el s. XVIII se componía de un Alguacil Mayor en el cual delegaba el corregidor la gestión del municipio; tres o cuatro Regidores, dependiendo del año, que se dedicaban a organizar y supervisar diversos servicios de la vida social y económica de la villa; dos Alcaldes ordinarios que juzgaban los pleitos civiles y criminales hasta cierta cantidad de dinero; un Síndico Procurador que velaba por la defensa de los intereses de la comunidad; un Depositario General que era el encado del manejo de los caudales municipales; dos Alcaides, ambos con  voz y voto en el cabildo, uno de la torre de Castilnovo, honorífico, y otro de la fortaleza de la localidad, la Torre de Guzmán, cargo en que se proyectaba la organización y la jurisdicción militar de las milicias de la villa; un Padre General de Menores que se encargaba del cuidado de los huérfanos menores de edad; y un Escribano de Cabildo, que durante décadas se compaginó con la Escribanía de número de la localidad y en el periodo estudiado aglutinaba además el cargo de Capitán de Guerra, máxima jerarquía militar de la compañía de las milicias concejiles (ver Apéndice). Estas personas constituían la cúspide de la pirámide social de Conil. También se realizaban nombramientos anuales de los diputados y representantes gremiales locales.

   La organización militar  de Conil constaba de dos companías, una de milicias de infantería y otra de caballería. Contreras Gay define las milicias como una fuerza de gente gratuita o casi gratuita durante el Antiguo Régimen, sin la preparación ni la disciplina o los medios de los ejércitos reales que, sin embargo, jugaron un papel importante en la defensa interior y como reserva de hombres del pueblo llano para la guerra. Su utilización como fuerza complementaria de los ejércitos reales se debió a la escasez de medios económicos del Estado, su bajo coste de mantenimiento y las limitaciones que tenía la monarquía absoluta para hacer frente a la defensa de sus propias fronteras. La compañía de milicias de Conil estaba al mando de un Sargento Mayor y se integraba con otras 3 compañías de Chiclana, formando 4 unidades bajo el mando del Sargento Mayor de la localidad vecina.

   La compañía de caballos, de origen medieval, estaba integrada por los vecinos que superaban una cierta cuantía de bienes, lo que les obligaba a mantener caballos y armas. A cambio se les reconocía el privilegio de la mitad de oficios en el Cabildo municipal y el acceso a repartos de tierras baldías (“caballerías de tierra”). Durante la Edad Moderna fue disminuyendo el número de vecinos que accedían a ella, por elevación de la cuantía exigida, convirtiéndose en un privilegio en posesión de varias familias de las clases altas de la villa, que cubrían sus vacantes. Ello fue causa de irregularidades y corrupción en su gestión y entrega, ya que ciertos vecinos recibían las caballerías de cuantía sin cumplir con los requisitos, en perjuicio de otros vecinos y del propio sistema, pues a menudo incumplían sus obligaciones militares. La compañía estaba bajo el mando directo del Capitán General de las Costas de Andalucía, con sede en el Puerto de Santa María durante la Guerra de Sucesión, y se englobaba dentro de un regimiento de caballería denominado “Provincial de Andalucía” más conocido como de “Cuantiosos”. 

 LA CONTRIBUCIÓN A LA GUERRA, 1702-1707

     A la muerte de Carlos II se intuía el conflicto bélico y el duque de Alburquerque, Capitán General de Andalucía, remitió cartas a las localidades de su jurisdicción, tanto del litoral como del interior, para que estuvieran prestas y organizadas las milicias, que deberían entrenarse realizando algunos alardes los días festivos. En agosto de 1702, el Conde del Valle de Salazar llegó a Conil para pasar revista a la compañía de milicias, pero no hay noticia de que la milicia local saliera con destino a la Bahía, en defensa del Puerto de Santa María, Chipiona y Rota, que sufrieron el ataque y el saqueo de las tropas angloholandesas.

   El 16 de marzo de 1704, el Marqués de Villadarias, nuevo Capitán General de Andalucía, reclamará de nuevo la formación de las milicias de la villa, para salir a la primera orden. El Cabildo trató de eludir el servicio argumentando la escasa capacidad defensiva de la villa y su expuesta situación geográfica: “...a la orilla del mar sin defensa de artillería ni muralla (que) esta confiada a la divina providencia por sus pocos vecinos y menos armas para las urgentes ocasiones que pueden ofrecérsele de invasiones, así de moros... (como) de otros enemigos de esta Corona...”.

    La compañía de milicias estaba formada el 2 de abril con 50 hombres, al frente del Capitán de guerra y escribano D. Francisco de Herrera y Córdoba; el 1 de mayo se recibía orden de no descuidar la vigilancia desde las torres vigías para “descubrir los navíos de corsarios que se hallaren en la costa.

   El enemigo angloholandés rondaba la costa gaditana procurando asestar un golpe en alguna plaza estratégica, lo que finalmente se produjo en agosto de 1704, cuando fue tomada Gibraltar. Tras su pérdida, las tropas españolas intentaron recuperar la plaza, iniciando un largo asedio, en el que participarán las milicias las poblaciones cercanas, como Castellar, y también las compañías de Chiclana y de Conil. Ante la falta de interés del Sargento mayor Juan García de la Suela por ponerse a su frente, estaban capitaneadas por D. Francisco de Herrera y Córdoba y desde el mismo mes de agosto se encontraban en el sitio y bloqueo de Gibraltar, todas ellas bajo el mando del escribano conileño. Pero desde el 5 de septiembre se produce una deserción masiva de estos soldados-vecinos, a pesar de las amenazas municipales de prisión, multas y embargos, pues por no dárseles pagas se vinieron todos los soldados milicianos... dejando solo los capitanes y oficiales en dicho campo”. El 1 de octubre,  dichas milicias fueron retiradas del asedio por orden del marqués de Villadarias, regresaron los pocos soldados que quedaban y el día 7 estaban también en Conil el resto de milicianos locales.

   Resuelto, posiblemente, el problema de la paga, se vuelve a ordenar  su salida el 20 de octubre, partiendo hacia Gibraltar el día 27, tras muchos problemas de alistamiento. 

   En abril de 1705, las milicias de Conil fueron reclamadas de nuevo, ahora por el gobernador de Cádiz, marqués de Valdecañas, para la defensa de la ciudad; pero al poco tiempo, se recibió contraorden  del marqués de Villadarias, para que volviesen a dirigirse a Gibraltar. El cabildo de Conil optó, finalmente, por mandar a Cádiz una compañía de 25 o 30 hombres, que estaban sin el armamento completo, mandándose 3 caballos “por los arcabuces y mosquetes a la ciudad de Tarifa en donde los dejaron los soldados milicianos que salieron de estas a servicio de Su Majestad el año pasado, los que les hicieron fuga y se dejaron dichas armas en el cuartel ”.

   Como ya dijimos, Conil costeaba también una compañía de caballos, integrada en 1702 por 29 soldados. A fines de 1705, la compañía tuvo que ser remodelada, porque sólo quedaban 17 soldados y era necesario cubrir las 12 vacantes. Su capitán era D. Gonzalo de Olmedo Egrúllus y Ormaza, y su teniente D. Miguel de los Rosales.  

 

ALOJAMIENTOS Y CONTRIBUCIONES, CONIL, 1702-1706

Fecha

Concepto

 

Imp.Rv.

Paja

 

12-2-1702

AL

Dos soldados de caballería

 

 

28-2-1702

CO

Por casamiento real

1.060

 

s/f-1702

CO

Tercios provinciales y milicias

660

 

29-6-1702

CO

 

 

150

13-8-1702

AL

Conde del Valle de Salazar y oficiales

240

 

17-10-1702

AL

Una compañía de caballos, gastos en agua y cebada

1.116

 

1-11-1702

1-6-1703

AL

Compañía del capitán D. Alonso Rangel

Cubierto y paja:

½ arroba por caballo/día

5-6-1703

AL

Compañía del capitán D. Pedro Valenzuela

17-6-1703

CO

 

 

8

19-9-1704

CO

Para el asedio de Gibraltar

 

6

19-1-1705

AL

Cuatro compañías de infantería, Reg M.Villafranca

 

 

2-2-1705

 

Tránsito tropas hacia Gibraltar

 

 

26-8-1705

CO

 

 

50

20-1-1706

AL

Dragones franceses

77

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Archivo Municipal de Conil, Libros de Actas Capitulare

   El marqués de Villadarias ponía como condición para su leva que fueran “vecinos de buena edad, aviles todos para montar y mantener su caballo y que tengan algún posible a que recurrir en caso de falta de el servicio”. Costó trabajo completarla, pues algunos soldados quisieron librarse del servicio y lograron ser excluidos, con el beneplácito del duque de Medina Sidonia. Entre ellos, Juan Cortés argumentaba pobreza lo que negaba el cabildo señalando que no era cierto y que además era  mozo de más de treinta años y muy a propósito para servir a S. M.”;  Bartolomé Pantoja alegaba, por su parte, ser recaudador de la bula de la Santa Cruzada, lo que también negaba el Cabildo.

   Para aligerar el proceso y lograr la leva, Villadarias amenazó con el alojamiento de los 40 soldados de la compañía de caballos de Chiclana en las casas de los mismos capitulares. Ante esta amenaza, convertida en realidad el 25 enero de 1706, los capitulares ejecutaron sin dilación la formación de la compañía conileña.

   Además de la aportación de hombres para la guerra estaban las contribuciones económicas, consistentes en el alojamiento de tropas de tránsito en la localidad y en los servicios de carretas y de paja  que debían prestar los pueblos.

  Estas contribuciones de guerra fueron también causa de pugnas continuas entre las entidades municipales y el Capitán General, un  tira y afloja permanente en el que los pueblos  intentaban retardar la contribución exigida, complicando el aprovisionamiento del ejército. Entre 1702 y 1706 se exigieron a Conil diversas contribuciones. Por ejemplo, el 26 de agosto de 1705 se le reclaman 50 carretadas de paja para 3 meses de consumo de las unidades de caballería.

   El cabildo solicitó al marqués de Villadarias su condonación por haber entregado ya cebada a una unidad de Dragones, en tránsito hacia el campo de Gibraltar, unos meses antes. Ante la resistencia y el retraso, el marqués apremiaba al Cabildo el 10 de noviembre, de forma enérgica, exigiendo la pronta ejecución de sus órdenes y recordando que era  obligación del Cabildo forrajear a la caballería que enviase para que descansara en la villa. El Cabildo claudicó y acordó el embargo de varios barcos para enviar la contribución por mar, excusando el retraso del envío de la paja a Gibraltar en “los malos tiempo de vendavales y lluvias”.

    En mayo de 1707, el nuevo Capitán general, Duque de Osuna, ordenó el envío de 3 de las 4 compañías de milicias de Chiclana y Conil a la plaza del Puerto de Santa María, para ponerse a las órdenes de D. Nicolás de Santa María, Coronel del Regimiento de Dragones de Osuna.

   La villa intentó de nuevo evitar el servicio, alegando la pobreza de su vecindario, pero las milicias fueron vueltas a pedir en septiembre, ante los indicios de un posible ataque enemigo a Cádiz. Esta vez el argumento utilizado para evitar el servicio era contundente: Conil había sufrido pocos meses antes un ataque directo de la flota enemiga.

 EL ASALTO ANGLO-HOLANDÉS DE 1707

    Conil era desde comienzos del s. XVI una villa amurallada y, como otros municipios costeros, fue dotándose desde  entonces con una red de vigías para el aviso de ataques y de incursiones de la piratería berberisca, compuesto por las torres del Puerco, Roche, torre Blanca desaparecida) y Castilnovo, comunicadas entre sí y con la Torre de Guzmán en la misma fortaleza de Conil. Pero, como ya vimos, las defensas estaban descuidadas y ruinosas en 1704; tres años después, la situación no había mejorado, lo que provocaba indefensión ante “qualquiera invasión asi de moros como de otros enemigos que ademas de no tener artilleria ni baluartes capaces de poder hacerlo estan arruinadas las mas de las murallas”. 

   En 1707, tras tener conocimiento del desplazamiento de la flota aliada desde el Mediterráneo al Atlántico, se recibe una orden del Duque de Osuna, Capitán General del Mar Océano, instando a que se pusieran centinelas en las torres de la jurisdicción de la villa con las siguientes instrucciones:

  que quanto descubrieran el nº de diez belas hicieran de dia una ahumada y de noche un fuego, que cuando descubrieran nº de 20 belas si fuera de dia 2 ahumadas y de noche 2 fuegos, …30 belas…3 ahumadas de dia…3 fuegos de noche”. Se indicaba también que estuviesen vigilantes de las señales provenientes de las torres de las poblaciones vecinas, desde Tarifa a Chiclana.

   En mayo de 1707 Conil sufrió el ataque directo de varios navíos angloholandeses participantes en el bloqueo que sufrían las costas gaditanas. Todo ocurrió cuando un barco de aviso procedente de Indias embarrancó en la playa del Palmar. La descripción de los hechos la conocemos por la contestación a una Real Orden para un pago extraordinario del cual se libraban aquellas villas que habían sufrido el impacto directo de las acciones enemigas, y es esta:

    “Aviendo el enemigo invadido esta villa el dia 15 de maio …pasado con tres navios que se acercaron a tierra siguiendo el aviso que venia de puertovelo que embarrancaron en esta costa y quemaron las almadrabas del Exº Sr Duque de Medina Sidonia dueño de esta dicha villa y la cañonearon y maltrataron sus casas que obligo a las mujeres y niños a salirse a los campos con gran desconsuelo sin poderlas socorrer hallándose esta villa en el riesgo de ser saqueada respecto aber cogido asercarse por dos veces los enemigos que estavan en tierra tanto a ella que llegaron a tiro de fusil y que no pasaron adelante por aberles salido algunos hombres de caballo quienes les mataron y no que se adelantara mas cuia acsion y el pronto socorro que vino de las villas de Bejer y Chiclana de mucha gente armada, la qual vieron entrar los enemigos en esta dicha villa con cuio motivo les obligaron retirarse a la orilla del mar  y que sacaron la embarcación a la pleamar como a la una de la madrugada y que el fuego de dichos navios duró desde las doce de el dia 15 de mayo hasta la una de la madrugada del siguiente dia que se fueron llevándose la pressa, como subseso”.

 

PADRÓN DE CONIL, AÑO 1708

MILICIAS

CABALLERÍA

4

Capitanes de infantería

1

Capitán de caballo  rf.

2

Alféreces de infantería

1

Alférez Mayor, capitán de caballos

1

Sargento Mayor

2

Tenientes de caballos

1

Sargento de las milicias

3

Alféreces

2

Sargentos

3

Sargentos de caballos

1

Sargento rf.

28

Soldados de caballo

2

Ayudantes de Sargento mayor

 

OTROS

12

Cabos de escuadra

1

Requeridor de torres

 

 

3

Centinelas de torres

rf=

Reformado

6

Artilleros

 

 

 

 

 

Fuente: Archivo Ducal de Medina Sidonia, Leg. 1050.

    Así pues el ataque, de más de doce horas de duración, se saldó con el bombardeo de la población, el incendio de la almadraba y la captura del navío español.

   Pero la defensa realizada por las milicias de Conil, Vejer y Chiclana, que aportó 400 soldados, logró impedir el saqueo de la villa. El duque de Medina Sidonia puso los hechos en conocimiento del Rey, que ordenó al Capitán General  “no se sacasen a las milicias desta villa... (por) el riesgo que tiene por su situación”. Así, cuando en mayo de 1708 fueron reclamadas de nuevo las milicias, volvió a alegarse el ataque de mayo como argumento.

   Poco después del asalto, en enero de 1708, se realizó un padrón que ofrece interesantes datos sobre la organización militar de Conil por esas fechas, que no coinciden con los que ofrecen las Actas capitulares para los años anteriores. El número de oficiales y suboficiales que ofrece el padrón nos parece muy abultado en relación con los pocos vecinos que podían servir en las milicias concejiles y en la caballería local y parecen el resultado de una reorganización militar tras el desgraciado suceso de 1707.

   También parece que a partir del asalto el cabildo cuidó más la defensa de la villa y acordó poner artilleros y  centinelas en dos rondas diarias en las torres de la playa y del pueblo, cuidando su paga, para que se mantengan “estos ejersisios por lo mucho que importa a esta villa para la guarda y riesgos de los enemigos infieles”.

LA CRISIS DE SUBSISTENCIA DE 1709 

   En este contexto bélico se va a producir, en el año 1709, una grave crisis de subsistencias, que afectará a toda Andalucía y que tiene su origen en la carestía originada por la guerra y en las cortas cosechas de los años anteriores.

El invierno de 1708-1709 fue muy frío y lluvioso, lo que provocó la pérdida de las cosechas y una importante subida en el precio del trigo, dando lugar a una gran hambruna en 1709.  La crisis humanitaria derivada de esta situación alcanzó su cenit de muerte y devastación en los meses estivales. La presión fiscal y las contribuciones económicas de guerra habían mermado previamente los escasos recursos municipales, cuyos pósitos y graneros que se encontraban desabastecidos.

    El Cabildo municipal de Conil explicaba muy bien la situación que atravesaba la villa cuando las autoridades militares de la Capitanía del Mar Océano solicitaron alojamiento para una compañía de caballos durante el mes de julio de 1709, en el momento álgido de la crisis: “…no se halla en esta villa grano de sevada poque la poca que ubo luego de que se cojio, se molio para comer por hallarse esta villa mucha necesidad y por haberse estado manteniendo toda su vecindad con pan de saina [pan negro de ínfima calidad] de cuio alimento se an cojido muchas enfermedades que aun se continuan sin aver sepulturas en las iglesias para enterrerarlos, a que se llega la corta cosecha de trigo”.

    Los datos de los libros sacramentales de la parroquia de Santa Catalina revelan la cruda realidad de los años de conflicto y el fuerte impacto demográfico de la crisis.

   La situación empezó a empeorar cuando en 1708 se enterraron 79 personas, cifra que ascendió a 130 en el fatídico año de 1709 (cuando la media de enterramientos de años anteriores no superaba los 29), sin contar a los recién nacidos fallecidos. Entre los muertos, 78 eran mujeres, sobre todo viudas. Como es lógico, el nacimiento de nuevos habitantes se resintió, habiendo sólo 63 bautismos ese año, cuando la media anual era de 133. 

   La reacción del cabildo de Conil ante esta situación límite fue poco previsora, además de lenta y tardía. Hasta 1710 no empezó a arrendar las dehesas y otros terrenos concejiles para permitir a los habitantes más pobres la subsistencia, al contrario de lo ocurrido en otras localidades gaditanas.

   Por ejemplo en Tarifa, que ya realizaba estos repartos de tierras desde años atrás y donde, durante la peor etapa de carestía alimenticia, se plantó saína en los terrenos comunales perdidos de trigo y se amplió el arriendo de tierras comunales.   

   Otro ejemplo, a modo de comparación, es la vecina población de Chiclana. Allí también se  sufrieron los devastadores  efectos del año 1709, pues hubo 538 fallecimientos (cuando la media anual de años anteriores era de 117) y sólo 127 nacimientos (cuando la media anual era de 211). Pero las autoridades municipales realizaron actuaciones para paliar la crisis alimenticia del verano de 1709. 

    Ya en febrero se advertía del grave déficit alimenticio de la población, dado que se carece de trigo por las malas cosechas y está el lugar mui nesecitado y manteniéndose con pan de saina de que redundan graves enfermedades por cuia razón se acordó se saquen del pósito 30 fanegas de trigo y que se muelan y vendan en pan a los vecinos y con su producto al tiempo de la cosecha se rreintrega a dicho pósito”. En mayo, el cabildo decidió que “100 pesos del caudal del trigo que se a vendido, se de a los labradores desta villa y se repartan a pagarlo el berano al presio que corriere siendo de buena calidad… y otorgando escriptura para la paga y dando prenda y que la mayor cantidad que se diese y repartiese de 200 reales…”.

   Estas medidas no impidieron el hambre y en agosto la situación llegó a ser dramática, por lo que se decidió comprar 9.000 reales de trigo en Jimena de la Frontera. En respuesta a una solicitud de nuevos soldados por parte del Asistente de Sevilla, unos meses después, el cabildo informaba que “a causa de la cortedad de vecindad que se compone de poco mas de 200 vecinos siendo los mas mui pobres sin tener medios para valerse y otros hallarse sirviendo a Su Magestad con plazas de soldados de caballo, y que los pocos mozos que ay se han ausentado. Así pues, la población de Conil tocaba fondo.

  

LOS AÑOS FINALES DEL CONFLICTO, 1710-1711

 

  La indefensión de la villa continuó en 1710: la muralla de Conil seguía sin reconstruirse, aunque la dotación de artillería se había ampliado o renovado tras el asalto de 1707, pues el duque insta a que se nombren dos vecinos capaces de servir las plazas de artilleros del canon de artillería que esta montado en el castillo de esta villa en ínterin que el duque les despache titulos de tales”.

   La última noticia del periodo es el aviso de que estuvieran organizadas las milicias en mayo de 1711 aunque, esta vez, es el propio duque de Medina Sidonia quien remite una carta negándose a que éstas salgan de la villa; inmediatamente, el 27 de mayo, el Capitán General envió una compañía de caballos a modo de presión y para aligerar los reemplazos que se debían en la compañía de “cuantiosos”,  para que se alojasen en la villa mientras no se “rreglasen los sinco caballos que le faltan a los 28 de dotación en que a quedado la compañía de esta villa”, con orden de que se hallen prestas para cuando se les necesite. 

 Es decir, las presiones y apremios militares continuaron hasta el final de la contienda.

   

CONCLUSIONES

 

   La guerra supuso una importante sangría demográfica para la villa, que se puede cuantificar.

   Las Actas capitulares de 1706 dan la cifra de 270 vecinos y las de 1710 hablan de sólo 200; por su parte, el padrón de 1708 da la cifra de 307 vecinos. Según estos datos, en los años finales del conflicto la población de Conil se había reducido en más de la mitad en relación con los datos del censo de 1693. Pero es muy probable que estos datos, de origen municipal, presenten una importante ocultación de población, para disminuir el reclutamiento, proporcional a ella, y reducir las cargas económicas de guerra. En todo caso, el descenso continuado de vecinos y habitantes, mayor o menor, temporal o definitivo, parece evidente y debió iniciarse desde el principio mismo de la contienda.

   No olvidemos que desde 1702, por miedo a una invasión angloholandesa, una parte considerable de la población de los municipios costeros gaditanos abandonó sus hogares para refugiarse temporalmente en villas y ciudades del interior. Y es de suponer que el fenómeno se repitiese tras el asalto de 1707. A ello habría que sumar los desertores, los huidos y las muertes (en combate, por penalidades o por hambre, con un máximo en 1709). La sangría de hombres y de mozos jóvenes en edad de procrear repercutió en una continuada disminución de nacimientos entre 1701 y 1709, como puede apreciarse en la gráfica. Los nacimientos y matrimonios sólo se recuperan desde 1710-1711, y la mortalidad se mantuvo alta hasta 1712.

   Otra consecuencia de la guerra fue el empobrecimiento del municipio. Los años finales del s. XVII no debieron ser buenos y a ellos siguieron diez largos años de guerra. La presión fiscal se fue incrementando durante el conflicto (alojamiento de tropas, servicios de paja, contribuciones económicas diversas).

   A ello hay que sumar la destrucción material (bombardeo de 1707) y la disminución del número de brazos, todo lo cual debió repercutir también en un empobrecimiento de las familias. En resumen, la Guerra de Sucesión tuvo consecuencias muy negativas para Conil pues supuso un importante descenso de la población de la villa y un grave empobrecimiento del municipio y sus habitantes.

  


Documentación y bibliografía

 

-ARCHIVO MUNICIPAL DE CONIL DE LA FRONTERA, Actas Capitulares, Lib. 8, 9 y 10, comprendidos entre las sesiones de 14-XI-1700 y 17-VI-1711

-ARCHIVO PARROQUIAL DE SANTA CATALINA (Conil de la Frontera): Libro de defunciones nº 1 (1690-1720); ff. 88-199. Libros de Bautismos, nº 9 (1686-1701), f.152v-ss.; y nº 10-11 (1702-1714). Libro de Matrimonios nº 6 (1694-1704), f.90-ss.; nº 7 (1704-1716), ff. 1-167.

-ARCHIVO MUNICIPAL DE CHICLANA DE LA FRONTERA, Actas Capitulares, caja nº 5: Libro de Actas Capitulares (1705-1708) y Libro de Actas de 1709.

-ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL, Secc. Nobleza, Osuna, doc. 127 (32): Descripción de los Estados del Excmo Señor Duque de Medina Sidonia, Conde de Niebla y de los lugares comarcados.

-ARCHIVO DUCAL DE MEDINA SIDONIA, leg. 1050. Padrón de la villa de Conil, hecho el 18 de enero de 1708, por orden de S.M., que consta de 307 vecinos, inclusos eclesiásticos y exentos.

-ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE CÁDIZ, Protocolos de Conil,.

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