EL LITORAL ATLÁNTICO DE CÁDIZ DURANTE LA DOMINACIÓN ISLÁMICA

   Ramón Fernández Barba

   Licenciado en Historia 

  

  

INTRODUCCIÓN 

   Desde las primeras relaciones comerciales fenicias, que introdujeron esta zona en el mundo conocido de las grandes civilizaciones de la época, el litoral gaditano ha jugado un papel de intermediario y canalizador de los productos y pueblos que se encontraban en Occidente. Así Gadir, y luego Gades, la actual Cádiz, debieron su riqueza a ese papel de salida al exterior de las ricas comarcas del interior, ya se llamaran Tartessos o Betica. Esto es así porque las enormes riquezas que afluían desde Occidente a Levante no se originaban, en la mayoría de los casos, en las comarcas más inmediatamente cercanas a la costa. Como ejemplos, baste citar los minerales, provenientes en su mayoría de Sierra Morena o aun más lejos, de la Ruta del Estaño o el aceite del curso medio y alto del Guadalquivir. Las ciudades del litoral sólo producían una mercadería de valor para el comercio, el garum, una salsa preparada en base al atún, que era considerada como un bocado de gourmet. Aunque importante como parte de las transacciones comerciales, su papel en la dieta habitual era nimio, al ser un artículo de lujo y no ser el pescado parte habitual de la dieta fuera de las propias costas.

   Antes de la crisis del siglo III, tenemos un paisaje típico del mundo romano, con unas ciudades que concentraban el poder político y cultural y unas propiedades rurales que las alimentaban, en manos de las clases altas urbanas. La expresión arqueológica de esta relación la podemos ver en las construcciones clásicas romanas, que podemos encontrar en Cádiz o en Bolonia, donde se instaló una ciudad que experimentó una época de bonanza basada en la preparación y comercialización del pescado, especialmente el atún rojo, al igual que en el alto número de villae o grandes propiedades agrícolas que estructuraban la producción agrícola.

 

LA ALTA EDAD MEDIA 

   En este contexto, la crisis del siglo III supuso un verdadero mazazo para la vida urbana en esta zona, ya que al reducir drásticamente las pautas de consumo y comercio, provocó el hundimiento de la red urbana existente, aunque no la desaparición de las ciudades. Por un lado persistieron los núcleos antiguos, aunque reducidos y degradados, según la óptica romana, como se puede ver en las ruinas de Baelo Claudia, donde la trama urbana sufrió una fortísima mutación, aunque no podemos conocer los detalles de este proceso.

   En Gades, metrópolis de la costa, la situación se conoce un poco mejor, ya que la aristocracia enriquecida por el comercio invirtió en tierras, que “dignificaban” sus riquezas y aseguraban su acceso a la clase dirigente del imperio, convirtiéndose de esta forma en aristocracia. Dado el carácter insular de Gades, las compras de tierras se realizaron en las fértiles tierras agrícolas de la campiña, especialmente en torno a Medina Sidonia, un proceso bien estudiado en los últimos años.

   Al quedar fuertemente dañado el sistema que permitía a las ciudades costeras mantener su opulencia con el abandono de las clases altas y la decadencia del comercio, Gades se convirtió rápidamente en un enclave casi desierto, condición en la que permanecerá durante muchos siglos.

   La inseguridad creciente que fue parte de la crisis general del siglo III, con incursiones bárbaras cada vez más dañinas,  hizo más atractivas las posiciones fácilmente defendibles, como el cerro sobre el que se asienta Medina Sidonia, facilitando el despoblamiento de la costa. En torno a los grandes propietarios se fue apiñando una población que necesitaba protección contra las amenazas externas e internas, modificando de forma fundamental las estructuras demográficas de lo que hoy es la provincia de Cádiz.

   La nueva estructura, que dura básicamente desde el siglo IV hasta el X, se caracteriza por una sociedad de tipo feudal o proto-feudal, con una aristocracia dominante  y que gravita en torno a las zonas de cultivo más importantes (Campiña de Medina, Valle del Guadalete), fuentes del poder de los señores.

   En general, la costa quedó escasamente poblada y con una economía cercana a la subsistencia, basada sobre todo en la agricultura. Aunque se instalaron contingentes militares árabes en el 741, su implantación debió de producirse especialmente en el rico y resguardado interior. Sólo en un caso podemos apuntar un asentamiento que, quizás, corresponda a este momento.

   Es la pequeña aldea agrícola de Benafoçin, según consta en el repartimiento de Vejer del siglo XIII,  y que se ha interpretado como un nombre perteneciente a un clan o gran familia de origen árabe. En cualquier caso, el carácter aislado del ejemplo y su situación kilómetros tierra adentro remarcan el desinterés de los árabes por esta zona. El centro político de la región, ya desplazado al interior desde el siglo III, se aleja aun más de la costa a partir del siglo IX, cuando la capital pasa de Asido (Medina Sidonia) a Qalsana (zona de Arcos de la Frontera), probablemente una población de nuevo cuño de carácter “islámico”, es decir, no feudal y vinculada al poder omeya. De nuevo en este caso la seguridad juega un papel importante, al haber sido Medina arrasada por los vikingos a mediados del citado siglo IX.

   Este es un panorama equivalente al de las restantes zonas atlánticas de al-Andalus, abatidas por el fin del mundo comercial antiguo. Si acaso, la fachada marítima  al sur de la desembocadura del Gualdaquivir sufrió un mayor golpe, ya que su especialización había sido muy grande. Por eso, cuando desde el siglo IX, o puede incluso que antes, las relaciones comerciales, la navegación y las poblaciones costeras comenzaron a salir de su prolongado letargo, el litoral entre el Estrecho y el Guadalquivir permaneció estancado, datándose su renovación en fecha posterior. Y sin embargo, parte de los hechos que motivaron un nuevo interés del poder central por las costas se repitieron en la zona, como el ataque de los vikingos, que llegaron a saquear Medina Sidonia. Pese a que estos hechos tuvieron el efecto de una llamada de emergencia para el emir cordobés, las primeras muestras de dinamismo en las zonas costeras datan del periodo final de la fitna, o guerra civil, a comienzos del siglo X. Vejer hubo de ser sometida al poder de Abd Al-rahman III, lo que indica la existencia de una ciudad fortificada, que controlaba el estuario del río Barbate.

   También de la misma época data la construcción de un alminar en Medina Sidonia a nombre del primer califa omeya de al-Andalus, lo que implica una creciente islamización de la comarca, al tiempo que un esfuerzo de proselitismo por parte del gobernante. Otro ejemplo lo aporta el primer resto conocido del Cádiz islámico, un capitel de mármol de la misma época.

   Aun así, cuando se produce la ruptura del califato, el núcleo del que depende el territorio que nos ocupa es Arcos de la Frontera, una fortaleza inexpugnable, que controla el curso medio del principal curso de agua, el Guadalete, no muy lejos de la anterior capital, Qalsana. Esto contrasta enormemente con el resto de reinos creados en el Garb al-Andalus, la zona más occidental de la península Ibérica, todos con clara vocación comercial y litoral, como Saltes, Silves, Mertola, Santa Maria del Algarve o Sevilla, heredera de parte de la flota califal. 

 

  RESURGIMIENTO Y ESPLENDOR (SIGLOS XI-XIII)

    Cuando el efímero reino de Arcos (1012-1068) pasó a manos de la dinastía sevillana de los abbadies, en el año 1068-69, el litoral gaditano cobró una mayor importancia, ya que desde 1055 Algeciras también pertenece al reino hispalense, al igual que todo el litoral desde el Alentejo portugués hasta la Costa del Sol.

   El estrecho de Gibraltar y sus espacios aledaños se habían ido convirtiendo en un campo de batalla clave desde los tiempos de Ibn Hafsun, un importante rebelde del siglo IX, y al quedar las costas gaditanas convertidas en el camino ineludible entre Sevilla y la estratégica zona del estrecho, estas experimentaron un mayor interés por parte de comerciantes y gobernantes. Según Sevilla se convierte en el centro de al-Andalus, las rutas comerciales modifican sus recorridos, beneficiando de múltiples formas la economía y demografía gaditanas. Este panorama no se modificara hasta la conquista de Alfonso X, salvo para acentuarse con el auge de Jerez, ciudad agrícola pero accesible en barco, y el resurgimiento de Cádiz,  puerto vinculado a las flotas almorávide y almohade. Igualmente, Vejer experimenta un importante crecimiento y se convierte en una pequeña ciudad, con la ruta Magreb-Sevilla transformada en el cordón umbilical de los sucesivos imperios norteafricanos y el eje político-comercial más importante de todo el Occidente musulmán.

   La economía se expande, y reaparecen, al menos a gran escala, las especializaciones que fueron habituales en la antigüedad, como las almadrabas y las salazones. Los ríos ejercen un creciente papel como rutas de distribución de personas y de productos, incluso los más pequeños, que si no son navegables, ofrecen un fondeadero seguro y una vía fácil de penetración hacia el interior, como le ocurre al Salado y sobre todo al Barbate.

   El momento de mayor prosperidad y tráfico en la zona se corresponde con los siglos XII y XIII, en que las relaciones entre ambas orillas del Estrecho de Gibraltar alcanzaron su máxima intensidad. Sevilla se convirtió en una metrópoli del mundo musulmán al nivel de las grandes del pasado, como Córdoba o el Cairo. A un nivel más humilde, la mayoría de las ciudades costeras alcanzaron su máxima expansión urbanística y poblacional desde la antigüedad.

   En la provincia de Cádiz, este proceso incluyó a Jerez, Puerto de Santa María, Cádiz, Vejer y Tarifa. Probablemente la población no urbana también hubo de aumentar, lo que incluye el término municipal de Conil.

   Desgraciadamente, contamos con escasos restos que nos ayuden a precisar algo más sobre estas centurias para un territorio tan concreto y limitado. La vida urbana no reaparece hasta bien pasada la conquista cristiana, pero eso no significa que no hubiera asentamientos ni que no sucedieran cambios importantes, aunque permanecen envueltos en la falta de información e investigaciones. A mediados del XIII, es decir, justo antes de la invasión castellana, conocemos cuatro asentamientos que nos permiten afinar algo más nuestro relato.

   El primero de ellos, el antiguo núcleo de Conil, posteriormente trasladado al margen derecho del río, para ofrecer mayor seguridad, aparece junto con muchos restos de origen romano, especialmente ánforas dedicadas al transporte de salazones (FOTO 1).

 

Foto 1: Alquería de Conil

   Esto parece indicar que existió algún tipo de explotación comercial de este verdadero producto estrella de la costa gaditana, conocido y apreciado en todo el mundo mediterráneo.

   De nuevo en el siglo XIII, en los documentos generados por los castellanos para repartirse los territorios recién conquistados y tras la expulsión o huida de la inmensa mayoría de la población musulmana, aparece mencionada como almadraba, lo que debe obedecer a su uso en un momento inmediatamente anterior. 

   Sin embargo, no se han detectado restos de los momentos intermedios, desde el siglo III al XI-XII. Quizás el asentamiento existió pero su actividad hubo de cambiar completamente, o quizás se reocupó un lugar privilegiado junto a la desembocadura del río, siguiendo la tendencia apuntada anteriormente. Es en el documento del repartimiento de Vejer de 1288 donde aparece por primera vez el nombre de Conil, desconociéndose a  ciencia cierta su significado, aunque si parece claro que debe de tratarse de un nombre ya existente en épocas previas a la conquista del siglo XIII, probablemente modificado al transcribirse al castellano.

   Sobre su origen, por lo tanto, no podemos avanzar nada mas que lo aquí mencionado.

   Otro de los lugares con presencia musulmana en el término municipal de Conil se encuentra sobre el río Salado, frente al actual puente por el que cruza la carretera hacia el Palmar, y de nuevo encontramos una gran cantidad de restos romanos y de la ultima época musulmana, similares a los de La Mesa, la alquería cuyo nombre original era Benafoçin, aunque aquí, el nombre que se conservó (Mexinas, procedente de Messius, hipotético propietario romano) apunta a la existencia de una propiedad vinculada a la vivienda de algún potentado. 

 Foto 2: Alquería de Mexinas

     Este asentamiento debió sacar un importante partido de su situación sobre el estuario del Salado, con fácil acceso al mar y sus recursos, pero al mismo tiempo con fácil acceso a buenas tierras de labranza. (FOTO 2)

   Igualmente ocurre en el tercero de los asentamientos, Marchenilla, estratégicamente ubicado sobre una pequeña elevación que domina el vado de las matanzuelas, al NW del actual casco urbano, que carece de presencia previa demostrada. (FOTO 3)

 Foto 3: Alquería de Marchenilla

  En esta alquería destaca la existencia de una torre de época moderna en la cúspide de la pequeña loma sobre la que se asienta que podría estar sustituyendo a una anterior, como ocurre en otras alquerías de la zona como La Mesa y que podría ser indicio de la existencia de una propiedad privada o “señorial”, ya que es un elemento que suele ir vinculado a la existencia de un propietario único o principal. (FOTO 4)

 Foto 4: Vista de la torre de Marchenilla

 Finalmente, la alquería de Overas es la más claramente vinculada al mundo agrícola, al estar varios kilómetros tierra adentro, aunque cercana al Río Salado, lo que facilitaría sus comunicaciones con el exterior. Parece ser el mas reciente de los enclaves conocidos, no existiendo restos anteriores al siglo XIII, aunque si sabemos de su existencia bajo dominio musulmán.

Su nombre parece vinculado a la ganadería, especialmente el ovino, aunque su nombre, claramente de origen latino o castellano, nos deja la incógnita sobre su origen y función. Puede que deba ser puesta en relación con el auge de la ganadería que vivió toda la zona de frontera entre los siglos XIII y XV (FOTO 5)

 Foto 5: Alquería de Olvera

   Finalmente, aunque no se hayan encontrado restos claramente relacionados con el papel de Conil como parte de las rutas marítimas, la desembocadura del Salado aparece claramente citada como fondeadero, en las rutas que unían el Mediterráneo con Sevilla y el Garb al-Andalus. Esta circunstancia debió ser de gran importancia para los habitantes de las cercanías, al menos las dos primeras aldeas citadas, que debieron encontrar en estos barcos gran numero de posibilidades comerciales a pequeña escala, aunque verdaderos mercados solo se encontrarían en las medinas o ciudades, como Vejer o Yazirat Qadis, el nombre musulmán de Cádiz.

   Estos ejemplos parecen dejar claro que cuando llegan los castellanos, el territorio de Conil, como el del resto de la fachada atlántica gaditana, está viviendo un momento de expansión, cuando no de auge. El crecimiento y reorganización de la navegación por el Atlántico han provocado un desarrollo y una estructuración creciente de esta comarca para responder a los nuevos retos y aprovechar las oportunidades, dinámica que queda truncada con la conquista cristiana, pero que demuestra ser la verdadera vocación de estas tierras, como se descubrirá de nuevo con el descubrimiento de América.

 

CONCLUSIÓN

    Aunque las dificultades para el conocimiento de las zonas rurales durante el periodo islámico impiden conocer en profundidad el devenir de la población de lo que hoy es Conil y deja una serie de interrogantes importantes, como el ritmo de islamización, el estudio de zonas mas amplias, en este caso el territorio que dependía de Vejer de la Frontera y, en general, el litoral atlántico gaditano, nos permite comprender unas pautas y tendencias que son de aplicación al territorio conileño.

   La deseable profundización en estos estudios, con mucha labor aun por realizar, no podrá dejar de dar sus frutos.

   Por ello, seria deseable que se procediera a la excavación sistemática de parte o la totalidad de los asentamientos aquí mencionados, ya que los datos obtenidos lo han sido únicamente a través de prospecciones superficiales.

   De esta forma podremos comprender mucho mejor cómo se desarrolló la vida de los habitantes de estas tierras, especialmente durante esa etapa escasamente conocida que se extiende desde la época romana hasta el siglo XII.


Bibliografía  

Acién, M.: Entre el feudalismo y el Islam. Umar ibn Hafsun en los historiadores, en las fuentes y en la historia. , Jaén, 1994.

Bazzana, A. y Cressier, P.: Shaltish / Saltes (Huelva). Une ville médiévale d’al-Andalus. Casa de Velázquez.. Madrid, 1989.

Cavilla, F.: La cerámica hispano-musulmana de Beca. Los Caños de Meca, Barbate, Cádiz. Cádiz, 1992.

Dominguez-Bella, S. y Ramos, J.: “Estudio arqueométrico de las cerámicas islámicas del yacimiento de LA Mesa (Chiclana de la Frontera, Cádiz, España)” ADECAP, Vol. IX, Oporto, 2000

Fernández, R.: Aporte de La Mesa (Chiclana de la Frontera, Cádiz) al estudio de la cerámica islámica del Garb al-Andalus. Universidad de Cádiz, Cádiz ,2006 (En prensa).

Fernández, R.: “La campiña litoral gaditana en la Edad Media: una aproximación al poblamiento islámico” Revista Atlantico-Mediterranea de Prehistoria y Arqueología Social, IV, pp. 477-486., Cádiz, 2003.

Ladero, M.A. y González, M.: “La población en la frontera de Gibraltar y el repartimiento de Vejer (siglos XIII al XIV)”. Historia, Instituciones, Documentos, 4, pp. 199-316., Sevilla, 1977.

Padilla, A.: “La transferencia de poder de Gades a Asido. Su estudio a través de la perspectiva social”. Habis, 21, pp. 241-258. Cádiz, 1990.

Picard, C.: L’ocean atlantique musulman de la conquête arabe à l’époque almohade. Navigation et mise en valeur des côtes d’al-Andalus et du Maghreb occidental (Portugal-Espagne-Maroc). Maisonneuve et Larose, Paris, 1997.

Ramos, J. et alii: Excavaciones arqueológicas en La Mesa (Chiclana de la Frontera, Cádiz). Aproximación al estudio del proceso histórico de su ocupación. Campaña de 1998. Ayuntamiento de Chiclana, Universidad de Cádiz, 1998.

Sillières, P.: Baelo Claudia, una ciudad romana de la Bética. Junta de Andalucía-Casa de Velázquez. Madrid. 1997.

imprimir esta página

cerrar