MI PUEBLO

  Juan Antonio Gotor de Astorza

 

Paseo por las calles de mi pueblo en el mes de noviembre, diciembre... en el mes de enero. No me sorprende su deterioro. ¿Cómo se puede haber llegado a este extremo? Del estrés, la incomodidad y del delirio esquizoide del verano, pasamos a la quietud de un cementerio en el otoño-invierno. La cara y cruz de una moneda. En agosto: La invasión. En enero: La desolación. ¿Qué ha pasado? ¿Qué han hecho? ¡Está muerto! Y no me digan que es la nostalgia de la mocedad, que son los años que nos hacen ver las cosas de distinta forma, porque no. Decía Lao Tse –sabio chino- que “hay que ser como el agua, que toma la forma del vaso que la contiene”. Y señores míos ¿qué vasija han modelado? Que así estamos, como gotas dispersas... 

Cuando alguien visita una ciudad o un pueblo, lo primero que hace es preguntar, o dirigirse siguiendo las indicaciones, al casco antiguo. Allí espera encontrar -y de hecho se encuentra- la actividad ciudadana, tanto social, como cultural, como comercial: tiendas, bancos, mercado, salas de exposiciones, edificios administrativos.... Excepto aquí. Y antes, por mucho que quieran convencerme, no era así.  

“El vídeo mató a la estrella de la radio...”. Me viene a la cabeza el título de esta canción. ¿Será por algo?. Me decía un “autóctono” que el paseo marítimo empieza en el Arco. Otro, también “nativo”, que deberían poner un Portón y cerrar el pueblo “viejo” como hacen con Isla Mágica... ¡Un negocio de temporada! 

Son tantos y tantos los “oriundos” que se quejan, pero que no hacen nada. Y nosotros, un grupo de “invasores” y algún “endémico” comprometido, los que intentamos mediar en temas que, como éste, repercuten en todos. Pero aquí, si eres “de fuera” y acatas, eres muy bueno. Y ya si encima traes dinero para invertir en hoteles, urbanizaciones... ¡Eres un Dios! ¿Y qué sucede si dices, por ejemplo, que este hotel está mal puesto, que no tiene que ir ahí, que debe ponerse en otro sitio o no ponerse? Pues irte. Lo que tenemos que hacer si no nos gusta es irnos. ¡Vete a Rusia!, decían en otro tiempo a los que criticaban al régimen. 

Reza en un “mural cerámico”, situado en el paseo marítimo, la siguiente leyenda: “Conil, municipio sin fronteras...” ¿Para los promotores? Porque está visto cual es el deseo para los que nos quejamos -legalmente y dentro de un marco democrático-. Me resulta hasta divertido que sean algunos de los que estuvieron presentes en el descubrimiento de la placa los que se expresen en esos términos. Más allá de la paradoja, me sorprende la intolerancia. Nosotros, ciudadanos censados, que no nacidos, tal vez estuvimos predestinados a vivir aquí con la única intención de “dar por saco”. Razón por la que no cabemos en ninguno de esos azulejos. 

Y sepa esta “corte”, que las cosas vistas “desde fuera” se ven mejor. Que fue la visión foránea la que en su día salvo de las aguas El Valle de los Reyes, en Egipto. Que fueron ojos cristianos los que salvaron la torre Almohade de la Giralda: “Que por ladrillo quitado, cabeza caería...”. Y que precisamente, aquí, hoy, en nuestros días, ha sido uno “de fuera” el que ha hecho posible que existan en la actualidad proyectos de rehabilitación y revitalización de la Chanca. Que cuando la sombra del derribo y de  la posterior urbanización acechó al conjunto en cuestión, movió Roma con Santiago para que fuera declarado BIC (Bien de interés cultural). A partir de ahí, actuaron los políticos. Y que fue ese mismo, el “de fuera”, el que recientemente ha hecho posible que uno de los yacimientos más importantes de Andalucía, del Paleolítico Superior (Solutrense), no sea abatido por las excavadoras que a escasos metros trabajan en la zona conocida como “El Campo del Sueco”. Allí, sobre la Fontanilla, ya hace veinte mil años, veían pasar los atunes... Un extraño ha venido a molestar, a fastidiar... El tiempo, el único factor que dispone de la llave de la verdad, algún día la hará pública.  

A veces reconozco que tengo ganas de tirar la toalla y si no lo hago es porque, de repente, se me conectan los circuitos. Se  enciende una luz que me hace ver cuales son mis derechos y mis deberes como miembro de esta comunidad. Que son quince años recibiendo, dando, compartiendo. ¡Si!. Soy como un árbol transplantado que ha cuajado. He “agarrado” bien. Encontré, que no descubrí –actitud que traen muchos creyéndose “Pizarros” o “Aguirres”- un lugar donde formarme, y tal vez deformarme - no lo descarto, pero lo combato- , donde vivir y, si me dejan, morir -opción ésta que en ocasiones es factible-. Sencillamente encontré entre las páginas de un inmenso Atlas un pequeño rincón en el mundo en el cual decidí quedarme. ¿Y saben por qué? Por sus cualidades: su calidad de vida, el carácter alegre de su gente, la belleza de su entorno... ¡Esto sí que empieza a ser nostálgico! 

¿Se dan cuenta de lo que estamos perdiendo? Y no hablamos de modos de vida o tradiciones, que no soy de los que creen que cualquier tiempo pasado fue mejor. El mejor es ESTE. Siempre ESTE.  Pero claro, pongan de su parte, porque si no es muy difícil. ¿Son conscientes de que estamos importando los inconvenientes que ofrecen las ciudades y que, para beneficiarnos de sus ventajas, tenemos y tendremos que seguir saliendo por la Casa de Postas? Cines, teatros, superficies de ocio y comercio, hospitales… no pueden mantenerse con tres meses de vida al año. Y me temo que las características climatológicas de la zona en invierno, con altos índices de humedad y vientos muy desapacibles...  no son idóneas para acabar con la estacionalidad, y más teniendo el Mediterráneo al lado, con  inviernos mucho más suaves y benévolos. 

Por otro lado, me gustaría puntualizar que  el anhelo por ser urbanitas conduce a ser “clones” de cualquier otro lugar. Todo se está convirtiendo, como dice un amigo, en un “Chichinabo”, perdónenme la palabra. Ni pueblo, ni ciudad. Y no se empecinen en explicarme y marearme con la excusa, siempre estúpida, de que así es el desarrollo –el que se han propuesto- porque no pienso participar de esta concepción fácil y cómoda. Tenemos que reivindicar las utopías, fundamentos, bases firmes del progreso. Hay que vencer el conformismo para avanzar. Pues resignarse supone una especie de autocondena... Llegué a un lugar al que consideré en su momento, y durante largo tiempo, modelo ejemplar de progreso. Un sitio con una, sino excelente, si muy buena calidad de vida. Un trocito de mapa, en donde el equilibrio entre sus gentes y el de éstas con su entorno, era elogiable. Pero, como no tengo un CI de 150, no fui capaz de percibir sus complejos. Ahora no es que los intuya o los capte, es que los veo, pues se muestran sin más. Sin haberlos “trabajado”. Se proyectan como misiles, lo que hace que todo se esté yendo al traste a un ritmo imparable. 

Y ya por último, para acabar: hoy... me pregunto por qué ese desprecio a los de “fuera”, si se les está vendiendo Conil a muy buen precio y lo único que hacen es pagar, ”recibir” y acatar (más que muchos de dentro) las normas. Ello los eleva, casi, a la categoría de “nativos” de este pueblo. Lo mismo que el oriundo de Conil, cuando se establece en otro lugar, sencillamente para realizar su proyecto de vida o como espera del camino que le conduzca a Ítaca.

Pero aquí, cuando exigen, porque están en su derecho, se les dice lo que ya es una costumbre: “si no te gusta, vete...” Pero.... ¿Aún no os habéis dado cuenta que los que estáis abandonando sois vosotros? Que Conil se queda solo. Triste y solo... Soñando con un largo, tórrido y “estresante” día de verano.

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