EL CONJUNTO HISTÓRICO DE CONIL, morfología y vivienda

 Antonio Santos García

 Historiador y Profesor de Secundaria

   

   Con este artículo queremos continuar el análisis del Conjunto Histórico de Conil, que iniciamos en el número 3 del Boletín La Laja. En esta ocasión nos centraremos en el análisis de la morfología urbana y en el estudio de la tipología de la edificación tradicional. La idea es seguir contribuyendo a la elaboración del Plan Especial del Conjunto Histórico, por lo que creímos conveniente poner el texto a disposición del Equipo redactor del Plan, con antelación a su aparición en este Boletín. 

Conil en 1963, fotografía aérea

 MORFOLOGÍA URBANA

    Conil fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1983 (Real Decreto 1396/1983, de 25 de mayo, BOE de 25-5-83). La delimitación, como reconocía siete años después la Consejería de Obras Públicas, fue realizada más con la idea de “abarcar los edificios de mayor interés histórico, que la de la trama y morfología general... (pues) en algunas zonas es una delimitación hecha “por exceso”, sin apoyo en la realidad, abarcando importantes áreas urbanas que ni en su morfología, ni en sus edificios o calles tienen valores históricos. Al mismo tiempo prescinde de otras zonas del casco antiguo...”  que se remontan al siglo XVI. El texto refundido del PGOU hizo una nueva delimitación igualmente incorrecta y sin justificar, dejando fuera esta vez algunos barrios históricos de los siglos XVIII y XIX.  

   Urge, por tanto, una nueva delimitación del Conjunto, que no es difícil de realizar, para evitar errores pasados. El recinto amurallado no ofrece dudas y está bien definido en el PGOU, pero el Conjunto Histórico no se limita a él. Los desarrollos anteriores a mediados del siglo XX son también conjunto histórico, y pueden observarse claramente en el plano del I.N.E. de 1907 o en la fotografía aérea de los años sesenta.

   El casco antiguo de Conil se desarrolla en un frente de unos 700 m. de longitud, desde el nivel de la playa, hasta cotas situadas a casi 50 m de altitud, ocupando aproximadamente una quinta o sexta parte del núcleo consolidado actual. Tiene forma redondeada irregular, con perímetro dentado, debido a su crecimiento según ciertos ejes de desarrollo o limitado por barreras naturales. El centro histórico ocupa hoy una posición excéntrica con respecto al núcleo urbano consolidado y va a estar dentro de poco totalmente rodeado por él.  

   La trama urbana del Conil histórico se conserva todavía, tanto dentro del perímetro de la antigua cerca como en los primitivas ampliaciones que parten del Arco de la Villa. Las calles forman una retícula compleja, de trazado irregular dominante, característico del origen medieval de la villa. El plano se estructura a partir de grandes manzanas cerradas, de formas irregulares, que dan lugar a calles intrincadas, con alineación de las fachadas a las calles. La vivienda tradicional  es de casas de una, dos y hasta tres alturas (bajo más dos), pero con predominio hasta tiempos recientes de las casas de una planta, con o sin “soberao” dedicado a granero o almacén de aperos, convertidos hoy mayoritariamente en vivienda. A las calles se abrían casi directamente los patios, formando rincones y espacios de carácter semipúblico muy agradables, que enriquecían el espacio urbano. 

   Intramuros las calles se disponen de manera ordenada paralelas o perpendiculares a la costa, poseyendo algunas fuerte pendiente (calle Peñón). Sin duda la plaza de Santa Catalina y las calles Hospital, Cádiz o Ancha son las más antiguas de la villa, en torno al Castillo. Es de suponer un desarrollo ascendente por la pendiente de la colina siguiendo las curvas de nivel: en un primer momento el eje Inés de Fuentes-Sagasta-Gabino Aranda y, algo posterior, Baluarte-Alta. De la misma época y similar trazado en cuesta es la zona sureste, desde la calle Columela a la plaza de Andalucía.   

   También resulta ordenada y en cuesta la zona extramuros que parte del Arco de la villa (calles Prieta, la Virgen, San Sebastián y Pascual Junquera), con calles más amplias, rectas y bien proporcionadas, zona  surgida desde la segunda mitad del XVI, como el Convento. En cambio, el plano de los barrios históricos extramuros, con buena parte de cortijos y chozos hasta bien entrado el siglo XX, se fue complicando desde los años 60,  colmatándose los espacios libres o comunes por autoconstrucción y dando lugar a un laberinto intrincado de callejas y plazoletas, de rasgos pintorescos, que recuerda tramas hispanoárabes o norteafricanas. 

    Las plazas no suelen abundar dentro de los recintos históricos de origen medieval, dadas sus características, y en Conil son por lo general pequeñas aunque bien proporcionadas. La plaza mayor histórica de Santa Catalina tiene hoy unas dimensiones medias; las demás plazas son pequeñas, algunas encadenadas por arco y recodo (Plaza Puerta de la Villa-Plaza de España- Plaza de Andalucía). Extramuros se sitúan las plazas de la Puerta de Cádiz y del Convento (Constitución). Todas ellas irregulares y abiertas al tráfico, unas más cerradas y otras muy abiertas, siendo la mayoría meras confluencias de calles, todas ellas sin ajardinar y pensadas, como las calles, más para la circulación rodada que para el paseo, en detrimento de la calidad ambiental del espacio público. 

LA VIVIENDA TRADICIONAL 

   La casa rural típica del núcleo tiene más interés contemplada en conjunto que considerada aisladamente, aunque hay también edificaciones de valor. La calidad de la edificación en el conjunto histórico no es, en general, buena, debido al poco mantenimiento de sus propietarios, la cercanía al mar, la variedad de usos o su abandono especulativo.

    La volumetría responde a una edificación de huecos medianos o pequeños, cubiertas planas o de teja, y fachadas encaladas. La estructura portante más habitual han sido gruesos muros de carga, de piedra, ladrillo o tapial, con estructuras horizontales de madera (vigas, alfarjías y ladrillo). Las fachadas presentan herrajes en las ventanas y balcones, decorados con la doble curva característica. La distribución de huecos y el tratamiento de fachada en varios cuerpos separados por molduras y rematados en las mejores casas con amplia cornisa, antepecho y almenas de formas variadas ofrece cierta uniformidad. Muchas casas tienen patio interior con pozo, y no son pocas las que poseen patio porticado, sostenido por columnas o pilares de piedra revestida de cal. Todo ello se corresponde con una arquitectura doméstica, pareja con la de los pueblos de la costa atlántica gaditana. No ha existido, históricamente, una clara segregación espacial de usos industria-vivienda: se trata por lo general de tipologías mixtas en cuanto al uso, ordenadas en fachadas de poca longitud y grandes fondos parcelarios, con ocupación alterna de crujías edificadas y patios comunicados entre sí.      

Forjados de madera y ladrillo sobre tabla, c/ Peñón

Rejería de forja, c/ Peñón

Podemos distinguir dos ámbitos territoriales: el recinto amurallado y los barrios extramuros.  

EL RECINTO AMURALLADO: CASAS Y PATIOS 

    El recinto amurallado es la zona de mayor calidad ambiental, con manzanas de gran superficie, calles estrechas y usos fundamentalmente residenciales (sustituidos por terciarios en los últimos años), contando con edificios de interés arquitectónico, con renovaciones puntuales de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Aquí se encuentran las dos tipologías características de la edificación tradicional de Conil: las viviendas unifamiliares y los patios.  

   Las viviendas unifamiliares están ordenadas sobre un patio central privado, a veces cubierto por una superficie acristalada o por un toldo en verano, que evita el calentamiento solar y permite aprovechar los vientos que soplan de forma casi permanente. Además, suele existir en la parte posterior otro patio en el que se sitúan los servicios de la vivienda: lavaderos, almacenes, corral de pequeños animales domésticos e incluso lavabos y retretes. Dentro de esta tipología se pueden distinguir, en función de la superficie, dos categorías sociales. 

   Las más lujosas son construcciones de dos plantas (excepcionalmente tres), con signos externos de prestigio en la composición de las fachadas y gran superficie edificada. Destacan algunas casas barrocas del siglo XVIII y casas burguesas del siglo XIX o de comienzos del siglo XX (bastante numerosas en la zona central del Conjunto Histórico, entre la plaza de España y Santa Catalina). Se trata de edificaciones con mayor lujo en sus fachadas (piedra ostionera, pilastras, molduras, salientes cornisas, remate almenado...) y mejores materiales de construcción. Con respecto a la distribución interior, en su planta baja tenían casapuerta, patio central o lateral, habitaciones para pasar el día, sala cocina y comedor; y en la parte superior los dormitorios. Los suelos suelen alternar loza de Tarifa, solería hidráulica y ladrillo tosco.

Pilastras y friso de piedra, c/ Santa Catalina

Patio porticado, c/ Cádiz

    La “vivienda del agricultor” pequeño o mediano es generalmente más modesta, aunque no menos valiosa, conservándose algunos ejemplares del siglo XVII. La puerta de la calle da a un zaguán o “casapuerta” con entrada a un comedor con ventana y reja a la calle. La casapuerta se abre, mediante arco, a un gran patio con suelo de chinos, desde donde una escalera sube al “soberao” techado con tejas; en el hueco de la escalera hay una “cobacha” o carbonera. Las dependencias de la casa (comedor, alcobas, cocina) se sitúan en torno al patio, en donde hay, adosadas a la pared, dos pilas para lavar la ropa y un pozo medianero o no con el patio contiguo. En el patio principal solía haber arriate para geranios y algún árbol. Algunas poseían también un corredor superior sobre techo de vigas de madera, al que se abren alcobas, comunicadas entre sí.  Junto a la cocina está la entrada a un “patinillo”, patio trastero o corral que albergaba los lavaderos, el retrete, las cuadras y el granero, con escalera de mano para subir a la “troja”. El techo de la cuadra, casi una azotea, servía para tender la ropa.  

Huecos medianos y remate almenado, c/ Alta            Patio porticado, c/ Peñón

    Algunas de estas casas, que en un principio fueron unifamiliares, terminaron convirtiéndose durante los siglos XIX y XX en patios de vecinos, debido a particiones o a su uso de alquiler.

   Los patios de vecinos tienen en Conil una larga tradición. Eran por lo general amplios, alegres y floridos, muchos pavimentados de chinos, ladrillo o con baldosas de distinto color en disposición ajedrezada. En ocasiones tenían galería corrida superior sobre soportes de madera que daba lugar a un porche o espacio cubierto en planta baja. En los antiguos patios se aprecia la voluntad y la necesidad de compartimentar o dar discontinuidad al espacio, con cierta dosis de misterio, que les hacía ganar no sólo en  intimidad sino que les otorgaba también calidad, dando lugar a rincones, pasos y pasadizos, cuya variada, rica ambientación y volumetría es difícil de describir. Recorriendo estos espacios, a veces laberínticos, era fácil penetrar inadvertidamente en una casa o en un espacio privado, dado que las fronteras entre lo público y lo privado no estaban claramente señaladas, sino por un código sutil y muchas veces inapreciable para el extraño, que sólo la costumbre es capaz de distinguir y descifrar. 

Patio de Conil hacia 1980

   Estas viviendas, con servicios comunes y sin comodidades, adaptadas al terreno en cuesta, eran también lugar de reunión y relación, no de tránsito; ágora popular que incitaba al diálogo, al descanso, la tertulia o el comadreo. A veces en una habitación dormía toda una generación (obreros, pescadores, albañiles), que con sus propios medios fue moldeando un tipo muy original de hábitat. La interpretación de volúmenes, escaleras, cubiertas o azoteas impregnaba a estos patios de autenticidad. Otros elementos del conjunto son las rejas, arcos y arquillos, poyos, guardapolvos o voladizos. Las flores, casi imprescindibles en los exteriores, sobre poyos o pozos, en medio de las calles, escaleras o zaguanes, colgadas de la pared en macetas o en el suelo, formaban una estampa característica. Y la cal que, tras cubrir fachadas e interiores difuminando aristas, se extendía por todas partes

   De esta rica arquitectura popular, con origen en diversas épocas, nos van quedando sólo restos descontextualizados, muchas veces en estado de lamentable abandono o muy alterados, faltos de conjunto y armonía. Vestigios maltratados del viejo Conil. El deficiente planeamiento municipal determinó la desaparición de los patios. La permisiva política de usos (locales para pubs), el proceso de abandono (traslado de la población y cierre especulativo) o deterioro (agregación de cuartos, elevación en altura...) está culminando hoy en los derribos y alteraciones más recientes. 

Ventana, molduras y tejas, c/ Cádiz

Casa en c/ Ancha, desaparecida

 LOS BARRIOS EXTRAMUROS 

    El casco histórico extramuros está peor definido, pero puede reconocerse sin gran dificultad sobre el plano. Comprende los barrios históricos que se desarrollaron durante los siglos XVIII, XIX y comienzos del siglo XX, en torno a las vía de comunicación que confluían en la villa. En esta zona hay tres tipologías de vivienda. Junto a edificaciones de los tipos descritos –casas unifamiliares, algunas  de los siglos XVIII y XIX, y patios de vecinos- existe otra tipología resultante de una lógica distinta de ocupación del espacio. Se trata de grandes manzanas que originariamente disponían de un gran patio común o de pequeños huertos, que se han ido colmatando por construcciones configurando un laberinto de estrechísimas calles peatonales y plazoletas irregulares, con vida en comunidad pero mayor individualidad e independencia que la ofrecida por el patio común, como puede apreciarse en el barrio de pescadores del Espíritu Santo, configurado como un dédalo de estrechas y zigzagueantes callejuelas.

   Aquí, las viviendas han desalojado los servicios comunes, que ahora se sitúan en el interior de las casas, quedando sólo del primitivo carácter colectivo algunos pozos de uso común, como ocurre en el barrio de la Carretería (frente a la Misericordia). El intrincado dédalo de callejuelas resultante en el interior de la manzana, de carácter pintoresco, es visitable aunque el extraño siempre tenga la sensación de transitar por pasillos y espacios particulares. En estos barrios las edificaciones son de composición simple, con menos superficie edificada y construida con materiales pobres, convertida en plurifamiliar en muchos casos por subdivisiones. Esta forma degradada de ocupación tiene características similares a la segunda tipología: viviendas en torno a un patio común, que adopta a veces la forma de calle (Barrio del Molino de Viento o de las Flores). Tales viviendas, originariamente de una sola planta, se componían de un conjunto de piezas, a veces sin más ventilación que la puerta, con pozo y servicios comunes. A medida que la población se incrementaba se han ampliado en altura (segunda planta) y han ido ocupando la superficie de los patios mediante piezas que en muchos casos albergan los servicios, ahora ya de uso privado. 

Barrio del Molino de Viento o de las Flores

Pozo en el Barrio de la Carretería.

   En los últimos lustros han aparecido bastantes edificaciones de tres plantas, incluso alguna de cuatro, con una volumetría excesiva que rompe completamente con el entorno, sin mencionar la desproporcionada volumetría y elevación en altura en casi la totalidad del perímetro del Conjunto Histórico. 

CONCLUSIONES 

   Un Conjunto Histórico con la problemática de Conil (deterioro de sus monumentos y elementos singulares, desaparición y alteraciones de su edificación tradicional, vaciamiento invernal y desbordamiento veraniego, invasión de vehículos y falta de espacios peatonales, pérdida de centralidad y de legibilidad...) estaba pidiendo hace ya tiempo un Plan Especial de Protección, y demanda actuaciones decididas y urgentes. 

   Dicho Plan debe partir de una correcta delimitación del Conjunto, debe elaborar un Catálogo de monumentos y elementos singulares a proteger, y establecer una normativa clara de intervención (obras mayores y menores, color, materiales, zócalos, rótulos publicitarios, etc). Ello exige partir de un análisis histórico que reconozca tramas, singularidades o tipologías arquitectónicas propias y que valore el legado urbano, con independencia de su estado de conservación o régimen de propiedad. Es preciso, por tanto, hacer un estudio casa a casa, para conocer en profundidad, diagnosticar con acierto y adoptar las decisiones más convenientes, que deben tender necesariamente a invertir los procesos de degradación en curso.  

   El Plan deberá contemplar así mismo, entre sus objetivos, dar calidad al espacio urbano, peatonalizando calles y plazas, dotando el viario de acerado y firme dignos o proponer soluciones al aparcamiento y circulación de vehículos. Pero debería también plantear estrategias tendentes a frenar e invertir el proceso de “despoblación” del centro, que es una de las razones fundamentales de su deterioro.  

   En este sentido, no debemos olvidar algo importante: los planes de protección deben llevar asociadas medidas para rehabilitar el patrimonio edificado, con un sistema asociado de ayudas, encaminadas a potenciar y manifestar valores, de manera que la población los reconozca como propios y colabore así en el mantenimiento de la identidad urbana de su pueblo, que es otro de los fines que se persiguen.

 BIBLIOGRAFÍA

 -Informe Diagnóstico sobre el Conjunto Histórico de Conil (1990). Consejería de Obras Públicas, Junta de Andalucía. Dir. Juan Manuel Becerra García.

-SANTOS GARCÍA, A. (2003): “El casco antiguo de Conil: evolución histórica”, en Boletín La Laja nº 3.

-ALVAREZ DE TOLEDO, I. (2003): “El Conil de otros tiempos”, Boletín La Laja nº 2.

-ANTÓN SOLÉ, P. (1986): “Tres conjuntos histórico-artísticos de la costa atlántica gaditana: Rota, Chiclana y Conil”.

-GONZÁLEZ UREBA, F. (2001): parte histórica-artística de la Web municipal ( www.conil.org.)

-POBLADOR, J.J. (1983): Conil de la Frontera (Boceto para una historia).

-LA LAJA (2002): Informe sobre el deterioro  del Patrimonio Natural e Histórico de Conil,  Boletín La Laja nº 1

-Análisis urbanístico de centros históricos de Andalucía: ciudades medias y pequeñas (2001). Consejería de Obras Públicas y Transportes, Junta de Andalucía.

-BECERRA GARCÍA, J. M. (2003): “Objeto y alcance de los Planes Especiales de Protección en Conjuntos Históricos”, en Boletín La Laja nº 3.

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