LOS PESCADORES CONILEÑOS A LO LARGO DEL SIGLO XX

 David Florido del Corral

 Universidad de Sevilla - Grupo de investigación G.E.I.S.A.

   

   El tránsito del siglo XIX al XX, y a partir de aquí la práctica totalidad de esta última centuria, se ha caracterizado por un proceso crítico en lo que afecta a la evolución y reproducción social de las actividades pesqueras conileñas y el conjunto de relaciones sociales, económicas y políticas que las acompañan. El factor fundamental de este episodio es el proceso de capitalización intensiva e industrialización de las actividades pesqueras en este litoral, que arrinconó a la flota conileña, estructurada sobre una lógica familiar y artesanal, y promovió su descapitalización humana hacia otras modalidades y entornos.

almadraba conil 1920

Varando las barcas de la almadraba de Conil, hacia 1920 (Foto: Benigno Rodriguez Santamaría)

   A lo largo de todo el siglo XX, el sector pesquero de Conil se ha fundamentado en tres modalidades pesqueras: la almadraba, siempre controlada por agentes económicos exteriores a la localidad y cuya importancia radicaba en que proporcionaba un mercado de trabajo estacional pero estable a un amplio número de familias (hombres y mujeres) de la localidad; la jábega, más orientada a los mercados comarcales y que implicaba una división manifiesta entre los propietarios de los barcos y enseres y los trabajadores y los barquillos de pesca, con menos capacidad económica, producción más modesta y más variada y reconocidos en los documentos como botes de calamares, por ser ésta su pesquería más rentable.

ALMADRABA

Desde los últimos años del siglo XIX, se habían reactivado las almadrabas ubicables en el entorno costero de Conil. Para la última década del siglo XIX están produciendo las de Torre Atalaya (un poco al Poniente del núcleo de población), y que contaba en 1868 con 241 marineros, explotada mediante arrendamiento por Francisco Ibañez, y Torre del Puerco (en el límite con Chiclana) con 173 para la misma fecha, que tenía como arrendatarios a los herederos de Gaspar Pérez. 

   Así mismo, en 1887 se concede la explotación a Daniel Ibáñez de otra almadraba en Torre Nueva, al levante de Conil, ya en territorio municipal de Vejer de la Frontera (Anónimo, 1887). No debemos pensar que todos los operarios de las mismas procedían de Conil, pero sí un número importante de ellos por informaciones que obtenemos de las fuentes algunos años atrás. 

   Ahora bien, desde la conformación del Consorcio Nacional Almadrabero, establecido entre un grupo de potentes empresarios conserveros y el estado entre 1928 y 1971, se producirá una importante reducción de centros productivos almadraberos, con Sancti Petri (desde 1930) y Barbate como los más importantes enclaves en toda la provincia. Cuando se pone en marcha el consorcio ya no se utilizan las almadrabas de Torre del Puerco o Torre Nueva y la de Torre Atalaya tendrá en 1934 su última temporada –con la excepción ulterior de 1968-. Se conforman, por tanto, dos grandes centros de extracción y manipulación, crecientemente tecnificadas y capitalizadas en las que podrán trabajar hombres y mujeres de Conil: los hombres como marineros y en las faenas de salazón y otras auxiliares de carga, y las mujeres en el estibado, enceitado y enlatado de la producción pesquera, aspecto éste que nos ayuda a entender la importancia estratégica de esta pesquería para las economías familiares.

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Copo de la almadraba de Conil, 1920. (Dibujo: Benigno Rodriguez Santamaría)

   El cierre de la almadraba de la Atalaya se justificó por el descenso de las capturas en el período 1928-1934 (de 9661 a 2781 atunes), pero es muy posible que se tratara de una tendencia estacional. Todavía era un centro productivo superior a los de Tarifa y Zahara de los Atunes, que siguieron calándose. Por tanto, hemos de pensar en otros factores para su desmantelamiento, como las estrategias empresariales explicables por la inversión realizada en Punta la Isla (Sancti-Petri), o las reivindicaciones laborales que protagonizaron los operarios conileños en el despuntar de la década de los treinta, incluso con participación del sindicato UGT, que no debió agradar en absoluto al consorcio empresarial. En cualquier caso, los almadraberos radicados en Conil siguieron trabajando en Punta la Isla y sus reivindicaciones iniciales, en 1933, fueron rápidamente controladas. 

   Los años treinta fueron los de la creciente importancia de esta pesquería para las familias de pescadores, en detrimento del resto de modalidades, junto a la atracción creciente ejercida por la cada vez más consolidada flota de cerco de la vecina localidad de Barbate, en cuyos faluchos se enrolaban cada vez más los arderos conileños, como se conocía en la localidad a los marineros que hacían la pesca nocturna al arda a partir del Otoño en esta flota. Si los marineros de la almadraba terminaban su temporada en Septiembre, la estrategia más seguida será enrolarse a partir de entonces en Barbate para hacer la pesquera de la sardina hasta la primavera próxima. Es decir, conforme pesquerías más capitalizadas e intensivas, como la flota de cerco de Barbate y las almadrabas van ganando terreno –junto a los centros de procesamiento relacionados con estas pesquerías donde trabajan las mujeres de pescadores hasta que son desposadas-, los braceros del mar conocen un proceso de proletarización y especialización laboral que obstaculiza el mantenimiento de los artes tradicionales y menos intensivos como las jábegas o los trasmallos, cazonales y aparejos de anzuelo.

JABEGOTES

 Ahora bien, en Conil los pescadores de jábegas representaban el colectivo más importante de toda la localidad. Se trataba de un arte barato, tanto por el capital exigible para su puesta en funcionamiento como por la mano de obra. Aparte de los pescadores, para halar y para la botadura de las embarcaciones utilizaba a braceros jóvenes y viejos, involucrando esta pesquería a un número importante de personas. Si destacamos a los jabegotes fue por poner en funcionamiento la organización representativa de los pescadores conileños, desde su creación en 1917 (Sociedad de Obreros Pescadores, que pasa a denominarse Pósito a principios de los años veinte y Cofradía con el régimen de Franco).

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Pescador y barca. (Fotografía de Juan Capacha)

   Los sistemas practicados de pesca con jábegas fueron a la vista y al bulto o al lance. El primero de ellos como resultado de las capacidades visuales del proel o prové, que dispuesto en la proa (prova) de la embarcación buscaba con la vista el movimiento de las colores de sardinas, jureles o boquerones, cuando éstas estaban encima del agua. Otra posibilidad para la pesca ala vista era ubicarse en atalayas y zonas altas, desde donde apreciar el movimiento de los cardúmenes. Aquí resultaba fundamental justipreciar la cantidad de pescado que podía ser capturado para tomar la decisión de realizar o no el lance. En estas ocasiones, una de las preocupaciones de los armadores era reunir la gente necesaria para poder desarrollar el lance halando desde la playa, para lo que se anunciaba colocando junto a la embarcación un remo en vertical coronado por el morrón (pequeño cesto). 

   La otra modalidad para la captura de especies pelágicas era la pesca al bulto, llamada en Conil al lance, que se basaba en los momentos en que las especies pelágicas se agachan y que tenía como resultado la captura de diversas especies demersales y de crías de todo tipo de especies en los momentos de cría y desove. En este caso, un reglamento para la pesca de jábega redactado por la organización local en 1920 es un excelente documento para apreciar el sistema de turnos y las pesqueras aprovechables frente a las playas de Conil durante todo este período.

   La estrategia económica más seguida por los jabegotes era la captura de sardinas, animados por el mercado expansivo de este producto en el ámbito comarcal, regional y aún estatal, gracias al nudo de comunicaciones en la vecina localidad de San Fernando. Incluso sabemos de algunas iniciativas de comercialización a principios de los años veinte, auspiciadas por la organización local y la administración estatal para controlar directamente el mercado de primera venta –ésta se realizaba directamente en la playa mediante el sistema de subasta al oído (al mejor postor por lavaderas de sardinas, cestones de unos 30 kilos, o por lotes, en caso de otras especies)-; pero las iniciativas fracasaron a favor de los pescaderos locales, intermediarios de redes de comercialización mucho más amplias.

   Los jabegotes no se conceptuaban como pescadores que arrastrasen los fondos (*1), sino como perseguidores de los bancos de sardinas próximos cuando estaban a flor de agua, fundamentalmente mediante el sistema a la vista. Las vedas a inicios de Mayo, impuestas desde la administración estatal, el calamento de la almadraba en los limpios donde se podía pescar con las jábegas entre Marzo y Septiembre y la presencia de faluchos de Barbate motorizados al oeste del cabo de Trafalgar, junto a la emigración de pescadores a esta localidad, fueron algunas de las dificultades que obstaculizaron la labor de los jabegotes desde los años treinta.

LOS BARQUILLOS DE PESCA Y EL PROYECTO PORTUARIO                                      

   La producción de esta flota, la más numerosa en cuanto a número de embarcaciones, se centraba en varias especies de más valor comercial, como los chocos, brecas o cazones, que podían ser capturadas, sobre todo, con artes de enmalle de diferentes tipos (trasmallos, cazonales…). Sin embargo, todas las menciones a la misma hacen referencia a la pesca del calamar, pesquería de anzuelo muy localizada en el tiempo (al final del verano, en el mes de Septiembre), lo que hemos de entender como indicio de su importancia económica. El obstáculo principal de esta pesquería era la ausencia de un puerto, lo que imposibilitaba la faena en los meses invernales debido a que les era imposible atravesar la rompiente de la playa, además de lo arriesgado de salir a faenar cuando los vientos del oeste, o incluso el levante, predominaban en la localidad. En estos casos venían usando un abrigo natural que existía en la cala del Aceite o cala del Varadero, contigua a la cala del río Roche, que a la postre sería el emplazamiento definitivo del puerto.

   En todo caso, el proyecto portuario ha sido uno de los caballos de batalla, tanto del sector pesquero local, con la organización de pescadores al frente, como del ayuntamiento. Hubo ya una propuesta constructiva fallida de un dique de abrigo (1934-1936) y un par anteproyectos durante el franquismo (1947 y 1956), hasta la conformación del espacio portuario en Cabo Roche, a partir de 1981, que hoy es base esencial para las operaciones de pesca de la flota artesanal conileña, y aún de su almadraba.

FRANQUISMO

   El fracaso de las peticiones de construcción de un puerto durante el franquismo se explica por la decida apuesta del régimen por el desarrollo de flotas industrializadas y de gran alcance. Durante todo este período, la flota de Conil pierde empuje económico y se incrementan los flujos migratorios hacia otros centros productivos, como demuestran las actas de reuniones de la cofradía que frecuentemente habían de ser suspendidas. Sin embargo, gracias a la consolidación de una política laboral y social que pretendía el aseguramiento de las familias de pescadores para facilitar así su dedicación exclusiva a las modalidades pesqueras más intensivas, se pone en marcha un sistema de ayudas y seguros que será aprovechado por los pescadores para mantenerse en el sector. Por el Libro de Registro de Pólizas de Seguros, del año 1943, sabemos que había entre 9 y 11 jábegas, cada una con una tripulación de entre 7 y 11 marineros enrolados. Además, había registradas 43 embarcaciones de pesquerías artesanales, denominados botes o barquillas. Técnicamente, la diferencia estribaba en que los botes tenían el codaste de prova (proa) cortado, mientras que las barquillas lo tenían levantado, al modo como Rodríguez Santamaría describía las jábegas de este puerto algunos años antes. Todas éstas seguían siendo embarcaciones a vela y enrolaban entre los tres y los cinco hombres. Sabemos también que todavía subsistían algunas familias que controlaban tanto la cofradía como la propiedad de un mayor número de barcos, en las diferentes modalidades, como la de los tres hermanos Cifuentes Montano o los Basallote González, que además poseían negocios “en tierra” ligados a la economía pesquera.

   Por el Libro de asiento de los pescadores con derecho a Subsidio, abierto en 1945, conocemos que había setenta familias de pescadores en la localidad con derecho a subsisio, de las cuales, el 45% desarrollaban su actividad en Sancti-Petri. Estas familias solían tener, como media, cuatro hijos, lo que demuestra que las dificultades de la flota artesanal local no arredró a los pescadores, que seguían confiando en las posibilidades ofrecidas por la almadraba de Punta la Isla (para hijos e hijas) y por la actividad en Barbate. Estos guarismos se mantienen en la década siguiente (*2), destacando todavía la ausencia de embarcaciones a motor. La producción se vendía entonces en una primera instalación de madera en la playa de Los Bateles. La visión desde el sector sobre las dificultades seculares de la pequeña flota abundaba con tintes dramáticos en la carencia de infraestructuras apropiadas para un desarrollo autocentrado, sin depender de modalidades “exteriores”:

   “Con objeto de terminar la miseria que reina en estos pescadores,(...) se remediaría el hambre y la miseria de estos pescadores, los que gran parte de ellos se ven obligados a marchar a otros puertos a trabajar con la consiguiente separación de sus respectivas familias, quedando en ésta un reducido número de ellos, pues al no encontrar trabajo fuera, se ven obligados a perecer de necesidad con todos sus familiares” (IV Libro de Actas, Cabildo Ordinario de la Cofradía de Pescadores, de 31 de Diciembre de 1950).

LA CONSOLIDACIÓN DEL SECTOR PESQUERO DESDE LOS AÑOS OCHENTA

   Coincidiendo con la finalización del régimen franquista han acaecido un conjunto de procesos económicos y políticos a nivel global que han afectado de lleno al devenir sectorial y que sólo podemos enunciar. En primer lugar, el agotamiento del modelo de pesquerías de altura industrializadas de base nacional, a consecuencia del establecimiento de mares territorializados por el estado hasta las 200 millas; en consecuencia, la reorientación de la política pesquera hacia modalidades artesanales; un mayor control sobre las condiciones técnicas de explotación –que terminaría en la década de los ochenta con la actividad de los artes playeros como la jábega- y, a partir de 1985, la inserción en un nuevo marco de economía política, la Comunidad Económica Europea. 

   Podemos inscribir en este marco general la decisión del Ministerio de Obras Públicas de construir definitivamente un puerto en Cabo Roche, posibilitando así el normal desarrollo de la flota de pequeñas dimensiones de Conil desde los años ochenta. Más recientemente, desde mitad de los años noventa, se abrió la posibilidad de que la flota de menores dimensiones se acogiese al sistema de ayudas estructurales de la Unión Europea, lo que ha condicionado completamente el devenir contemporáneo de los pescadores conileños. Así, se ha conocido un intenso proceso de renovación de embarcaciones, algo mayores, pero sobre todo equipadas con nuevos instrumentos tecnológicos para incrementar la eficiencia de las salidas de pesca y posibilitar más salidas sobre territorios mas amplios. 

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Puerto pesquero de Cabo Roche, Conil 

   Ello se ha sostenido no sólo con las aportaciones financieras de las administraciones –desde la europea a la autonómica- sino con el esfuerzo inversor de los descendientes de aquéllos almadraberos, jabegotes y armadores de barquillos de las décadas precedentes. Menos barcos –en torno a sesenta operativos-, pero con mayor capacidad productiva y centrados en algunas especies objeto de gran valor comercial (pulpo, salmonete, breca, pargo, urta, borriquete….), es la nueva realidad bioeconómica del sector pesquero conileño, también conformado por la explotación de la histórica almadraba que se puede ver cada primavera frente a la población.

   Queremos destacar la labor en el nuevo marco de la organización representativa de pescadores, la Cofradía, que se ha significado por la gestión del proceso de capitalización –a través de la redacción de sendos planes de puerto en el último lustro-, por diversas iniciativas orientadas a mejorar la gestión de recursos pesqueros y la comercialización de la producción local en mercados regionales y estatales. Hoy por hoy, la flota artesanal de Conil es un referente paradigmático en el contexto andaluz, sobre todo por la colaboración entre la cofradía y la administración autonómica en el control de la actividad pesquera, y por el alto precio de sus capturas, aspecto que se relaciona tanto con las iniciativas de la cofradía como con las estrategias de los agentes comerciales que operan en su lonja, que colocan el producto en mercados de destino muy exigentes.

   A modo de conclusión podemos afirmar que la evolución de la pesca en Conil, a lo largo de los últimos cien años, ha sido la del paso de dinámicas de extraversión (en capital, pero sobre todo en fuerza de trabajo) hacia tendencias acusadísimas de intraversión (de fuerza de trabajo, pero sobre todo de capital). El factor clave para entender esta transición hacia un sector mucho más autocentrado es la conformación del puerto como nuevo espacio económico de los pescadores de Conil, así como la persistencia de cerca de un centenar de familias de pescadores cuya voluntad histórica irrenunciable, hasta el momento, ha sido la de seguir reproduciendo el sistema cultural, ligado a la pesca, en el que fueron socializados. Son ellos los que emigraron a Barbate, a Sancti-Petri, al Puerto de Santa María o a Cádiz, a mercados de trabajo expansivos, y son sus hijos los que han protagonizado el resurgimiento del sector pesquero local en los últimos veinticinco años, hasta los 250 pescadores que sustentan el sector en la actualidad.

Referencias bibliográficas y documentales:

ANÓNIMO, 1887: Memoria sobre la pesca en Cádiz y su provincia. Cf. Biblioteca de Temas Gaditanos,

639.2 Pes. Coincide con Francisco VERA y CHILLIER, Memoria sobre la pesca en Cádiz y su provincia. Desde tiempos remotos hasta hoy, de 1895.

FLORIDO del CORRAL, D. 2002: Un siglo de historia e instituciones pesqueras en Andalucía. Fundación Blas Infante y Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía. Sevilla.

LIBRO DE ACTAS DE LA COFRADÍA DE PESCADORES NUESTRA SEÑORA DE LAS VIRTUDES, CONIL DE LA FRONTERA, 1917-2000.

LIBRO DE REGISTRO DE PÓLIZAS DE SEGUROS DE LA COFRADÍA DE PESCADORES …., 1943.

LIBRO DE ASIENTO DE LOS PESCADORES CON DERECHO A SUBSIDIO DE LA COFRADÍA DE PESCADORES…., 1945.

RODRÍGUEZ SANTAMARÍA, B. 1923. Diccionario de artes de pesca de España y sus posesiones de ultramar. Madrid. Rivadeneira.

(*1) Es más, se definen así mismos como: “compenetrados de la imprescindible necesidad de impedir la destrucción de la cría de peces, puesto que éstos constituirán mañana el principal, el único sostén de las numerosísimas familias que de ella viven” (Primer Libro de Actas. Sesión Extraordinaria, de 15 de Mayo de 1917).

(*2)Informe de Dique de Abrigo ‘La Espileta’, de 1956, realizado por la administración portuaria para desaconsejar la construcción de un puerto en esta localidad.

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