UN PASEO POR EL RIO ROCHE

 Luis F. Gil Corral

 Geólogo y Profesor de Ciencias Naturales

   

   El pasado 28 de marzo, LA LAJA organizó una marcha por el Río Roche y su entorno. El objetivo era triple: reconocer in situ el incuestionable valor ecológico del paraje, informar de los planes urbanísticos que se ciernen sobre el mismo y finalmente, comprobar su estado actual de conservación. Para este ciudadano, el paseo fue muy enriquecedor. El presente artículo pretende “levantar acta” de todo cuanto vio (y escuchó) durante la marcha, al modo de notario o periodista objetivo y, a la vez, compartir con el lector las abundantes reflexiones que en mi espíritu se levantaron aquella mañana.

   Sobre las 11.30 h nos congregamos 11 personas en las cercanías del puerto de Conil. El día era ventoso, frío y amenazaba lluvia, pero ¿era razón suficiente la climatología para explicar tan escasa presencia? ¿por qué tan pocos? En todo caso hay que recordar que el atrevimiento de políticos y constructores para disponer del patrimonio natural y cultural de Conil está en directa proporción con la capacidad de movilización de sus ciudadanos ante los atropellos cometidos o por cometer. (Alguien comentó que ninguno de los presentes era de Conil, pero ¿no es de Conil el que suscribe tras vivir quince años en el pueblo, estar empadronado y haber criado a sus hijos aquí? Otro dudó de la adecuada difusión social dada a la marcha. Pero, ¿existe un derecho real de manifestación o de expresión cuando no hay posibilidad real de publicitar ante la ciudadanía tus ideas o convocatorias?).

   El grupo, tras atravesar el puente, inicia su andadura por la margen derecha del río, camino de la urbanización. El ecosistema que rodea al río es un pinar de pino piñonero, no autóctono sino consecuencia de una antigua repoblación, pero que se ha adaptado muy bien al sustrato de arenas costeras que bordea esta zona del litoral gaditano, generando un valioso ecosistema que se extiende, al menos, desde Chiclana hasta Tarifa. Bajo el pinar ha crecido, en la medida que el hombre le ha dejado, el matorral típico del bosque mediterráneo, muy rico en diversidad biológica, especialmente en aquellas especies amigas de la influencia marítima y de un sustrato ácido.

Desembocadura del río Roche

   Nada más adentrarnos en la espesura del bosque nos sorprende el vigor y el porte del matorral. Este está compuesto aquí por dos especies principales, el jerguen y el lentisco. El jerguen es un arbusto de la familia de las leguminosas, de espinas robustas y punzantes, hojas pequeñas trifoliadas y flores pequeñas, de un amarillo muy vivo que salpica abundantemente el paisaje de toda la zona. Por su parte, el lentisco es un arbusto de corteza grisacea y hojas compuestas por un número par de hojuelas coriaceas, que cuando se le deja crecer con libertad, puede alcanzar considerable altura, más de tres metros aquí.

   Encaramadas a las hojas del lentisco, diversas enredaderas (como la madreselva, la hiedra o la Aristoloquia ) le dan un aspecto selvático que te sorprende, aquí, tan cerca de casa. Es un matorral denso, impenetrable a veces, y rico. Además de las ya citadas, pugnan por un trozo de suelo y un poquito de luz, en dura competencia con el jerguen y el lentisco, otras muchas especies tales como la olivilla, el jaguarzo morisco (una jara de grandes flores blancas y estambres amarillos), la coscoja (algo así como una encina arbustiva, muy ramificada y de hojas rígidas, onduladas y armadas de dientes espinosos), torvisco, palmito (la única palmera autóctona de Andalucía), zarzas y cantueso (planta aromática con espigas de flores violetas). Más ocasionales son el mirto, espino negro y el rusco.

Rusco mostrando sus frutos y rodeado de hiedra

   Parémonos un instante en este último arbusto, el rusco. Sus llamativos frutos globosos de un rojo vivo nacen, aparentemente, del centro de unas pequeñas hojas rígidas y ovaladas de punta espinosa, y que en realidad son tallos aplastados transformados en pseudohojas (filóclados). El rusco llama la atención del grupo, y alguien comenta que es cortado por navidad y utilizado como sustituto del acebo en los adornos navideños. También se utiliza como planta de jardín. Aquí, en el pinar de Roche, lo encontramos con frecuencia, formando a veces pequeños grupos puros de varios metros cuadrados y hasta metro y medio de altura.

   Seguimos andando y el bosque muestra pronto su otra cara. Dentro de esta pequeña selva mediterránea y amparados por su frondosidad encontramos los restos de antiguos botellones juveniles o barbacoas familiares: vidrios rotos o botellas enteras, latas de refresco, compresas, envases de pollos asados, platos y vasos de plástico, papel higiénico . . . y el hollín negro de imprudentes fogatas. Como profesor de instituto puedo atestiguar que entre el alumnado, y por ende entre los adultos con los que viven, no existe la convicción de que nuestras basuras han de ser recogidas y depositadas en el correspondiente contenedor (y me refiero claro está a las que producimos fuera de casa)

   Continuamos andando a la vera del río. Allí donde el matorral está ausente, su espacio es ocupado por hermosas y coloridas praderas de herbaceas, que anuncian la primavera incipiente. Sin pretender agotar la lista de todas ellas, anoto aquellas que más me llaman la atención y cuyo nombre puedo reconocer: ceriflor, altramuz silvestre, campanilla de primavera, flor de la corona (con sus llamativos racimos globosos de flores violetas), hinojos, armerias, cinogloso azul. Y donde hay mayor humedad por su cercanía al río, lirios, narcisos y botones de oro. También abunda el helecho en amplias zonas. Asomados al río aparecen ocasionales tarajes.

   De vez en cuando, mis compañeros se plantan ante un arbusto ocasional, provisto de ramilletes de pequeñas, bonitas y olorosas flores blancas, hojas parecidas al perejil: es el majuelo o majoleto. Leo sobre él que su “madera es durísima y que la tisana de sus flores es remedio contra la arteriosclerosis”.

   Tras quince minutos de paseo, el paisaje se abre a nuestra derecha, desaparece el matorral y se extiende una extenso, bucólico y un tanto artificial prado, donde se evidencia la acción de la mano del hombre, tan sólo interrumpido por los grandes pinos que han sido respetados. A nuestra izquierda, el río y, al otro lado, el salvaje matorral. Pregunto: ¿qué es más natural aquí, el matorral o el prado? En el grupo hay acuerdo: el matorral. Pero algún compañero, con malicia, recuerda que para mucha gente, no hay matorral sino maleza, y que este prado humanizado, aderezado de fuentes y bancos, y situado en las puertas de casa, sería el sumum de lo natural. Quizás este hipotético y bienintencionado ciudadano pueda, en breve, y si dispone de suficiente dinero, hacer realidad sus sueños, pues hasta aquí llegan los planes expansionistas del crecimiento de la urbanización de Roche.

   Desde este punto, hasta el final de la marcha en la urbanización, observamos las pozas fluviales que forma el río Roche. En efecto, lejos de la imagen clásica del río como un curso de agua veloz y continuo, aquí se nos muestra como una sucesión de pozas, mas o menos independientes, de apariencia limpia, separadas por barras de arena y con el agua relativamente estancada. Su oscuridad no nos deja ver el fondo, pero por medios artesanales comprobamos una profundidad mínima de metro y medio. Un compañero documentado nos informa que este humilde y amenazado río es el hogar de un pequeño pez, amigo de estas aguas entre lo fluvial y lo marino, que está en la llamada “lista roja de especies en peligro de extinción” en España: el fartet. No lo vemos, pero ahora miramos con más respeto el río. Los galápagos también gustan de vivir por aquí y, fuera del agua, el amenazado camaleón.

   Seguimos avanzando por el carril. Un ruido de motor, que aumenta en intensidad, se nos acerca y nos obliga a apartarnos. Varios ciclomotores de cuatro ruedas (quads) nos sobrepasan con velocidad. Alguien protesta, “¿sabéis que legalmente no se les puede impedir el paso por aquí?” Me pregunto ¿será verdad que estos artefactos pueden salirse de su dominio natural, el asfalto, e invadir impunemente el bosque, atropellando todo cuanto venimos relatando?

Muros ilegales en la ribera del rio a su paso por la urbanización

   Ya estamos a la puertas de la urbanización. Las casas no están lejos del río. La ley obliga a guardar unas “zonas de restricción” en torno a él, tanto más estrictas en su uso cuanto más cerca del río están. Escucho: “Algunas casas están tan cerca del río que el mismo propietario se ha construido su propio muro de protección”. Lo cual me recuerda aquello que machaconamente enseño a mis alumnos todos los años: la causa habitual de inundación en España es la invasión por el hombre del dominio del río y no al revés. Hay en España, en palabras del programa Línea 900, un millar de zonas de riesgo de inundación edificadas. ¿Habrá en Roche alguna de ellas?

   Allí donde no quedan rastros de bosque, abunda en el matorral la aulaga y el romero, además de los ya mencionados jaguazos y cantuesos. Conviene, aquí, una breve explicación. La ecología nos enseña a leer la salud del bosque a través de su fauna y flora. El matorral de lentisco, jerguen, rusco, mirto es un matorral más “noble”, mas cercano a lo que sería el óptimo boscoso en esta zona, más amiga de la sombra. Por el contrario, el matorral de jarales, aulagas y aromáticas (romero, tomillo, cantueso) nos indica un grado de degradación mayor, menor presencia arbórea y mayor grado de insolación y sequía.

   El paseo, ya en la urbanización, llega a su meta. Se me hace tarde, me separo del grupo y vuelvo en soledad, meditando cuanto he visto y escuchado. Pero aún me aguarda una última sorpresa. En la frondosidad inicial del pinar, cerca de donde comenzamos, me encuentro ahora un grupo familiar que merodea por la zona. Detengo mi paso apresurado pues me llama la atención el ramillete de flores que porta una abuela. En efecto, veo en su mano un ramillete de orquídeas, rojo granate cuyo nombre no acierto a identificar (color que asocio con la Semana Santa: semana de pasión y sacrificio, el bosque intuye lo que le espera). “Son las únicas que he visto. Las he arrancado de raíz, para plantarlas en casa” me dice orgullosa y bienintencionada. No le comento que, en efecto, es posible que no quede ninguna más y que, gracias a ella, al menos ese bulbo no podrá echar nuevas flores el año próximo.

   Ya va siendo largo este artículo y conviene terminar. A modo de conclusión resumo mi tesis: no nos hayamos ante un bosque o matorral de excepcional riqueza, en el sentido de que no se pueda encontrar otro similar en otros puntos de Andalucía. Pero sí nos hayamos ante un bosque mediterráneo, conservado en un grado razonable a pesar de las agresiones que ha sufrido, que incluye las especies más representativas del mismo (a falta, quizás, del madroño) y con una gran diversidad botánica (que me atrevería a cuantificar que ronda el centenar de especies distintas).

Intervenciones urbanísticas en una de las pozas del río Roche

   Quizás un bosque así todavía no sea excepcional, pero si la acción devastadora del hombre continua asolando parajes como este, puede que sí llegue a ser excepcional en un futuro breve.

   Relación de las especies vegetales citadas en el texto:

Altramuz silvestre: Lupinus luteus     -     Aristoloquia sp.     -     Armeria sp.

Aulaga: Ulex sp. ( o genista sp.)     -     Botón de oro: ranúnculus ep.     -     Brusco: Ruscus aculeatus

Campanilla de primavera: Leucojum     -     trichophyllum     -     Cantueso: Lavandula stoechas

Ceriflor: Cerinthe sp.     -     Cinogloso azul: Cynoglossum creticum     -     Coscoja: Quercus coccífera

Espino negro: Rhamnus sp.     -      Hiedra: Hedera helix     -      Hinojo: Foeniculum vulgare

Jaguarzo morisco: Cistus salvifolius     -     Jerguen: Calicotome sp.     -     Lirio: Iris sp.

Madreselva: Lonicera sp.     -      Majuelo: Crataegus monogyna     -     Mirto: Myrtus communis

Narciso: narcissus sp.     -     Olivilla: Teucrium fruticans     -     Romero: Rosmarinus officinalis

Taraje: Tamarix africana     -     Torvisco: Daphne gnidium.     -     Zarza: Rubus ulmifolius

cerrar