EDITORIAL  4

   La Laja 

 

   Las corrientes culturales y legislativas en boga definen el patrimonio como el conjunto de elementos culturales o naturales donde los grupos humanos reconocen su identidad. ¿Qué elementos, qué identidad?. En los últimos años la idea de patrimonio se ha ampliado mucho, extendiéndose a todo cuanto pueda considerarse un legado de las generaciones precedentes que deba ser traspasado a las futuras. Dicha idea se asocia desde hace ya unos años al desarrollo sostenible, y está referida tanto al medio natural y la diversidad biológica, como a la cultura y sus más diversas manifestaciones.

   Vivimos tiempos de cambio. En las sociedades del sur de Europa, como la nuestra, dichos cambios son más acelerados, porque nuestro acceso al bienestar es cosa reciente, y en algunos aspectos está todavía por venir. Desarrollo, bienestar, patrimonio... La relación entre dichos conceptos es sin duda compleja, contradictoria y hasta conflictiva. Nadie discute que el desarrollo es deseable y necesario, p ero también es legítimo y necesario discutir los mitos que la mercadotecnia impone. ¿Desarrollo económico? ¿Desarrollo cultural? ¿Calidad de vida? Resulta difícil ponerse de acuerdo sobre su significado. Y en los tiempos que corren hace falta consensuar estas ideas, pues para unos tienen un significado que no reconocen otros.

   En todo caso, en los países democráticos y civilizados la Ley –con todas sus imperfecciones- es el recurso que utilizan los hombres para convivir, coexistir o como se quiera llamar a la vida en comunidades humanas organizadas. En el campo del patrimonio natural y cultural, nuestras leyes van por delante de la realidad, podemos decir que son más progresistas que la sociedad misma, lo que no deja de ser un problema, y un reto. Nadie duda que la construcción de un hotel da trabajo, y que seis o doce dan más que tres. Tampoco debemos olvidar que nos están vendiendo la moto. En tiempos de expansión hay que hacer las cosas despacio, de manera ordenada. Controlando la especulación con un planeamiento exigente, porque planear no es ceder a los intereses creados, sino organizar desarrollos con lógica y equilibrio, sin esquilmar o con el menor coste de recursos posible. No estamos para tirar cohetes en lo que a la conservación del medio natural se refiere. Ni somos grandes urbanistas, nuevos Palladios o Albertis, y olvidamos la parte amable de lo urbano: espacios verdes, zonas peatonales, mobiliario o equipamientos culturales y de otra índole, ordenación del tráfico y aparcamientos, etc. Mesura. Es necesaria. Hay que ir despacio, pensando y no empujados, ni ciegos.

   Un desarrollo pausado y ordenado da trabajo. El ideal de desarrollo y el desarrollo mismo no justifican la desmesura. Estamos construyendo más que Alemania y Francia juntas. ¿Existe un problema de alquiler?. Existen cada vez más viviendas vacías, en la ciudad y en el campo... Construcción, industria nacional, ¿hasta cuándo?. ¿Qué estamos sacrificando en el proceso?. ¿Qué es lo que estamos perdiendo y no quisiéramos perder?. ¿Que nos gustaría incluso conservar? ¿Sólo la foto? ¿El cuadro, la casa, la torre y la playa, el pinar o el prado?.

   LA LAJA, como asociación de defensa del patrimonio, está a favor del desarrollo de Conil, pero critica el crecimiento desordenado, que no es verdadero desarrollo. Uno de nuestros objetivos fundamentales, por no decir primordial, es la educación. Nuestra revista/boletín tiene esa finalidad: dar a conocer y poner en valor nuestro patrimonio natural y cultural, cuya conservación ha de repercutir necesariamente en una mejora de la calidad de vida. En este número mostramos dos ecosistemas distintos y característicos del rico patrimonio natural de Conil, la dehesa de Roche y el Prado, explicamos el valor de las torres vigías de la costa o del ex-convento de Mínimos, damos a conocer interesantes aspectos de la historia local, abogamos por una ordenación racional de la ciudad y el territorio, seguimos haciendo crítica constructiva y dando información. Queremos agradecer su colaboración en este número 4 del boletín La Laja a Iñigo Sánchez García, biólogo y conservador del zoológico de Jerez, a Lourdes Cortés Ayuso, arqueóloga, a David Florido del Corral, profesor de antropología social de la Universidad de Sevilla y a Rafael Muñoz Brenes, miembro del colectivo conileño “La Opinión Crítica”.

   LA LAJA quiere convertirse en un referente, un faro. Pero hay quienes sólo quieren ver en nosotros a “entrometidos” y parece que les molesta que opinemos. A este respecto algunos miembros de nuestra clase política local son casos “de libro”, verdaderos paradigmas del analfabetismo funcional dominante... Si hablas de algo sobre lo que tienen más información –por razón de su cargo- te acusan de no saber; y si sabes más, por causa de tu formación, te llaman “prepotente”. Ellos saben más que nadie. Son como aquella burra terca, que sólo andaba a palos. Dejemos para ellos el terreno de la manipulación, la difamación o el insulto, y sigamos con lo nuestro.

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