BALANZAS, ENTRE ROMANAS Y DIGITALES

  Juan Antonio Gotor de Astorza


    Pasado el período estival nos pesamos, estamos los que hemos puesto y están los que se han quitado. El inicio del Otoño es época de usar las balanzas y he aquí que cada cual elige la que más le conviene. Dicen que son más exactas las digitales pero durante siglos el mundo ha pesado con las romanas y hasta aquí hemos llegado, contrastando, midiendo, con sus márgenes de error pero casi siempre acercándonos.

Contenedores repletos junto al Museo Raíces Conileñas y la Policía Municipal (7 PM de un día de Agosto)


   No sé por qué ahora, cuanto más precisas son, los resultados aparecen tan dispares y los errores son tan significativos: Que si fueron 15.000 los manifestantes, según unas fuentes, que si 200.000 según otras... La cosa es que todos nos queremos acercar al peso ideal y claro, éste varía según para donde tire cada uno y por supuesto según otros factores: tamaño, volumen, masa... ¡Siempre existen excusas! Intentaremos por eso poner las mínimas y, para que nadie nos diga, utilizaremos para medir algo que no falla, a no ser que exista algún tipo de disfunción del olfato, la vista o el oído.

   Este verano todos hemos visto, hemos oído y hemos olido bastante. Hemos visto las terrazas a tope, animadísimas. La playa usada por muchísima gente. Los hoteles y apartamentos con los letreros de ocupado y, sobre todo, muchas caras sonrientes que es lo importante, tanto de los que vienen como de los que están. Indudablemente el turismo es necesario para la economía de Conil y es inevitable. Todos queremos la playa. No podemos ser egoístas y restringirla a unos cuantos (los turistas de chancla y mochila también caben). Es lógico y normal que los del interior quieran sofocar los calores y pese a que nos puedan “agobiar” hay que comprenderlo. Somos los primeros que queremos playa. Hasta ahí todo bien pero ¿y de los olores? A choco, tortillitas de camarones, atún encebollado... Sin comentarios. ¿Y en cuanto al oído? ¿Existe algo más agradable que sentarse junto al mar a escuchar cómo rompen las olas? Si es que “tenemos lo que todo el mundo quiere”, y por todo ello las autoridades son las primeras en mostrar su alegría utilizando sus aparatos de medida para dar a conocer un balance que, aunque con algunas faltas, ha sido estupendo. Más reconozco que si utilizara otra balanza, para disgusto de los ediles, el peso sería distinto, porque he visto, he oído y he olido mucho y quiero pensar que ellos también, aunque públicamente no lo reconozcan.

  Y para que el próximo verano tomen las medidas oportunas deben hacer como en las pasarelas de moda, adelantarse al verano que viene, ahora en Otoño. ¿Serán capaces? Porque lo digo sinceramente y enfadado, que no quiero volver a ver los coches invadiendo la playa, ni aparcados encima del paseo marítimo o sobre la acera del nuevo mirador de la Atalaya (hay que conservar, que cuesta todo mucho). Que no quiero sufrir ni como peatón ni como conductor los atascos, ya no en horas punta sino a cualquier hora, por falta de organización e infraestructuras, debido en parte a la excesiva especulación a la que se ve sometida el suelo. Que no quiero ver los quads y las motos a su libre capricho por las calles, playas y acantilados. Mandan en el pueblo: Conil parece un “circuito”, un recinto exclusivo, provocando un ruido insoportable a cualquier hora y exponiéndonos a todos a un continuo peligro cada vez que transitamos a pie, e incluso en coche. Es un tema que, como todos, en unos sitios tienen más resuelto que en otros, pero que se puede mejorar. Cuestión de echarle...

   Que no quiero ver ni oler los contenedores de basura hasta la bandera a las siete de la tarde, saturados ya a esas horas, cuando reza en un bando pegado en uno de sus laterales que no se podrán utilizar antes de las 21 horas. En la misma puerta de “Raíces Conileñas”, es decir, en frente de la policía local. No digo que sean ellos, pero sí que tienen la obligación de hacer cumplir las normas, y no dejar que se “toreen” delante de sus narices. Aunque no pueda entenderlo, puedo hacer un intento por excusar aquellos contenedores repletos en otras zonas céntricas, y muy concurridas, a las seis de la tarde, pero no al alcance de sus ojos. Por cierto, que da asco ver los fluidos negros, putrefactos, regando las calles, ya de por sí algo repugnantes (nunca vi tanta porquería pegada sobre el asfalto) de este pueblo. Seguro que son muchos los que tienen su propia anécdota. pero generalizando digo lo que además de oír he visto: nunca Conil estuvo tan sucio como en este verano. Y a nadie parecia extrañarle. ¿Somos tan pocos los que pasamos vergüenza y pena?. Porque sinceramente, creo que Conil no se lo merece...

   No se puede ofrecer la playa como único argumento para atraer al turismo. Playas hay muchas y muy bonitas también. Hay que dar servicios. No se puede atender a una población de 90.000 habitantes (dato cuestionable) con los servicios que ya de por sí son escasos para los 18.000 que aquí vivimos de modo habitual. Y estoy hasta el “gorro” de oír la célebre frase “Que esto sólo es un mes” ¡Joder! Que es el mes de VACACIONES de mucha gente, y que lo pagan muy pero que muy bien, y además es un mes de mi vida por el que también tengo derecho a exigir bienestar, porque para mí cada día tiene mucho valor.

   ¿Se dan cuenta los señores responsables que cada vez hay más Plataformas? Contra el ruido, por una buena salud, en defensa del patrimonio... ¿Surgirá pronto la que se especialice en higiene y salubridad? Porque el tema de los olores, las pestes, es otro “temita”. Temo la entrada del levante y no porque no se pueda ir a la playa y te deje las piernas flojas, sino por el olor. El aire espeso, con aroma a cloaca, produce náuseas. ¡El río! La culpa es del río, y claro, es que la depuradora, según parece, apenas funciona (¡y se permite el baño en la desembocadura del río!). Las alcantarillas están selladas (paseen por la mismísima calle Cádiz y vean los usillos). Las tuberías no pueden absorver el volumen de residuos y estallan. A la salida del pueblo una vaquería nos despide con otro olor especial (moñiga de vaca) para llevárnoslo de recuerdo...

Vehículos invadiendo la Playa, a pesar de las señales

   En fin, hay que retratar las cosas que no nos gustan. Las bonitas están ya en las postales o en las revistas de promoción de agencias de viajes y hoteles. Hay que decir que este verano, desde el punto de vista que “dibujo”, ha sido un fracaso. Económicamente habrá compensado, de lo que me alegro enormemente, pero ha sido bastante caótico.

   Y ya, para terminar, no quiero dejar de hablar del tema de la juventud, en la cual sigo creyendo. Me complace que se diviertan todo lo que puedan. Que disfruten de los años que tienen e incluso, si me lo permiten, que sigan con ese toque de “locura” y vivan sin temores... Todo sigue, querámoslo o no, su curso, y crecerán. Pero esas molestias que causan: ruídos, destrozos, situaciones de peligro... es algo que falla en nosotros. Hay que buscar soluciones, que no deben ir nunca contra su condición de jóvenes. Los ruidos tienen solución, no hay que echar a la juventud al otro lado del río (un rumor). ¿Si se toman medidas con panaderías y gimnasios, no se pueden tomar también con otras cosas?

   Bueno, que todo es consecuencia del turismo, pero como bien ha dicho el señor alcalde, citando a otro, “el turismo o bien calienta la casa o la hace arder” ¡Por favor los bomberos!. Servicios, infraestructuras, organización, aplicación de normas, cumplimiento de la ley... Que son los gobernantes los que tienen que solucionar las cosas. Se presentan para eso, ocupan su cargo para eso y se les paga por eso. Ya van poniendo oidos a algunas de nuestras propuestas...

   ¿Romanas o digitales? Hay cosas que no fallan: la vista, el oído y el olfato. Ah!... y para hablar la boca, que aquí no jugamos a ser los monos de la sabiduría. 
 

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