EL RUIDO - UNA ASIGNATURA PENDIENTE EN CONIL

  Plataforma Anti-ruido

  Barriada de Los Bateles (Conil)


   Una situación insostenible.- La situación de Conil es insostenible, si sigue como hasta hoy, porque no estamos preparados para soportar a cuatro o cinco mil personas por las calles vomitando, orinando, defecando, rompiendo los espejos de los coches o destrozando el mobiliario del pueblo, que es beneficio de todos. Un ruido imposible y, por si fuera poco, coches y motos a altas horas de la madrugada derrapando y tocando las bocinas.

   Las calles amanecen que no se puede pasear por ellas. Luego, cuando se “limpia” (bueno, se barre) y se riega con un poco de lejía no se le pasa un cepillo. Es decir, las calles sólo se mojan y los orines quedan; y cuando sale el sol es imposible pasar por ellas. Así que medio pueblo, que es por donde los visitantes se pasean de día, toda la zona antigua de Conil, desde la discoteca Ícaro hasta el Matadero antiguo y desde allí a la calle Peñón, pasando por las calles Cádiz, Ancha, Herrería, La Palma, Goya, Noria o Dalí.

   Todos sabemos que el ruido provoca o puede provocar problemas de salud. Todo el que tiene un pub detrás o al lado de su vivienda tiene un miembro de la familia con problemas de corazón. En la calle Ancha nº 17 hay una familia en la que la señora tiene el 65% de incapacidad, gracias al enriquecimiento de unos y a la vista gorda de otros. Junto a ésta hay otra familia con problemas de corazón, y suerte que tienen una casa fuera del pueblo y se van a ella los fines de semana. Y si me pusiera a nombrar familia por familia todas tienen un problema de salud. Yo mismo he tenido que ser intervenido de un pecho por causa del terrorismo psicológico que padecemos. Y es que uno se encuentra impotente ante esto: vayas a donde vayas siempre te dicen que en todos los sitios es igual. Pero nosotros pensamos que falta voluntad política. La movida de un pueblo tiene que ponerse fuera de él, para que no moleste. Y gracias que surgió nuestra Plataforma, porque antes los sitios de ambiente no estaban ni un poco insonorizados. Y si hablamos de las drogas, en este pueblo es impresionante la cantidad que se consume, y cada vez son más jóvenes los consumidores. Entre el alcohol y las drogas, ¿qué futuro les queda a nuestros jóvenes?. Y no vale decir que en todos los pueblos las hay: tenemos que poner todos los esfuerzos para que en el nuestro haya las menos posibles.

   Llevamos muchísimo tiempo pidiendo al Ayuntamiento que declare “zona saturada” esta parte de Conil, para que no se abran más pubs en la zona. Por fin parece que ya tienen el estudio preparado para que la Junta de Andalucía le de el visto bueno; debemos reconocer que el Ayuntamiento está poniendo “algo de su parte”.

   El testimonio de nuestros vecinos .- “Somos un grupo de vecinos de la barriada de El Pozuelo, y llevamos viviendo aquí más de veinte años. Damos una voz de “socorro” para que nos escuche el pueblo de Conil, ya que parece que nadie lo hace. Nos sentimos víctimas de las atrocidades y del egoísmo de cuatro desaprensivos a los que sólo mueve la avaricia del dinero, sin importarle el sufrimiento, la angustia y el malestar de sus vecinos, con los que viven día tras día, robándoles horas de sus propias vidas y de su propia intimidad, sin el mínimo escrúpulo ni consideración.

Banderas negras ondeando en “La Botellita”, calle Ancha
Es sólo un ejemplo del descuido y abandono de nuestro centro histórico a los intereses privados.


   Y algunos de estos desaprensivos son los que van todos los domingos a misa y se dan golpes de pecho y se arrodillan ante Dios, para pedirle. Y yo me pregunto ¿qué le piden?. Salud sólo para ellos, porque nosotros ya no la tenemos, o tal vez le piden que nosotros los vecinos no levantemos más revuelo y sigamos callados, como lo veníamos haciendo hasta ahora, para que ellos sigan haciendo y deshaciendo como venían haciendo a su antojo, sin que nadie les ponga trabas.


   Llevamos ya cerca de veinte años quejándonos, y es como pregonar en el desierto. Nadie nos presta la más mínima atención. Todo son buenas palabras y promesas de parte de las autoridades, y de las fuerzas políticas, promesas que no se cumplen la mayoría de las veces.

   Tenemos las suelas de los zapatos gastadas, de tanto que hemos ido a dar quejas, y los ánimos también porque nos sentimos traicionados, desamparados, abatidos, impotentes y tristes, muy tristes por ver que vivimos en un país democrático donde tanto se promulgan, en vano, los derechos humanos. Pues aquí, con nosotros, se han practicado poco, o tal vez no nos vean como seres humanos. Somos personas sumisas, humildes, sin ánimo de ofender ni de hacer daño a nadie, y de esos sentimientos se han valido siempre estos cuatro desalmados”.

   Derechos y Ruido .- El ruido es, pues, una agresión física con efectos nocivos para la salud y una intromisión en el ámbito privado de la persona, a la que impide gozar en libertad de su domicilio. Tanto la Declaración Universal de los Derechos Humanos como el Convenio europeo para la Protección de los Derechos Humanos, y la Constitución española, contienen preceptos que son aplicables a estas situaciones.

   Limitándonos a la legislación del Estado español, el art. 18 de la Constitución garantiza el derecho a la intimidad personal y familiar, y a la inviolabilidad del domicilio. El art. 43 recoge el derecho a la protección de la salud y señala que es competencia de los poderes públicos tutelar la salud a través de las medidas preventivas necesarias, y que la “Ley establecerá los derechos y deberes de todos al respecto”. Tanto el Tribunal Europeo de Derechos Humanos como el Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo y los Tribunales Superiores de Justicia de las Comunidades Autónomas vienen interpretando los anteriores preceptos de forma muy estricta.

   Por ejemplo, la Sentencia de 17-02-84 del Tribunal Constitucional dice que es objeto de protección el espacio físico en sí mismo y lo que hay en el de emanación de la persona. La regla de inviolabilidad del domicilio es de contenido amplio e impone una serie de garantías y de facultades en las que se comprenden los debidos a toda clase de “invasiones”, incluidas las que puedan realizarse por medio de aparatos mecánicos o electrónicos y otros análogos.

   El art. 45 de la Constitución sienta el principio de que “Todos tienen el derecho de disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona” y que “se establecerán sanciones penales” para los que violen estos derechos. El incumplimiento de este mandato lo castiga el Código Penal con pena de seis meses hasta cuatro años, para quienes realicen emisiones de ruidos que ocasionen riesgo de graves perjuicios para la salud de las personas, y se establecen penas análogas para las autoridades o funcionarios que silencien las infracciones cometidas en esta materia.

   Además, desde noviembre de 2003 ya no hay excusas que valgan. La Junta de Andalucía acaba de aprobar un reglamento de protección contra la contaminación acústica que da a los Ayuntamientos los instrumentos legales suficientes para evitar la inacción en este asunto, de tanta importancia para garantizar una mejora de la calidad de vida en nuestros pueblos.     

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