¿TIENEN ALMA LOS LADRILLOS?

  JUAN ANTONIO GOTOR DE ASTORZA 


   Existe un libro que, entre otras, tiene la peculiaridad de ser la primera publicación conjunta de la Consejería de Medio Ambiente y la Diputación de Cádiz. Su título, Flora amenazada del litoral gaditano, escrito por Iñigo Sánchez García. La edición es del año 2000, o sea reciente.

   Don José Luis Blanco, entonces Consejero de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, hace alusión en la presentación a la gama de ecosistemas y la extraordinaria riqueza paisajística y biológica de la provincia de Cádiz, haciendo una pequeña mención al Plan de Medio Ambiente de Andalucía que tiene entre sus objetivos “mejorar la calidad ambiental del litoral y garantizar el normal funcionamiento de los procesos ecológicos propios de los ecosistemas litorales, así como la conservación de su flora y su fauna”. Don Luis Silva Sánchez Barahona, ex Vicepresidente primero y Diputado delegado del área de Asistencia a Municipios, Desarrollo Comarcal y Medio Ambiente, en su introducción al libro que comentamos, lo considera como “una guía de doble utilidad desde el punto de vista didáctico y como instrumento útil y necesario para llevar a cabo la planificación de un territorio una vez conocidos sus recursos naturales, la localización de especies, factores de amenazas y medidas de conservación”. Palabras bonitas pero, ¿se hace?

Construcciones en el mismo borde costero (Roche II)


   Dicho esto, hablemos de la franja costera del término de Conil de la Frontera, siguiendo a Iñigo Sánchez García, biólogo, pues, aunque yo tenga sus mismas inquietudes, carezco de sus conocimientos. Divide nuestro autor la franja costera de Conil en cinco zonas: Playa y matorral de El Puerco, Calas de Roche, Río Roche-Pinar de las Peñuelas, La Fontanilla y Playa de Castilnovo.

Playa y matorral de El Puerco .- Después de citar la flora que la caracteriza y la más amenazada, que no nombro por ser términos latinos de difícil pronunciación, cita las especies más vulnerables y el peligro que ha supuesto “la reciente ampliación del área urbanizada de Novo Sancti-Petri” con la pérdida de las poblaciones que menciona. ¿Las medidas que se toman? Próxima construcción de un nuevo complejo hotelero en la Loma del Puerco.

Calas de Roche .- Tras describir esta franja del litoral, de características similares a la anterior, nuestro autor apunta que la solución propuesta es mejor: prohibición del acceso de coches a las calas y creación de aparcamientos al otro lado del carril, de donde salen caminos peatonales hasta el acantilado. Eso ya está hecho, y lo aplaudimos. Pero el control de motos, y hasta de vehículos a tres y cuatro ruedas, es insuficiente, pues en la época estival los desaprensivos de siempre siguen accediendo con sus vehículos a las calas, impunemente. Por otro lado, Íñigo Sánchez hace referencia, lógicamente, a “las agresivas urbanizaciones que han supuesto la pérdida de parte de las poblaciones de enebro costero” (en extinción como el Lince Ibérico, y con la máxima categoría de protección como aquel). Aquí no se han respetado las normas urbanísticas vigentes, construyendo en el dominio público. Actuaciones que han sido “consentidas por algunos Ayuntamientos…”.

Río Roche-Pinar de las Peñuelas .- “El río Roche durante la mayor parte del año queda reducido a una sucesión de pozas, quedando su desembocadura hasta hace poco separada de la costa por una barra arenosa, con lo que el contacto con el mar se daba sólo en contadas ocasiones” –dice Íñigo Sánchez-. Estas pozas de agua dulce sobre las ácidas arenas costeras, constituyen aún hoy en día “un ecosistema único en el litoral gaditano, de gran interés botánico y faunístico”. Y continúa: “Se encuentra en el cauce del río algunas de las especies [...] más típicas de las charcas dulces de Cádiz junto a otras más raras […] no detectadas hasta la fecha en ningún otro lugar del litoral gaditano”. Y destaca también poblaciones existentes en las proximidades de la charca, así como en el sotobosque del pinar, entre éste y la carretera de acceso al puerto pesquero. Como peligro resalta la absorción de las charcas por la proximidad de la Urbanización de Roche.

Desde la Asociación La Laja auguramos el fin de las mismas. Nuestro autor señala ya que “el reciente dragado de la desembocadura ha permitido la penetración del agua de mar”, siendo previsible “una pérdida de diversidad en los próximos años”. Nosotros añadimos que la prevista construcción por ROSAM de lo que podríamor llamar Roche II (¿o III?), desde la Cala del Aceite hasta la actual Urbanización, en el margen derecho del río, terminará con lo que queda. Eso sí, tendremos un parque fluvial, una “riverita” donde, como en el Retiro, se podrá navegar, tal vez, en pequeñas barcas….

La Fontanilla .- Con este término engloba La Fontanilla y la playa de los Bateles. Aunque nos parezca extraño, Íñigo Sánchez señala que este tramo de costa cuenta “con una enorme diversidad vegetal, ya que en ella coinciden especies típicas de vegetación dunar con otras de marisma y, por último, con algunas ligadas a afloramientos de aguas dulces”. Es algo más que una playa urbana, pues posee como singularidad “una franja de vegetación derivante del antiguo cauce del río Salado;… la flora por donde discurría el río es extremadamente interesante y diversa. Encontramos en ella a la Puccinellia fasciculata, una gramínea que jamás había sido citada en Cádiz y en ella –dice nuestro autor- hemos encontrado también la única población costera de Cyperus laevigatus…”. No aparecen ilustraciones de dichas plantas, pero seguro que como todas las plantas tendrán su alma. En el siglo XIX las había en Sanlucar, Chiclana, Conil y Vejer, volviéndose a localizar en Conil en registros posteriores y –según Íñigo Sánchez- a la fecha “la hemos localizado en la playa de la Fontanilla”, en la franja humeda Chorrillo-Bateles, es decir, junto al mismo Paseo Marítimo. Los factores de amenaza que cita para ambas son el enorme trasiego de personas en verano y el paso de las máquinas limpia playas, problemas resueltos hoy en día con la instalación de pasarelas y el abandono de la practica de este tipo de limpieza en la zona.


   Sin embargo, desde esta Asociación denunciamos lo que este verano ha sido una “balsa para aparcamiento”, sin respetar la legalidad vigente. Se rasaron dos amplias zonas, las más cercanas a la bajada de El Chorrillo, incitando al estacionamiento de vehículos, y pese a estar regulada la zona por cuatro placas de prohibición no se actuó en consecuencia.

Pozo, prado y marisma; al fondo, la Torre de Castilnovo


Playa de Castilnovo .- En mi opinión no es necesario decir mucho de este paradisíaco lugar, pese a que hay quien al divisarlo sólo vea en él una extensión de terreno para edificar, algo vacío, y en su retina se reflejen complejos hoteleros y campos de golf. Allí según el autor del libro no hay especies amenazadas, precisamente por su aislamiento. “Las comunidades vegetales propias de los arenales costeros se conservan en buen estado”. Sin embargo, cita la zona de Marisma del Río Salado como bastante degradada y “aunque conserva interés para la fauna, la flora está alterada y sustituida... por lo que sería deseable llevar a cabo un programa de restauración de las mismas”. Explica que los usos que han propiciado que se conservara la franja de arenas costeras están cambiando, y que se ha “atentado recientemente contra este espacio con el enterramiento de varios encharcamientos producidos por las mareas vivas, que quedaban aislados de la costa por el cordón de dunas, y sin duda deberían tener un gran valor para la fauna y flora de la zona. Creemos que esta operación ha pretendido ganar terreno a la costa frente al reciente deslinde de la zona de dominio público marítimo terrestre, por lo que se debería obligar a los responsables a restaurarlas”.

   Desde La Laja apoyamos esta idea. Queremos crear conciencia de la importancia de esta zona única, no sólo desde el punto de vista biológico, sino también paisajístico, y señalar que no estaría nada mal que el actual Ayuntamiento, que en su PGOU protege el borde costero de Castilnovo, haga lo mismo que ha hecho con los pinares de Roche (tres millones de metros cuadrados), que ha clasificado como suelo de especial protección. Este lugar tan importante para las aves, las especies dunares, las de marisma, el ganado y nosotros mismos es, tal vez, uno de los pocos sitios donde aún ponga huevos de oro la famosa gallina. De pequeño me enseñaron que no sólo las personas y los animales éramos seres vivos, sino también las plantas. Yo me lo creí. Pero lo mejor de todo es que lo sigo creyendo, pese a la insistencia de muchos por hacerme creer que allí, al otro lado del Río, encima de la Fontanilla, en la Cala del Puntalejo o al borde del paseo marítimo, no hay nada. Sigo viendo, como ven otros, el alma de la Puccinellia fasciculata y del Cyperus Laevigatus pese a que nunca vi su foto. Pero aún soy incapaz de ver la parte sutil y espiritual de un ladrillo, y espero que por siempre así sea.

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