LAS ALMADRABAS EN LOS SIGLOS XVI Y XVII

  Entrevista con ARACELI GUILLAUME-ALONSO 

  Universidad de París-Sorbonne 


   LA LAJA quiere dar a conocer a aquellas personas que, desde diversos campos, están realizando o han realizado investigaciones sobre Conil. En esta ocasión entrevistamos a Araceli Guillaume-Alonso, profesora titular de Historia en la Universidad de la Sorbona (París), que ha tenido la amabilidad de responder a nuestras peguntas.

   Araceli ha realizado desde 1986 un ingente trabajo de investigación sobre las Almadrabas durante el Siglo de Oro, su época de máximo esplendor, y está en la actualidad redactando un voluminoso libro sobre ellas, que esperemos vea pronto la luz. Como anticipo del mismo ha publicado algunos trabajos: « Autour des confréries de marginaux : les Almadrabas au Siècle d´Or » en Les parentés fictives en Espagne (XVI-XVII siècles), 1988, y « Madragues et salines andalouses sos Philippe II : litige économique et enjeu de pouvoir », en Castilles, 1993.

¿Cuál es el objeto de la investigación que estás llevando a cabo sobre Conil de la Frontera?


   Se trata de una investigación sobre las almadrabas, de Conil y de Zahara –y accesoriamente sobre las otras de menor importancia en la misma zona geográfica del Estrecho– a partir, fundamentalmente, de la documentación conservada en el Archivo de los Duques de Medina Sidonia, en Sanlúcar de Barrameda. La época sobre la que estoy trabajando son los siglos XVI y XVII, sobre todo hasta 1640-1660. Es decir que centro mi investigación en siglo y medio más o menos, pero teniendo en cuenta lo que ocurrió en los siglos anteriores, sobre todo en el XV. El llamado Siglo de Oro es una época importante para el ducado, y no sólo en lo relativo a las almadrabas, época durante la cual los duques residieron casi todo el tiempo en Andalucía. También me interesan los decenios 1640-1660 posteriores a la salida obligada del noveno duque de sus Estados por orden del rey Felipe IV, y a la pérdida del señorío de Sanlúcar, para estudiar, en relación con las almadrabas, las consecuencias de tales cambios y de su ausencia de la región. Ocasionalmente, algunas catas sobre el siglo XVIII me permiten establecer comparaciones, pero ese siglo por muchísimas razones merece un estudio aparte y se aleja de mis actividades investigadoras –y de mis competencias–­­ centradas en la España de los Austrias.

¿Cuánto tiempo llevas invertido en dicho trabajo ?

   En realidad se trata de una investigación que comencé hace muchos años, en 1986, pero a la que no he podido dedicar el tiempo que hubiera querido por diversas razones personales y sobre todo profesionales. Le dediqué mucho tiempo entre 1987 y 1990, durante los tres años en que viví en Madrid y después, le he dedicado bastantes horas durante las vacaciones, pero no las suficientes porque mis vacaciones coinciden en parte con las vacaciones lógicas del personal del archivo y éste cierra en agosto. Aun así, sumando horas, serían muchísimas.

¿Qué Archivos y qué documentación has manejado? ¿Qué dificultades has encontrado?

   Como ya he dicho, utilizo fundamentalmente los fondos del archivo ducal, pero también documentos de Simancas, de la Academia de la Historia, de los archivos municipales de la región cuando se han conservado, y fuentes impresas de la Biblioteca Nacional porque no se pueden entender las almadrabas de Conil, ni las demás, desgajándolas del conjunto de los bienes, tierras, rentas y organización de la casa ducal y tampoco se puede entender ésta sin inscribirla en un sistema de funcionamiento global de la nobleza y de sus relaciones con la monarquía. Naturalmente, buenas o menos buenas, tengo en cuenta las cosas que otros han ido publicando sobre el tema.

   En cuanto a la documentación del archivo ducal propiamente dicha, está, primero de todo, la que es de orden descriptivo: diarios de almadrabas con la nómina de los trabajadores, capturas de atún, incidentes, accidentes, material y herramientas, etc. Es la documentación más evidente y es una suerte que se haya conservado en gran medida. Además de lo cuantitativo, que sólo me interesa como soporte para un estudio más abierto, los diarios nos ofrecen, si sabemos leerlos, una visión antropológica interesantísima sobre usos laborales y comportamientos en ese mundo particular de la almadraba. Otro aspecto interesante es el de la comercialización del atún, el de la sal y el monopolio que la monarquía quiere ejercer sobre este producto tan indispensable, monopolio que entra en conflicto con los privilegios tradicionales de los duques en materia de salazón del atún de almabrada y por lo tanto con sus intereses. Hay sobre este tema una ingente cantidad de documentación.

   Sin embargo, quizá sobre las almadrabas, lo más difícil en materia de documentos sea la dispersión de pequeños datos, interesantísimos, en papeles de todas clases: correspondencia, facturas… En cualquier carta o documento, que emane de los duques o que se les dirija a ellos, se hace alusión, de paso o con insistencia, a un detalle de la pesca, a tal oficio, a tal atalaya que está perdiendo la vista o a su hijo que quiere el cargo. Todos esos detalles son fuente de información que permiten plantearse una historia más completa, más profunda de la región, de sus gentes, de la incidencia de los dos meses, más o menos, de pesca, y de la repercusión en sus vidas el resto del año. La almadrabas nos hablan del clima, de la evolución técnica de la pesca, de la Chanca y su uso, de la mano de obra local, tan necesaria pero a menudo tan remisa cuando no se trata de oficios especializados, de la escasez de cereales para la alimentación, del artesanado, de la carencia de madera y de esparto de calidad…

   Las dificultades del trabajo que estoy haciendo se derivan de su propia amplitud, problablemente también de la manera global en que me lo he planteado y, como ya he dicho, de mis propias circunstancias. En efecto, vivo en París y ejerzo como profesora titular en la Universidad de París-Sorbona, y me resulta excesivamente difícil encontrar tiempo y momento para trabajar de manera continua en Sanlúcar. Por lo demás, sólo puedo decir que se me han dado toda clase de facilidades y que incluso llegué a tener un acceso al archivo en circunstancias muy favorables, sobre todo antes de que éste perteneciera a la Fundación y, claro, se adoptaran una normas más generales para todos. Aun así, si dejo de lado el cierre en agosto, puedo decir que la dificultad viene de mi propio trabajo y de los 2.000 km que separan París de Sanlúcar. Por lo demás, los problemas técnicos relativos a la lectura paleográfica de los documentos me los ha solventado más de una vez la propia duquesa que es la que de verdad conoce lo que hay en su archivo y es una paleógrafa de primera.

¿Por qué tu interés por las Almadrabas?

   En mi caso la culpa la tiene Cervantes. En 1986, cuando estaba pensando en un tema para mi tesis doctoral, mi director de investigación, Augustin Redondo, catedrático de Filología Hispánica en la Universidad de Paris-Sorbonne Nouvelle y gran hispanista francés, me habló de las almadrabas y de lo que de ellas dice Cervantes en La ilustre fregona y me sugirió que viera lo que había como documentación sobre el tema. Confieso que no tenía ni idea de lo que eran las almadrabas e, incluso, que nunca había oido la palabra. Hoy esto extraña mucho porque las almadrabas se han puesto de moda, pero hace casi veinte años ni los sevillanos sabían lo que eran, por lo menos muchos de ellos y no hablemos del resto de España. Encontré el archivo, empecé a consultar los índices y me di cuenta del inmenso interés del tema. Después, por razones de lejanía, opté por hacer una tesis sobre la Santa Hermandad Vieja de Talavera de la Reina que era un tema más fácil de abarcar y que leí en 1991, pero nunca dejé de trabajar y de reflexionar sobre las almadrabas, hasta llegar incluso a comprarme una casa en Sanlúcar para acercarme al archivo.

Almadraba de tiro de Conil en el siglo XVIII (Sáñez Reguart)


¿Qué importancia económica, social… llegaron a tener las Almadrabas durante los siglos XVI y XVII?

   Muy grande porque movilizaban mano de obra especializada, con pericia en varios oficios de la mar, pero también una extensa mano de obra sin especialidad alguna, atraída por un dinero ganado con rapidez, aunque con duro trabajo. La almadraba era un tiempo fuera del tiempo y en un espacio limitado pero con repercusiones que iban más allá de la época de la pesca y de las playas del Estrecho. Fueron las almadrabas un microcosmos de cierta sociedad de la época, no sólo de bandidos, pícaros y otros marginados, como lo ha divulgado la excelente literatura que se ocupó de ellas, o de jesuitas que iban a convertirlos que ciertamente los hubo. Se dieron también, a orillas de ese mar de Conil y Zahara, intercambios comerciales importantes con exportación de un producto de gran valor alimenticio, el atún, a diferentes puntos de Europa y a América y el contrapunto de capitales puestos a disposición de los duques en Sevilla u otras plazas financieras, además de algunos pagos al contado. Pero, las almadrabas permitieron igualmente otros intercambios más sutiles, poniendo a prueba los vínculos entre el poder señorial y la gente de sus tierras. De hecho, las almadrabas revelan tanto la armonía de ciertas relaciones como los conflictos que oponían a menudo los intereses locales a los del duque, intereses que eran muy a menudo económicos pero que también podían ser de otro orden.

¿Cuándo podremos leer tu trabajo terminado?

   No lo sé. He decidido que no voy a hacer un trabajo exhaustivo para empezar porque, de ser así, podría eternizarme. Actualmente estoy redactando pero tengo que ir comprobando algunas cosas porque, según va pasando el tiempo el investigador evoluciona a la par que su trabajo y las cosas se ven de otra manera. Ahora sé mucho más sobre el entorno social, político y económico de la época y hay documentos que requieren una lectura diferente de la que hice en su día. Aun así espero presentar un libro bastante completo antes de dos años, pero ya digo que no será exhaustivo ni mucho menos. Sólo pretendo enfocar el tema de manera algo diferente a lo que se ha hecho hasta el momento.

¿Podrías adelantarnos algunas conclusiones?

   No, mejor no. Creo que ya he apuntado cosas en lo que he dicho y si doy conclusiones ahora, me va a dar la sensación de que ya lo he dicho todo y se me van a quitar las ganas de seguir. Además, aunque para un historiador su tema siempre sea esencial, no hay que esperar de un tema así conclusiones estrepitosas que cambien nuestra percepción general de la Historia. Creo que la idea que ha prevalecido en mí en estos últimos años es la de que esa región del planeta ha sido en todas las épocas una región privilegiada, una tierra mítica en los confines de Europa, entre dos mares y varios mundos. Tierra fundacional del hercúleo mito hispánico, crisol de civilizaciones, puerta de acceso y de salida del Mare Nostrum, antesala del Nuevo Mundo son calificativos que siempre ha recibido. Y, en efecto, podemos reconocer que es una comarca fuertemente marcada por la mitología y por la Historia. Intentar entender algo tan particular como las almadrabas y sus implicaciones locales y generales en un entorno tan peculiar como las tierra del Estrecho es una manera de aportar un grano de arena a nuestro conocimiento global del funcionamiento del mundo en un momento determinado de nuestra Historia.

Almadraba de Conil en el siglo XVIII (A.D.M.S., detalle) 

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