¿URBANISMO?

 Lourdes García Durán

 

   Después de incontables años en los que la construcción ilegal ha estado a la orden del día en nuestra localidad, en los que el paisaje rural de Conil ha cambiado pinares por hormigón, acantilados protegidos por hileras de adosados, dehesas centenarias por pseudo-urbanizaciones de infraviviendas de fin de semana, acuíferos limpios por enormes bolsas de aguas fecales, por fin, de la mano del Ilustrísimo Ayuntamiento y de su nuevo Plan Urbanístico, la ley se impone y la construcción pasa a ser un negocio legal, controlado y respetuoso con el medio ambiente. ¡Perfecto!

   Las autoridades municipales, por medio del cuerpo de Policía Local, invierten cientos de horas y no menos litros de gasolina en recorrer, metro a metro, todos y cada uno de los caminos rurales de nuestro municipio en busca de obras ilegales, construcciones sin permisos y cualquier otro tipo de desmán urbanístico. ¡Perfecto!. Las fuerza vivas de la localidad, encabezadas por el Señor Concejal de Urbanismo y sabiamente aconsejadas por la gran experiencia y saber hacer del Arquitecto Municipal, recalifican terrenos, asignan nuevas zonas y dan pie a la creación de modernas urbanizaciones, provistas de todos los medios que una moderna urbe se merece: alcantarillado, calles con aceras, iluminación, agua corriente, etc. ¡Perfecto!

   Evidentemente, tanto control, tantas facilidades, tantos servicios, encarecen el terreno. Hasta ahí, todos de acuerdo. Si para construir ilegalmente basta con pagar seis euros por metro cuadrado de terreno, para cumplir con las nuevas normas urbanísticas hay que desembolsar una barbaridad de euros por cada metrito de nuestra nueva parcela. Bueno, el tema sale bastante más caro de lo que un bolsillo normal puede permitirse, pero todo sea por cumplir con las normas y convertir nuestro pueblo en un ejemplo de urbanismo responsable y respetuoso con el entorno y el medio ambiente. ¡Perfecto!

   Pues bien, tras más de quince años ahorrando para poder convertirme en una ciudadana ejemplar y contribuir a que nuestro pueblo siga recibiendo premios internacionales, decido invertir todo lo que tengo en una pequeña parcela (430 metros cuadrados) de la más moderna y legal urbanización que se construye en nuestro municipio, el carísimo y super elegante Parque Andaluz II fase. Mi enorme esfuerzo económico me da derecho a disfrutar de un pequeñísimo trozo de tierra perfectamente legal, con el que recibo, junto a la escritura, un manojo de folios con decenas de estrictas limitaciones y obligaciones a las que, sin dudar, me acojo punto por punto. Dichas normas limitan el porcentaje de metros edificables, la altura máxima de la casa, la distancia mínima a las lindes, etc. Pero la norma más sencilla, evidente y de fácil cumplimiento y vigilancia, es la que limita la edificación a UNA SOLA VIVIENDA POR PARCELA . ¡Perfecto!

   Todos los que pretendemos construir, debemos previamente pasar el filtro de la Concejalía de Urbanismo, entregar los planos del arquitecto, pagar todas las cantidades que el Ayuntamiento nos exige y esperar a que el concejal, el arquitecto municipal y todos sus técnicos den el visto bueno al proyecto. Como no me cabe ninguna duda de la profesionalidad de los funcionarios y técnicos municipales, de su honradez y de su dedicación a su trabajo, me limito a cumplir con todo lo exigido y comienzo a construir mi casa. ¡Perfecto!

   Hasta la fecha, de las cerca de cincuenta parcelas edificables, tan sólo hay cuatro viviendas terminadas y dos o tres en construcción. No parece difícil pensar que si las autoridades son capaces de controlar, denunciar y precintar cientos de obras ilegales, les resultaría muy sencillo vigilar las cuatro únicas casas que se construyen en la urbanización “legal” a la que tantos esfuerzos y estrictas normas han dedicado. Parece fácil ¿verdad?, Pues no. Resulta que cuando me acerco a comprobar el estado de mi obra, observo con estupor que de las cuatro casas terminadas, al menos dos incumplen flagrantemente las normas antes citadas. La primera de ellas, presenta claramente DOS CASAS simétricas y adosadas, mientras que la segunda, quizá animado su dueño por la visión de la otra, no es ni más ni menos que un edificio de CUATRO APARTAMENTOS claramente independientes.

Parque Andaluz 2ª fase

   Indignada, me dirijo al Ayuntamiento, concretamente a la Oficina Técnica, para denunciar el hecho y pedir explicaciones. Tras presentar una denuncia por escrito y solicitar una audiencia con el Concejal de Urbanismo, recibo la absurda explicación de que esta ilustre Concejalía no había tenido ninguna denuncia previa al respecto, de que entre sus atribuciones no estaba el controlar todas las obras que se realizan en Conil, de que el Arquitecto Municipal, conocedor de los tremendos incumplimientos urbanísticos que los proyectos presentaban, informó negativamente a la Concejalía, y de que al fin, los unos por los otros, la cosa se queda como estaba y nadie toma cartas en el asunto.

   ¿Para qué tantas normas, tanto urbanismo y tanto dinero entregado a las arcas municipales? ¿A qué se dedican el concejal, el arquitecto, los técnicos y la policía? ¿Es tan difícil controlar la legalidad que uno mismo impone? ¿Resulta tan complicado distinguir una casa unifamiliar de un edificio de apartamentos? ¿Cuántos impuestos tenemos que pagar para que la Concejalía de Urbanismo funcione correctamente?. Ante hechos como este, a una se le quitan las ganas de ser legal, de contribuir al embellecimiento de nuestro pueblo y de seguir pagando por unos servicios que no recibimos.    

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