¿PROTEGER EL LITORAL?

 José Manuel Valero

 

   Parece que el significado de proteger lleva implícito un peligro. No se protege nada que no lo necesite, nada que no corra un peligro o que sufra una amenaza. Pero hay también muchas formas de proteger, a saber: a) proteger de manera total y de forma consecuente, honrada y honesta; b) proteger de forma parcial, pero con voluntad de hacerlo medianamente bien; y c) proteger de “boquilla”, aunque realizando una acción que nos deje salir airosos (vulgo “nadar y guardar la ropa”) en caso de necesidad.

   Pues bien, la protección de que goza el tramo de nuestro acantilado comprendido entre la Cala del Puntalejo y la Cala del Aceite corresponde a la protección del tipo “c”, o sea, la de pacotilla. ¿Por qué no se toma con verdadero interés lo que se propone y se “cierra” este tramo de una forma agradable, no impactante y que no desentone con el entorno, para que no circulen por allí las motos, los coches y demás vehículos?; ¿por qué no se vigila adecuadamente para que no se realicen excursiones en quads y vehículos todo terreno como se vienen realizando casi todos los fines de semana?.

Acantilados

   Todos sabemos lo frágil que es la naturaleza ante el acoso tan bestial que hacemos las personas. Todos sabemos lo que va a pasar cuando esta zona quede desnuda como la palma de una mano: allí no habrá qué conservar y entonces será mejor rentabilizarla y construir. Claro que entonces les tocará a otros aceptar esta realidad y entonces será cuando los que “protegieron” esta zona se lanzarán como lobos diciendo lo mal que lo hacen otros y nos enseñarán los escritos que ellos publicaron con la intención de salvaguardar nuestro patrimonio. 

   Pero entonces será también el momento de contestarles enseñando los dientes de pura rabia y preguntarles qué medidas realmente prácticas tomaron para que esto no ocurriera, y de demostrarles que, una vez más, utilizaron cuantos medios tenían a su alcance para confundir, engañar y timar a todo el pueblo y poder vender, por aquello de la economía de mercado, lo que podía haber sido nuestro patrimonio y nuestra “gallina de los huevos de oro”, porque no se nos olvide: el turismo viene porque hay espacios libres y vírgenes, no porque haya cemento. 

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