Cáncer

Juan A. GOTOR DE ASTORZA


Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar… y en este municipio (no es el único), se pasa por esta vida a ritmo de coches tuneados, motos y quads… y a los demás que nos den, que para eso “antes éramos muy pobres y ahora tenemos… demasiado…” El argumento fatal. El que acaba con uno de los pilares más básicos para los que vivimos en comunidad: la convivencia. Palabra que está de moda a un nivel que podemos considerar exagerado, y todo porque está en crisis y en el fondo reconocemos su valor y, todo lo que vale ya sabemos que está en venta. He ahí como ejemplo, programas de televisión tipo “Gran Hermano”, “OT”, “Fama, a bailar”… en los que por encima del talento que pueda aportar el concursante, se recrean en las relaciones de convivencia entre los participantes. Por otra parte, si nos ponemos a pensar un poco, vemos que vivimos en la era de las comunidades, no sólo de las autonómicas, sino de las religiosas, educativas, de vecinos… y también de las asociaciones, que están por cualquier parte y todos los días surgen nuevas. Y eso que el hombre desde mucho antes de serlo, ya vivía agrupado. Procedemos de manadas, somos tribales y ni pasados veinte mil años, somos capaces de convivir en total armonía. Nos aguantamos o mejor dicho, hemos desarrollado la capacidad para poder soportarnos, y los que no llegan a este nivel, o bien, en el mejor de los casos, se lían a “mamporros” con su vecino y/o en el peor, cogen la escopeta y terminan su convivencia como en aquel lamentable suceso de Puerto Hurraco…

Y como convivir es algo tan fácil, pues se desarrollan políticas que consisten en coger a X miembros de un colectivo marginal y desfavorecido económicamente y ponerlo a convivir, en un bloque de viviendas de muy baja calidad, -en los que sólo falta poner un rótulo diciendo que son viviendas sociales-, con otro colectivo privilegiado, que está en su terreno, en mayoría, y en viviendas de calidad superior. Para empezar, ya no partimos de una igualdad de condiciones.

Hay que proporcionar las herramientas, dar los recursos, crear las infraestructuras y ofrecer las mismas condiciones, para que la convivencia dentro de la “tribu” sea algo más que aceptable y así conseguiremos que entre los diferentes colectivos, comunidades, etnias, agrupaciones o “tribus”, la convivencia también mejore. Las políticas que pretenden mejorar las cosas por “contagio” no funcionan. La libre elección de “en donde” y “con quien” vivir, no es construir un gueto. El gueto se impone. Una cosa es un barrio judío y otra el gueto judío. En Harlem se agrupan los afro-americanos. En las tres mil, los gitanos. En Chueca, los gays. En la Milla de Oro, la jet… Hay que considerar la tendencia natural que tenemos para agruparnos por características afines. ¿No será cuestión de abrir las puertas a la igualdad en los derechos y deberes fundamentales para poder subsistir y convivir en una sociedad independientemente de la raza, religión, sexo, ideología, comunidad… en la que te haya tocado nacer o hayas decidido estar libremente? ¿No deben estar los gobernantes a pie de cañón, para que en su ejercicio no exista discriminación ni a nivel cultural, ni social, ni económico y, que las normas reguladas y regladas por todos, se ajusten a los “párrafos” legislados para no favorecer el conflicto entre los que se sienten favorecidos y los que se sienten perjudicados? De nada sirve trabajar para desarrollar el sentimiento de comunidad del que nos habla Alfred Adler, si los que nos gobiernan levantan muros que impiden la expansión del mismo. De nada sirven los libros de autoayuda, las horas de meditación, las respiraciones profundas y las terapias grupales si hay que sobrevivir en una comunidad donde la convivencia está crispada.

Y se preguntarán que toda esta retahíla a donde va. Pues por vía directa, a Conil de la Frontera. Que aunque no es ejemplo único, es donde vivo. ¿Es qué hay aquí problemas de convivencia? Pues sí señores y por un tubo. Aunque todos nos saludemos con el típico “jaaaaiiii” cuando nos cruzamos por la calle. No es que vivamos los ciudadanos de Conil en pie de guerra, ni mucho menos. Ni vamos con escopetas al hombro o haciéndole la vida imposible al que vive al lado. No, no es eso. Es lo que se promociona, se vende, se da… lo que no se controla.

En los años que llevo aquí, en los años que soy de Conil, he presenciado no sólo el deterioro de un centenario casco histórico y la destrucción de una gran parte de su paisaje y de su litoral. He visto alterarse la convivencia que aunque tampoco fuera la perfecta, sin lugar a duda, sí algo mejor que la que hay ahora. ¿Qué esto pasa en toda partes? Sí, pero aquí es donde disfrutamos y padecemos. Y además no todo lo que ocurre aquí sucede en todas partes. De hecho, ¿cuántas veces he oído decir, incluso con orgullo, que “Conil es una República Independiente”? Y no van muy mal encaminados, pero desde luego República si que no es y ya puestos, ¿Democracia? porque son elegidos los representantes en las urnas, existe una oposición, pobre, pero existe. Hay plenos en los que se debate… Pero por otra parte, los hechos hablan y tan clarito…

Cuando no se mide a todo el mundo con la misma vara, y según quien, se le permita o no, incurrir en acciones ilegales y por tanto delictivas, díganme qué tipo de política estamos ejerciendo. ¿Por qué aún a estas alturas hay quien sí recibe ………….. y otros muchos que no? Cuando no se le debe dar a nadie. ¿Es Democracia permitir y favorecer, y me temo, por lo que cuentan algunos, que incluso se asesora o se ha asesorado para poder “acampar” impunemente en donde no se puede? ¿Por qué un gobierno que deber preservar el bien común, permite que se usurpe por unos cuantos? ¡Que en el monte público existe un censo de más de seiscientas casas ilegales! ¿Por qué los acuíferos se perforan, a sabiendas de que esa agua es de todos permitiendo el uso exclusivo y/o lucrativo, llenando piscinas y regando el césped, en donde debería haber matorral mediterráneo porque así está legislado? Cuando se está al lado del no cumplimiento de las leyes, y son los propios gobernantes los que lo consienten o hacen la vista gorda, no se está ejerciendo la democracia. Cuando el dinero público, el que los ciudadanos “legales” damos a las arcas municipales, porque así lo dicta la ley, para beneficiar a aquellos que actúan fuera de ésta, no se está ejerciendo el mandato democrático. Cuando un pueblo calla por miedo a las represalias, no se está conviviendo en Democracia. Aquí “también” hay miedo a hablar. No te matan, pero puedes tener muchísimos problemas y encontrarte con multitud de trabas ilógicas para montar, por ejemplo un negocio. ¿Cuánta gente nos para y nos expone sus quejas porque no se atreven a hablar? ¿Cuántos aplauden las acciones de La Laja y nos piden que digamos o saquemos en nuestra hojilla o revista, esto o aquello, porque temen hablar? ¿Cuántos correos electrónicos anónimos denunciando situaciones o hechos, tenemos que seguir recibiendo hasta que desaparezca el miedo a hablar? Si leen el boletín anterior el nº 9, hay un artículo firmado por un tal Guzmán el Malo. Yo no sé quien es. No sabemos ninguno quien es. Él lo sabe. ¿Es esto un parámetro de convivencia democrática?

Es difícil convivir con los que roban o abusan de los demás. Pero peor es que los responsables de garantizar que no exista fraude, no ejerzan acciones contra eso. Se hacen los ciegos. Yo tengo y estoy en la obligación de cerrar el grifo del agua por que hay carencia. Yo tengo y estoy en la obligación de pagar mis impuestos de basura y agua… ¿Quién cierra el grifo al que llena la piscina con agua del acuífero? ¿Qué impuesto de basura y agua pagan los que figuran que no existen o no están?

¿Cuántos hay que “legales” tienen que suplicar para que se les arregle la acera, el alumbrado, el alcantarillado… registrando solicitudes o concertando entrevistas (cosa que por cierto, cuando se trata de quejas, hay concejales que niegan a dar. Si son inversores seguro que no se niegan. Vamos, esto es como ir al médico y si éste ve que tu caso no tiene cura no te atiende, pero si la tiene y le augura el éxito, sí. Siguen sin darse cuenta que están donde están, para lo que están. Siguen sin entender que son representantes del pueblo y no los jefes del pueblo), y mientras la gente “con derecho a pedir” se desespera porque no hay respuesta a su demanda, y el bache o la farola medio tumbada, sigue en la puerta de su casa. Se utiliza el dinero “cristiano” para beneficiar a la comunidad “atea” o el dinero “laico” para beneficiar a la comunidad “cristiana” (tanto monta… no sea que me acusen ahora…). Así a los que no aportan nada, se les asfalta los carriles, se les alumbra los carriles, se les señaliza los carriles, se instalan contenedores en los carriles… y el carril ve como en vez de florecer en sus bordes margaritas, jaramagos y amapolas, que es lo que por ley tiene derecho a estar, florecen más casas… Es la pescadilla que se muerde la cola.

¿Es este ejercicio democrático? ¿Qué no es sólo aquí? No me vale como argumento. Quiero sentir que vivo en la España Democrática que sé que existe. No, no señores, no es Conil una República Independiente. El hacer y peor aún, dejar hacer en perjuicio de la comunidad, no es ser una República Independiente. ¡Es desfachatez¡

Y toda esta forma de gestionar genera rivalidad porque genera diferencias. La sociedad se divide en ciudadanos “a los que sí” y en ciudadanos “a los que no” y esto no mejora la convivencia.

En estos años he vivido la pérdida de rincones preciosos que tenía este término. La Laja desde su nacimiento ha pretendido proteger y preservar esta riqueza natural e histórica que ha heredado. Pero creo que es muy importante también por nuestra parte, exigir a los que nos representan que velen por la calidad de vida, que no consiste en tener más dinero, sino saber sentar las bases, y velar por el cumplimiento de las normas que se hayan pactado, con el fin de asegurar una buena convivencia.

La política de consentimiento, de favor y “dedos”, según para quien y fuera de toda ley es un tumor maligno. Es cáncer. Y la gente de Conil no se merece esto. Pero hoy día, cogido a tiempo, éste se puede curar.

Aquí encontré ciudadanos muy agradables, muy sanos y muy buenas personas. El péndulo se balancea ahora más acelerado y descompensado. La sociedad comienza a ser menos “sostenible” y se pasa por esta vida a ritmo de coches tuneados y veloces, motos con escape libre y quads que avasallan por la calle al que anda. Esto no es más que una metáfora. Pero ya lo dijo el poeta:

Al andar se hace camino… y aquí el camino… se asfalta.

 

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