EL DETERIORO DEL LITORAL

  Junta Coordinadora de La Laja 

 
   La importancia de nuestro litoral marítimo es indiscutible desde numerosos puntos de vista. Su interés turístico y económico es obvio pues resulta uno de los principales atractivos de Conil, generando una diversa y amplia actividad económica vinculada con la playa, así como recreativa y de ocio para los habitantes del pueblo, pasando por los intereses de orden ecológico y estético, no menos importantes que aquellos. Todo esto hace de la protección del litoral un objetivo prioritario de todas las administraciones, y así es si atendemos a las declaraciones de unos y de otros, aquí y en todas partes. Pero la realidad, no sólo aquí, es muy otra.

   No se pueden negar desde luego en Conil algunos avances en esta materia, como la reclasificación de territorios que han sido protegidos frente a intereses urbanísticos, o la mejora en el acceso público a algunas calas, estableciendo aparcamientos distantes del acantilado que protegen el medio natural y permiten el paseo. Estos constituyen un ejemplo de actuaciones respetuosas con el litoral; pero el reconocimiento de esto no puede ocultar otras realidades que ponen de manifiesto el constante deterioro del entorno litoral.

   Una persona que hubiera realizado hace tan sólo diez años un paseo desde el pueblo hasta su límite municipal con Chiclana, por la costa, y lo volviera a repetir hoy se encontraría con sorpresas, algunas bastante desagradables. Advertiría como desde la playa se ven cada vez más edificaciones, algunas en sitios insospechados. A la construcción hace ya algunos años de apartamentos al pie mismo del agua en el Hotel Flamenco le han seguido otras edificaciones en Fuente del Gallo que han roto uno de los principios que hacían elogiable dicha urbanización, desde cuya playa no se veía antes construcción alguna. Resulta paradójico que hayamos tenido que esperar al siglo XXI para contemplar la edificación de casas privadas en una zona privilegiada, dentro de los 100 primeros metros, y amparadas por un grupo de izquierda que dice defender valores ecológicos.

   Más allá, donde el paseante o cicloturista hubiera esperado encontrar un pequeño bosque, que aunque algo sucio tenía grandes y hermosos árboles, hallaría ahora el comienzo de una urbanización de lujo. Los árboles han desaparecido y la vista del mar ha sido privatizada. Aún nos queda por saber si también cortarán y privatizarán, o tan sólo obstaculizarán, el paseo por el acantilado y los accesos a la playa. No se trata de un supuesto pesimista por nuestra parte pues nuestro paseante, al proseguir su camino, hubiera encontrado que el crecimiento urbanístico desproporcionado a poca distancia de la orilla, privatizando los accesos, y rompiendo los caminos que bordean el litoral, es ya una realidad en la urbanización de Roche. Allí no hubo protección de los acantilados.

   La calidad del entorno litoral depende en una parte importante de la protección del medio natural, respetando al máximo la vegetación, repoblando allí donde sea necesario, alejando tanto como sea posible la presencia delcemento o el asfalto, más aún si este queda en manos privadas y usurpa a los ciudadanos la belleza y la posibilidad de su disfrute necesario. Cuando el tamaño y la densidad de las edificaciones se acrecienta surgen verdaderas "pantallas arquitectónicas" que estropean y deterioran el paisaje, la playa y su entorno. Las viviendas privadas, chalets o unifamiliares con vistas al mar, como se anuncian por doquier en nuestro pueblo, en Roche, en Conilsol o en el Puntalejo (Fuente del Gallo 2), constituyen un atentado contra los intereses turísticos, económicos, ecológicos, recreativos, etc.., de los habitantes de Conil. A corto plazo benefician a las inmobiliarias o al ayuntamiento, que sin duda obtienen pingües beneficios; pero a largo plazo sólo será rentable para los que adquieran dichas viviendas (quien tenga 300.000 euros ya sabe donde emplearlos) con grave perjuicio para los habitantes de Conil, que habrán perdido su patrimonio natural.

   Los nuevos planes que se anuncian hacen temer que la situación del litoral conileño va a empeorar. Las amenazas de deterioro de la situación en zonas como la que va desde la Atalaya y el Rezón hasta el Roqueo, y entre éste y Fuente del Gallo, además de otras construcciones ya en curso o anunciadas como el Puntalejo, la Cala del Aceite, la dehesa del Río Roche, o Cala Encendida hacen que estemos alarmados ante los cambios que se avecinan, que nos hacen temer lo peor. Por otro lado, incluso las zonas sobre las que más satisfechos nos podemos sentir, como la playa de Castilnovo (desde el río Salado hasta el Conilete), están aún insuficientemente protegidas y expuestas a albur de las necesidades económicas de futuros ayuntamientos que quieran arreglar los problemas de Conil vendiendo nuevas zonas de nuestro patrimonio natural.

   El signo de distinción de las playas de Conil ha sido, quizá ya en el pasado, su entorno natural que las convertía en lugares privilegiados. El encanto de las playas de la torre del Puerco, de Roche, de la Cala del Aceite, de la Fuente del Gallo, de la Fontanilla, etc., residía en la sensación de que estábamos en un paraje rodeado de naturaleza, no en una playa urbana asediada por los edificios y los coches. Los numerosos turistas que se desplazan desde miles de kilómetros para pasear por los acantilados de Conil no dejarán de venir -incluso cuando el previsible descenso del turismo se haga realidad- si nuestro litoral le sigue ofreciendo un medio que se distinga por la calidad de su naturaleza. Se trata de que nuestro hipotético paseante del litoral conileño, dentro de unos años, no encuentre que su camino ha dejado de ser deseable o posible, y que las sorpresas del futuro sean encontrar algo mejor de lo que era y no un mero recuerdo de lo que fue.

Nuevas construcciones en Fuente del Gallo, frente al litoral acantilado Futuro del arroyo y cala del Quinto. El modelo "Chiclana" invade Conil

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