LA PÉRDIDA DE CALIDAD DE VIDA URBANA

  Junta Coordinadora de La Laja 

 
   El casco antiguo, convertido en centro comercial y de servicios durante los meses de verano se deteriora (abandono, destrucción especulativa, saturación de vehículos circulando o aparcados, ruido, mal uso del espacio público...), con grave pérdida de sus características ambientales y de su identidad misma, pero el núcleo urbano en su conjunto sufre también de estos y otros males.

   En los últimos años, la calidad de vida urbana de Conil se ha mermado considerablemente. La población experimenta un crecimiento desmesurado y regido por la especulación, que nos lleva a una situación de hacinamiento, de saturación (con construcción de los pocos espacios libres de “desahogo”: Huerta de Enmedio, Molino de Viento, la Vaguada...). La vida de pueblo, esa vida sana, cómoda y tranquila se va transformando: Conil se va convirtiendo en ciudad, con todos sus inconvenientes, pero sin ninguna de sus ventajas como contrapartida (dotación zonas de esparcimiento, arbolado y espacios ajardinadas, mobiliario urbano...).

   El actual desarrollo urbanístico se caracteriza por el uso abusivo o intensivo del suelo para la construcción de edificaciones, en detrimento del ciudadano de a pié, que debe soportar la estrechez de las aceras en las nuevas zonas de expansión urbana (donde no pueden cruzarse dos carritos para bebés ni, a veces, dos personas) y la fuerte presión del tráfico rodado, carente también de vías adecuadas en las principales arterias y de espacios públicos de aparcamiento, por falta de una planificación adecuada. La calle Rosa de los Vientos, principal eje actual de la ciudad, puede presumir de ser la “reina” del desastre, con dos sentidos de viario estrecho, cambios de rasante, intensa circulación de camiones... Por su parte, la calle Chiclana, que conecta el casco antiguo con estos nuevos desarrollos, es de dirección única y difícilmente transitable, con vehículos aparcados en sus pequeñas aceras, carga y descarga obstaculizando la fluidez del tráfico, falta de mobiliario urbano, etc. ¿Y qué decir de la calle Canarias o de Pascual Junquera?

   Donde los ejes viarios son mejores o más amplios (calle de la carretera de acceso desde la N-340 hasta El Punto) el espacio público se ha obtenido, a veces, a costa de gravosas concesiones a la propiedad: este es el caso del Residencial La Fábrica, en construcción, con una excesiva edificabilidad, de hasta cinco alturas en el mismo borde del conjunto histórico (barrio de la Carretería), en la parte más elevada del pueblo, impactando muy negativamente las visuales urbanas desde el casco histórico y la playa. Pero la excesiva y abusiva edificabilidad afecta también a otras zonas del conjunto histórico intramuros (calle la Virgen, por ejemplo) o no (calle Extramuros), así como de su borde marítimo (carril de la Fuente) con tres, cuatro y cinco alturas, parte de ellas de construcción muy reciente. Del caos urbano de la zona del Pozuelo o del área urbana de la calle Trafalgar, ni hablamos, aunque invitamos a “pasear” por ellas.

   Durante el verano la población de Conil se multiplica, nadie sabe por cuánto, alcanzando entre 60.000 y 90.000 habitantes. Estos datos son sólo cálculos aproximativos en función de la basura generada. Ya puede suponerse que durante esta época del año se multiplican los problemas de circulación rodada, pero también la suciedad: los pestilentes contenedores de basura, abiertos todo el año, se ven en esta época desbordados, como los sistemas de recogida y limpieza. Entonces toda la ciudad parece un estercolero. Si a ello sumamos sus escasos servicios desbordados por la avalancha de bañistas (servicios médicos, por ejemplo) o la inexistencia de otros (bomberos... ), así como las insuficientes infraestructuras de la población, ya podemos imaginar el panorama.

   En esta época el aparcamiento es, sin duda, otro de los problemas pendientes. Miles de veraneantes visitan nuestro pueblo, cientos de viviendas se construyen para ellos (la mayoría sin las imprescindibles plazas de garaje), pero los aparcamientos públicos no existen. Sólo las calles y las plazas, insuficientes para albergar tanto vehículo, y el paseo marítimo, que deja de ser lugar de esparcimiento público para convertirse en un gran parking, también insuficiente, por lo que se permite la invasión de las zonas protegidas de la costa, en detrimento de las playas, cuya vegetación se deteriora, ofreciendo el frente litoral de la población la imagen de una enorme cochera. Y se aboga por un “turismo sensible”...

   En fin, para terminar baste recordar que en nuestro pueblo están en vigor diversas Ordenanzas, entre ellas una sobre ruidos pero, como las del conjunto histórico, siguen sin cumplirse. Podemos distinguir entre ruidos móviles y estáticos: entre los primeros destacan los producidos por vehículos a motor, principalmente ciclomotores; entre los segundos, las omnipresentes obras durante el día –que al terminar el verano ocupan indiscriminadamente el espacio público, con o sin licencia para ello- y los ruidos procedentes de la zona de copas del SE. del núcleo urbano durante la noche. La impunidad con la que circulan los ciclomotores, conducidos por adolescentes a alta velocidad, a veces a contramano, y con escape libre por sistema, pone en peligro no sólo la tranquilidad sino también la seguridad ciudadana, sobre todo la de mayores y pequeños, pero en general la del paseante, que debe esconderse en zaguanes, refugiarse entre los coches aparcados en las aceras o pegarse a las paredes de las casas para no ser atropellado (calle Extramuros, por ejemplo). Entre las fuentes estáticas de ruido destacan los bares y pubs de las calles Ancha y Goya principalmente, que amargan la vida de los vecinos durante todo el año, así como el llamado “recinto de ocio” de los Bateles, popularmente las Carpas, que durante el verano convierte a todo Conil en una ruidosa Feria hasta altas horas de la madrugada. El conjunto sonoro altera la tranquilidad, impide el descanso y ofrece –junto con las basuras o la deficiente utilización del espacio público- una imagen incivilizada de nuestro pueblo.

Excesiva volumetría con vista al mar en la Tahona (s. XVI), calle La Virgen.
Aparcamentos y aceras en la Misericordia  Edificabilidades excesivas en los bordes del conjunto histórico (barrio de la Carretería)

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