LA DESTRUCCIÓN DEL CONJUNTO HISTÓRICO

  Junta Coordinadora de La Laja 

 

   Conil de la Frontera fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1983 (RD 1396/1983, BOE 25/5/83) con una delimitación confusa y, en todo caso, incorrecta, pues se protegían zonas urbanas nuevas, sin valor histórico, dejando sin protección numerosas calles del siglo XVI...; un Informe-Diagnóstico del conjunto histórico de 1990, realizado por la Consejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía, reconocía la mala delimitación de 1983, proponiendo otra más ajustada a la realidad, pero igualmente incorrecta. En todo caso, las Normas Subsidiarias de planeamiento municipal, aprobadas en 1984, incluían todo el antiguo recinto histórico de Conil y su frente marítimo dentro del ámbito de aplicación de las Ordenanzasdel casco histórico, aunque con muy escaso contenido de protección. Así pues, desde mediados de los años 80 hay en Conil una figura mínima de protección (declaración de Conjunto Histórico) y unas Ordenanzas municipales específicas aplicables en dicho ámbito, que desgraciadamente no se han cumplido nunca.

                                                 Breve apunte histórico

   Conil surgió durante el siglo XIV –en el contexto de la repoblación cristiana de la zona del Estrecho- alrededor de la Torre de Guzmán y su Castillo, creados para la protección de la población pescadora de sus almadrabas, fue poblado por iniciativa de los duques de Medina Sidonia durante el siglo XV, pero su configuración como villa data del siglo XVI. Fue entonces cuando los Guzmanes construyeron la muralla –de la que todavía hay restos- y edificaron sus principales monumentos: el Convento de la Victoria, extramuros, donde actualmente se ubican la Iglesia parroquial y el Ayuntamiento, y la Chanca, fábrica de salazones y almacén de barcas y pertrechos de las almadrabas de Conil entre los siglos XVI y XIX, adosada a la muralla por la parte de la mar. Gracias a su importancia pesquera la villa continuó su crecimiento durante el siglo XVII, a pesar de las adversas circunstancias de la centuria, alcanzando los 3.000 habitantes.
   Durante el siglo XVIII Conil embelleció su caserío con edificaciones de beneficencia (destacando la Casa Hospicio de la Misericordia) y grandes viviendas de porte noble, que contrastaban fuertemente con las modestas viviendas de labradores y, sobre todo, con los patios de vecinos, la vivienda popular por excelencia, surgiendo o consolidándose los arrabales extramuros. En el siglo XIX se reedificaron intramuros las casas de la burguesía propietaria, y extramuros el caserío se expandió al norte de la villa, siguiendo el trazado de los caminos que de ella partían. Conil, con unos 5.500 habitantes hacia 1900, apenas cambiará nada durante la primera mitad del siglo XX, pues el crecimiento demográfico se canalizó hacia el diseminado rural (Barrio Nuevo) o la emigración (Barbate); pero desde los años 60, saturado el agro, la expansión volvió de nuevo a afectar al núcleo urbano, que posee en la actualidad unos 15.000 habitantes. La amplia variedad de desarrollos recientes, planificados o espontáneos, no podemos considerarlos parte del conjunto histórico, cuya correcta delimitación puede hacerse hoy sin ninguna dificultad.
   El primitivo recinto amurallado del siglo XVI no ofrece dudas y está bien definido; los arrabales extramuros (siglo XVI a mediados del XX) también son claramente reconocibles, a pesar de las importantes alteraciones de los últimos 30 años. Pueblo tradicionalmente de pescadores y agricultores, Conil se ha ido terciarizando aceleradamente durante los últimos años debido al atractivo turístico que ofrecen sus playas, fenómeno que ha propiciado y está propiciando un crecimiento urbano sin precedentes, que desgraciadamente está provocando gravísimas alteraciones en el conjunto histórico.

                                  La degradación del conjunto histórico-artístico

   En 1986, poco después de su declaración como Conjunto Histórico-Artístico, el padre Antón Solé decía que la arquitectura doméstica de Conil, pareja con la de los pueblos de la costa atlántica gaditana, presentaba una armonía constructiva en las alturas, distribución y elementos decorativos de las fachadas y de los patios, que hacían de Conil un conjunto merecedor de protección, para que no se produjeran los derribos y transformaciones que ya amenazaban “su uniformidad y sus valores históricos y artísticos”. Desgraciadamente, los peores augurios se han cumplido y hoy Conil ha perdido esa armonía y, de seguir como hasta ahora, terminará perdiendo también su identidad, construida a lo largo de los siglos, debido a una mal entendida “modernidad” y a la falta de voluntad, de sensibilidad y de interés de los sucesivos gobiernos municipales de los últimos veinte años, sin distinción de colores políticos.
   La progresiva desaparición del patrimonio urbano de Conil no sólo afecta a su edificación tradicional sino también a sus monumentos y elementos singulares, cuyo lamentable estado habla por sí mismo: los restos del Castillo y Torre de Guzmán están reconstruidos, enfoscados y pintados de amarillo; la iglesia parroquial de Santa Catalina está ruinosa y abandonada, invadida de árboles y arbustos su cubierta, y también pintada de amarillo; la Chanca del Duque, a pesar de su reciente catalogación como Bien de Interés Cultural y Patrimonio Etnológico, sigue siendo albergue de poblaciones marginales que continúan deteriorándola, sin que el Ayuntamiento haga absolutamente nada por protegerla (cerrarla al menos); la Misericordia conserva su fachada, pero sus patios interiores se hallan muy alterados (uno de ellos fue “reconstruido” recientemente por iniciativa parroquial, sin ningún control, sustituyendo sus primitivas vigas de madera, sus ladrillos y alfarjías por rasillones y ensolando su patio de gres y losa partida...), el Molino de Viento es un estercolero, la torre de Castilnovo está abandonada y en ruina, la de Roche enfoscada, pintada de amarillo y con un faro en su azotea, etc.

Torre de la Vela (Castillo de la Torre de Guzmán, s.XIV-XV) en 1882 y en la actualidad.

Casa Hospicio de la Misericordia ( siglo XVIII ), interesantísimo patio ( arriba ), recientemente alterado, con sustitución de vigas, enfoscado e introducción de nuevas materiales disonantes: rasillones, gres y losa partida ( abajo) .

   Si este es el panorama de los bienes catalogados, ya podemos imaginarnos cómo se encuentra la vivienda tradicional o tipológica. La trama urbana de Conil se conserva todavía tanto dentro como fuera del recinto amurallado, pero la mayoría de sus patios fue sencillamente destruida y las viviendas tradicionales de labradores han sido gravemente alteradas, desfiguradas o sustituidas. Esto empezó en los años 70, continuó durante los años 80, se incrementó durante los 90 y continúa hoy: hace unos días se tiró una interesante vivienda en la calle Prieta, hace unos meses se derribó un patio del siglo XVIII en la calle Señores Curas y se tiraron dos en la calle Cádiz (uno de ellos del siglo XVI), se continúan construyendo viviendas de nueva planta en la calle la Virgen y pubs en los viejos patios de la calle Ancha... Sólo tres casas de Conil están incluidas en el Plan General de Bienes Culturales, y otras 10 edificaciones fueron reseñadas fotográficamente, pero algunas de ellas ya no existen...
   Según el Informe-Dignóstico de 1990, ya citado, del parque de viviendas del conjunto histórico de Conil el 50% mantenían buen estado de conservación, el 38% un estado medio y sólo un 12% presentaba mal estado, edificaciones ruinosas o abandonadas con fines especulativos. Hoy poco más del 50% del casco histórico se encuentra habitado de modo más o menos permanente y las alteraciones, la sustitución de elementos y los derribos se han incrementado (calle Señores Curas, traseras de la calle Sagasta, barrios históricos extramuros...). Parece como si el conjunto histórico de Conil se quisiera reconstruir de nueva planta, sin ningún respeto por sus valores históricos y artísticos, como si Conil quisiera barrer de la memoria su pasado...
   La degradación de los bordes del casco histórico es igualmente lamentable. En 1990, las zonas especialmente degradadas se situaban en los bordes y límites del centro: la zona alta que rodea el Molino de Viento, con calles y casas inacabadas, de autoconstrucción, con traseras y medianeras en ladrillo de obra, es decir, falta de remate de la ciudad. Una segunda zona, las traseras de la calle Cádiz (calle Castillo), fondo de saco con tres y cuatro alturas, donde la ciudad se convierte en trastienda y basurero. Y la zona de la Chanca, que no supieron ver los de Cultura o no les enseñaron, pero donde también advirtieron un fuerte deterioro (Santa Catalina, la calle Columela...). Doce años después, la degradación de estas zonas continúa, pero va a cambiar en breve, juzguen ustedes si para bien o para mal: se va a terminar de construir el frente litoral de la población, cerrándolo con alturas esperemos que más “respetuosas” que las del Carril de la Fuente, por prescripción de Cultura, que ha impuesto una generosa zona de protección para la Chanca. La del Castillo va a seguir siendo una llamémosle “calle” donde rivalizan en altura las nuevas construcciones, recientes y previstas o previsibles, de las traseras de la calle del Carril y la de Cádiz. Y la zona del Molino va a ser en breve edificada, en terraza hacia la Vaguada, dejando junto al antiguo Molino de Viento una pequeña zona verde desde donde ya no se verá el mar, igual de fea y caótica que hoy, pero más construida o “acabada”... La obsesión constructora en todo el centro histórico y sus bordes es verdaderamente lamentable, y no está controlada.

Moribundos patios ( calle Sauceda )

Nuevo hotel, sobre un patio derribado del siglo XVIII

 

Derribos en las traseras de la calle Sagasta Nuevos apartamentos para turistas, en c/. Sagasta



 Problemática del centro

   Conil, como todos los pueblos costeros de la provincia, sufre unas presiones muy fuertes por parte de los intereses de promotores, constructores y propietarios de fincas urbanas del casco histórico y sus bordes: la especulación, la elevación del precio del suelo, la vivienda, apartamento u hotel con “vista al mar”... Nada de eso es nuevo ni desconocido: lo que resulta verdaderamente increíble es que en pleno siglo XXI continuemos con este “modelo insostenible de desarrollo turístico”, sacrificando en la pira de intereses particulares un patrimonio que es colectivo.

   En la actualidad, el centro histórico de Conil se identifica todavía con la ciudad, pero va perdiendo rápidamente actividad y centralidad, por desplazamiento de su vecindario más popular hacia el área suburbana y de la actividad económica al nuevo centro urbano de la Laguna - la Bodega - Rosa de los Vientos, quedando el centro histórico cada vez más terciarizado y orientado a un turismo masivo de temporada. Por otra parte, dicho centro histórico presenta graves problemas de “legibilidad” (deterioro de los bordes y del mismo centro) y de accesibilidad. La infrautilización del espacio público es notoria, con aceras mínimas o inexistentes, ocupadas indiscriminadamente por vehículos aparcados, falta de arbolado y de zonas ajardinadas en sus plazas o, durante el verano, la invasión del espacio público por tenderetes de trapos y bisutería (calle Cádiz, por ejemplo), alterando todo ello gravemente las visuales y dificultando el tránsito peatonal. Se echan en falta, sin duda, equipamientos culturales que ofrezcan otro tipo de producto a residentes y visitantes.

   La degradación de las características ambientales de Conil no está sólo provocada por la sustitución de la edificación histórica, sino por toda una serie infinita de alteraciones “menores”: color amarillo albero en fachadas, aluminio en cierros, introducción poco cuidadosa de redes eléctricas o de telefonía (con cables volanderos y en fachadas o discordantes cajas de registro y conexión), además de rótulos a capricho y “chirimbolos” publicitarios excesivos y de mal gusto, pavimentación inadecuada de las calles peatonales, malolientes contenedores de basura abiertos todo el día, falta de limpieza de sus calles, etc. Si a ello añadimos el ruido de los ciclomotores durante el día y del excesivo número de bares y pubs durante la noche, con el efecto amplificador de la estrechez de las calles, obtenemos un cuadro parecido al Infierno que pintara El Bosco, sobre todo en verano, porque en invierno el centro parece y se encuentra despoblado –salvo en los fines de semana que anima la “marcha conileña”.

   No queremos terminar este breve repaso sin hablar de las visuales urbanas. Conil se caracterizaba por sus visuales. Aquí el mar, la fachada marítima, es un telón de fondo que forma parte indisoluble de la imagen interior y exterior de la villa histórica, contribuyendo a la mejora de su calidad ambiental. El paisaje que genera impone su presencia de manera poderosa, siendo por lo demás la causa de su reciente proceso de “desarrollo” turístico. Conil era hasta no hace mucho un pueblo escalonado, con vista democrática al mar. La pantalla arquitectónica del Carril de la Fuente –iniciada en los años 80 y concluida recientemente- provocó la escalada por elevación en altura de numerosas edificaciones del centro histórico y de sus bordes, perdiéndose numerosas visuales del interior al exterior, esas vistas panorámicas con el océano como fondo que constituían una de las “señas de identidad” del pueblo, tanto como sus casas o sus calles, que no se explican sin dichas visuales. La imagen exterior del núcleo también se resintió notablemente, al dejar de hacerse visibles desde la playa las torres (Torre de Guzmán, campanarios de Santa Catalina y el Convento) u otros elementos (la Chanca, la capilla de la Misericordia o el Molino), camuflados u ocultos tras la nueva muralla de cemento blanqueado, desfigurando y trivializando su imagen. Es una lástima.

Tipologías tradicionales desaparecidas, nueva vivienda y pub (calle Ancha)
Discordantes zócalos y chirimbolos en el casco histórico 


   El desinterés que sigue manifestando nuestro Ayuntamiento por el conjunto histórico y la indisciplina urbanística imperante son una desafortunada realidad, y ha tenido que ser el informe preceptivo y vinculante de Cultura quien proteja la Chanca y su entorno, e introduzca en el texto refundido del PGOU unas instrucciones de “presentación de obras” en el conjunto histórico y una propuesta de normativa de protección. El Plano del Área Histórico-Ambiental que se aporta vuelve a delimita mal, otra vez, el Conjunto, y sigue sin entenderse la importancia de sus bordes... En fin, ¿para cuándo el Plan Especial? 

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