El día 8 de noviembre de 2002 hicimos nuestra presentación pública en la Casa de la Cultura de Conil. En dicho acto realizamos una proyección de diapositivas comentadas y repartimos un Informe sobre el deterioro que sufre nuestro Patrimonio

La vida de los ciudadanos depende de la calidad del medio donde se desenvuelve. De ahí que la preservación y mejora de los recursos naturales y del patrimonio cultural sea una cuestión que nos afecta a todos. 

Como ciudadanos de Conil observamos que, como consecuencia de la acelerada expansión turística, se está produciendo un grave deterioro de su conjunto histórico-artístico y de los valores naturales de su medio físico. Por ello, queremos denunciar las siguientes situaciones:

-EL DETERIORO DEL LITORAL MARÍTIMO, de tanta importancia paisajística, ecológica y turística, con la proliferación de urbanizaciones o viviendas en el borde mismo de los acantilados (Fuente del Gallo, Cala Encendida, etc.) y la ausencia de una política que mejore dicho entorno y lo proteja de la agresión que sufre. Pasear por el litoral y los acantilados es, cada vez, más difícil.

-LA PROGRESIVA DESAPARICIÓN DEL PATRIMONIO URBANO de Conil, cuya edificación tradicional se halla en avanzado proceso de alteración y destrucción, debido a la inexistencia de política de conservación y a la falta de disciplina urbanística, así como el lamentable estado en que se encuentran sus monumentos más representativos, mal restaurados (Castillo y Torre de Guzmán), ruinosos y abandonados (Chanca, Santa Catalina) o desfigurados (Misericordia), lo que está suponiendo una grave pérdida de identidad del conjunto histórico.

-LA ALARMANTE PÉRDIDA DE CALIDAD DE VIDA en todo el núcleo urbano debido a un diseño urbano tan sólo preocupado de favorecer el tráfico rodado, con fuerte presión de los vehículos, falta de aceras adecuadas, ausencia de arbolado y zonas ajardinadas, así como el olvido de la estética en las nuevas construcciones, la proliferación de  “chirimbolos” publicitarios y señalizaciones de mal gusto, los cables volanderos y en fachadas, la falta de papeleras y la presencia de malolientes contenedores de basura, la contaminación acústica... Para residentes y visitantes sensibles, cada vez resulta más difícil pasear por Conil. 

-EL USO INSOSTENIBLE DE LOS RECURSOS NATURALES, destacando el recurso agua y el recurso paisaje. Carece de futuro una gestión del agua que permite el actual descontrol de extracciones subterráneas, su proximidad a pozos negros o instalaciones contaminantes del subsuelo, y la mala gestión pública con escasez de depuración y ausencia absoluta de reutilización. El paisaje, tanto agrícola como forestal, se degrada de manera irreversible por la indisciplina urbanística imperante y la proliferación escandalosa de construcciones ilegales en el medio rural. 

-LA ESCASA Y DEFICITARIA GESTIÓN DE LOS RESIDUOS: no existen suficientes contenedores de Residuos Sólidos Urbanos (RSU), no se cumple la Directiva europea que obliga a tener tres contenedores –de vidrios, de papel y de plásticos- por cada 500 habitantes, no se fomenta la recogida selectiva ni se limpian los contenedores con la frecuencia necesaria. Del mismo modo, la recogida y control de escombros es descuidada y sus acumulaciones y abandonos ofrecen una imagen deplorable de las entradas y salidas del pueblo. 

-LA GESTIÓN ACTUAL DEL URBANISMO Y LA ORDENACIÓN TERRITORIAL, cargada de opacidad y de espaldas a la participación ciudadana. Vivimos en un municipio en el que su Plan General de Ordenación no está aprobado definitivamente; sin embargo, continuamente se conocen actuaciones y desarrollos urbanísticos conveniados con particulares que no siempre responden a intereses generales. 

Existen otros muchos temas, menos generales, que nos preocupan. Nuestra pretensión no es más que la de fomentar en el pueblo un debate sobre qué tipo de ciudad y qué territorio queremos para vivir hoy y en el futuro. De la inteligencia de sus hombres y mujeres dependerá que Conil no sólo sea un pueblo que crezca sino que sea un pueblo que se desarrolle. 

En Conil, a 3 de octubre de 2002.  

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